30/09/2014 - 17:41:56 - visitas: 779
Judiciales

Denuncian al ex ministro de Economía por beneficiar a los bancos a costa del país

Una fiscal pide condenar penalmente a Domingo Cavallo por el Megacanje

La fiscal Fabiana León embistió a fondo al alegar ante el Tribunal Oral Federal Nº 4, que juzga a Domingo Cavallo, el ex ministro de Economía durante los gobiernos de Carlos Menem y Fernando de la Rúa, por un delito común, que nada tiene que ver con la impronta política que pretendió introducir durante todo el debate. Pidió una condena a tres años de prisión más inhabilitación especial perpetua para ejercer cargos públicos. “Debe ser condenado como autor penalmente responsable del delito de negociaciones incompatibles con la función pública por haberse interesado directamente en la operación de canje de bonos en miras a que los bancos autorizados obtuvieran un beneficio".

Cavallo centró su defensa en que el "Megacanje", la operación de trueque de bonos de la deuda externa diseñada para evitar el default en 2001, fue una decisión política poco menos que ineludible para zafar del abismo. No obstante, el abismo llegó, y la deuda externa –según la fiscal– se incrementó en miles de millones de dólares que hoy pesan sobre todos los argentinos.

Cavallo no está técnicamente acusado por eso, sino por haberle habilitado la participación en esa operación a un grupo de bancos, entre ellos el de su amigo, el ex subsecretario del Tesoro de Estados Unidos y ex embajador David Mulford, que fue en realidad quien propuso el negocio.

Hasta ahora, estaba establecido que los bancos se habían beneficiado con suculentas comisiones por su participación en el canje. Pero Fabiana León introdujo en su alegato una vuelta de tuerca que muestra un costado desconocido de la ruinosa operación para la mayoría de los argentinos.

Además de las comisiones, el Megacanje posibilitó "el mejoramiento en la calidad de los bonos de los que ellos mismos eran tenedores y administradores". Dicho de otra manera: los bancos tenían bonos que no iban a cobrar, y obtuvieron otros a largo plazo y muy superiores. "Se aumentó la deuda nominal en 50 mil millones de dólares", deslizó la fiscal.

El defensor de Cavallo, Eduardo Oderigo, refutó esa argumentación de León. Le reprochó que su alegato no se apoyó en la prueba producida a lo largo del debate sino que introdujo cuestiones nuevas y cimentó su acusación en una foja de un peritaje. Durante unas dos horas, Oderigo –quien representa a Cavallo desde hace mucho tiempo– elaboró un razonamiento que desembocó en el pedido de absolución.

Pero además, elevó la apuesta: le reclamó al tribunal que declare que "el hecho que se le imputa (al ex ministro) no se cometió" y que la declaración de inocencia debe basarse en la "inexistencia de delito".

No obstante, según la fiscal León, Cavallo sabía lo que hacía. Su nivel de intervención en las finanzas internacionales, sus antecedentes como presidente del Banco Central durante la dictadura, como ministro de la "Convertibilidad", su condición de consultor rentado  y su formación teórica y práctica no podían desconocer lo que el Megacanje causaría a la Argentina.  Ni cuán beneficioso sería para las entidades financieras intermediarias, los bancos Galicia, Santander Central Hispano, Francés, Credit Suisse, HSBC y JP Morgan.

Los jueces Néstor Costabel, Enrique Pose y Patricia Mallo tienen en sus manos la decisión.

Previamente, Cavallo tendrá la oportunidad de pronunciar sus últimas palabras ante el tribunal. Ya declaró en un par de oportunidades durante el debate, y todo parece indicar que utilizará también esa posibilidad para formular un alegato político.

El ex ministro ayer estuvo presente en la audiencia con la misma actitud, casi ajena y displicente, como de un espectador y no un protagonista, que mostró a lo largo de todo el debate.

El alegato técnico ocurrió ayer y lo pronunció el abogado Oderigo. Ahora viene una previsible arenga política del hombre que, a favor del espacio que sus columnas e irrupciones televisivas, le ha granjeado en los últimos meses, parece buscar –más que su inocencia– su vuelta al ruedo.

 

 

Fuente: Tiempo Argentino

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