OPINION : Claudio Gastaldi

Prepotencia golpista con complicidad opositora

Cualquier ciudadano sensato y más o menos bien informado sabe que un minúsculo grupo social llamado “el campo” y una prensa cuyos intereses están vinculados al agro-negocio están pujando para ver si ellos o el gobierno constitucional son los dueños del poder en la Argentina. No es necesaria tanta perspicacia para comprender esto. De un lado está la corporación y del otro la democracia. Se necesita ser o muy necio o muy cínico para no observar que, el desabastecimiento de alimentos, la falta de combustibles, los cientos de miles de litros de leche derramada en un país donde hay quienes aún pasan hambre y las rutas cortadas hace ya 100 días son un claro intento de provocar el caos que antecede al rompimiento de la institucionalidad democrática.
No se puede simplificar la situación señalando que este estado de cosas es el producto de “la tozudez” del gobierno y no decir una sola palabra de quienes desabastecen, golpean, impiden a otros trabajar, patotean a quienes no piensan igual que ellos y hasta se dan el lujo de llamar represor a este gobierno que pese a 100 días ininterrumpidos de caos, no les ha tocado un pelo. El gobierno no puede ni debe conceder ante esta fenomenal apretada. Si lo hace, su debilidad quedará expuesta y a ningún argentino de a pié le convendría que eso suceda. De allí nuestra responsabilidad ciudadana. De allí nuestra obligación patriótica y democrática de no hacernos los desentendidos y de salir fuertemente a señalarlo. Los más avispados ya señalaban hace por lo menos dos meses que había un golpe en danza, la tilinguería y los vivos de siempre se reían públicamente de tales afirmaciones. Hoy ya es imposible no darse cuenta que la TV fogonea horas enteras las concentraciones “espontáneas” en distintas ciudades. O sea, el periodismo o mejor dicho los comunicadores a sueldo de los grandes medios de prensa son el principal motor de una protesta cuyos dirigentes verdaderos no están ni en la rutas ni llevan cacerolas a recoleta o al barrio Nueva Córdoba (conocido ahora como el barrio de los universitarios hijos de los sojeros), o Cerro Las Rosas. No es fashion decir “yo no soy el campo”. Fashion es estar en contra del gobierno. Es mucho más cómodo y socialmente aceptable decir “soy el campo”. Sin embargo esa comodidad no nos puede anular la razón ¿ porque es esto más cómodo que lo otro ? muy simple porque decir yo no soy el campo es como decir (aunque no queramos) yo estoy con el gobierno. Y como el gobierno es política y la política ha sido tan vituperada y convertida en bosta en los años de Menem y De la Rua, no nos animamos. Si a muchos de los que dicen estar con el campo se les preguntara porqué, no sabrían que responder. Muchas de esas personas tienen tanto entrevero en la cabeza que creen que esta es la lucha del pobre gringo sufrido y no saben que esta es la pelea de un sector por ganar más. Así de simple, no buscan otra cosa que esa y allí está la explicación de porqué el poder económico está de ese lado y promociona y alienta tanto esa “lucha”. Si a cualquier persona sensata se le preguntara si ella permitiría que otros la hagan sufrir y angustiarse por el solo hecho de que quieren ganar más dinero, diría que no sin dudarlo. Sin embargo, muchas de esas personas que no tienen tierra ni en la maceta, salen con banderines a la calle en defensa de los intereses de otros. Pero no solo eso, que podría entenderse como una actitud solidaria, salen a la calle a defender a quienes se niegan a ser solidarios con el resto del país y con los que menos tienen. Verdadera desazón da observar que los mismos que critican los paros de los maestros y, obviamente, no acompañan sus protestas (porque son vagos y no quieren trabajar), se movilizan ahora no por una mejor escuela pública, no por más salud, no porque los trabajadores ganen más, no, nada de eso, luchan para que los que tienen mucho dinero, tengan mucho más todavía y no paguen tantos tributos. Un bajón, realmente. Tan triste como esto es observar a quienes escudándose en certeras críticas a este gobierno (críticas que se pueden compartir casi en un ciento por ciento), salen desaforados en apoyo de esta estirpe esencialmente angurrienta y depredadora. O en su defecto, prefieren no meterse pese a observar que el país se desmorona. ¿ y la oposición ? la oposición está enceguecida por el odio contra este gobierno, no ve nada más. La oposición ha sido incapaz de construir otra cosa que odio. En Chajarí han golpeado brutalmente y mandado al hospital a varios camioneros que pretendían pasar el piquete y trabajar ; con asquerosa cobardía amenazaron a la familia de Cesar Garcilazo, Intendente de Victoria ; allí está la virtual toma y violencia ejercida contra Juan Carlos Brambilla, Intendente de Crespo, José Nogueira, Intendente de La Paz y Juan José Bahillo, Intendente de Gualeguaychú, cada uno de ellos defendiendo su derecho a pensar libremente. No están con la protesta del campo y eso lo hacen aparecer como un delito. Ataques todos contra la integridad física, la libertad de circular, de gobernar, de pensar protagonizado por quienes se adueñaron de las rutas y han hecho las veces de gobierno paralelo durante 100 días. Decidiendo quién pasa y quien no, si impiden la llegada de camiones con combustibles o la permiten, si tiran o no tiran la leche. Si uno observa la actitud de la oposición observará que no existe un solo renglón de sus declaraciones dirigidas a llamar a esos sectores a un mínimo de responsabilidad ciudadana. Tienen la mentira a flor de piel, todos hablaron de represión por lo sucedido el pasado sábado en ruta 14. En verdad, una mentira que asquea la conciencia de cualquier persona sensata que simplemente haya visto la TV desesperada por mostrar sangre sin encontrarla.