JENOFONTE-PARA DIARIOJUNIO

¿“OPULENTA” BUENOS AIRES ? (I)

La frase lanzada por el Presidente días atrás, cuando se refirió a  la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, causó enorme revuelo. Que se acentúa ahora cuando se dispone por Decreto un recorte de los recursos de la ciudad porteña. Al margen del conflicto político, y sobre el fondo del asunto, reconozcamos algo de cierto en la expresión presidencial.

LA “PUERTA A LA TIERRA”

Hagamos un poco de historia: hacia fines del siglo 17 la Corona española en América del Sur necesitaba, urgentemente, abrir un puerto sobre el Atlántico (una “puerta a la tierra” como le llamaban).

No podía ser en  Venezuela, porque atrás estaba el impenetrable Amazonas.

Después venían las costas de Brasil, es decir la Corona Portuguesa.

Más adelante lo que es hoy la Banda Oriental, con buenos puertos de aguas profundas, en Maldonado y Montevideo.

Pero después tenían los obstáculos de los Ríos Uruguay y Paraná, que forzaban obligados trasbordos.

Sólo quedaba entonces , a la entrada del Río de la Plata, Buenos Aires.

Puerto sucio, de poco calado, dificultoso para la navegación.

Pero de ahí  la mercadería y las personas tenían abierto el ancho espacio de la Pampa, largas caravanas que, partiendo desde Lujan llegaban al Perú y Alto Perú,  así como a las provincias del interior .

Los españoles no dudaron: y habilitaron a Buenos Aires como puerto único, recaudador de impuestos de aduana de todos los productos que entraban y salían  a través del río más ancho del mundo-

PUERTO Y CAPITAL

A la vez crearon-1776-  el Virreinato del Río de la Plata, que abarcaba la mayor parte de lo que hoy es Argentina, Paraguay , la Banda Oriental y  también parte de lo que hoy Bolivia..

La capital: por supuesto, Buenos Aires. Donde residía el Virrey y otras altas autoridades, con poder de gobernar y nombrar los gobernadores ,intendentes y demás funcionarios en todo el territorio.

Así un mísero villorrio,  creado casi dos siglos antes, creció y prosperó al amparo de una riqueza fácil y abundante.  

Y llegó a ser una ciudad importante, con una población en constante crecimiento al calor de las jugosas rentas del puerto y la aduana y un intercambio comercial cada vez más activo.

Los habitantes de la gran urbe, principales gozadores de tales beneficios, producidos por los pueblos del interior y fuertes consumidores de productos europeos, exhibían un nivel y calidad de vida muy superior a sus paisanos de tierra adentro.

DESPUES DE MAYO

Lo peor es que, producida la Revolución de Mayo y el proceso independentista, las cosas no mejoraron: los criollos reemplazaron en el gobierno a los españoles. 

Pero Buenos Aires seguía siendo la “hermana mayor” que nombraba los gobernadores a las Provincias y seguía manejando,  sin control, el monopolio portuario y aduanero.

Los pueblos del interior que apoyaron con entusiasmo la emancipación de España, y pelearon en las guerras de Independencia,  se veían frustrados en su expectativa: al mejor estilo “gatopardista” algo cambiaba para que nada cambie.

LAS PATAS DE ORO

Puede escribirse mucho sobre el tema, pero esta y no otra es la causa de nuestras guerras civiles: dueños de la Caja y el poder, sea con Sarratea, con Rivadavia , con Rosas,o con Mitre la élite porteña continuaba ahogando a sus hermanas del interior.

Por eso fue la pelea de Artigas, por eso la definitiva segregación del Paraguay, el desprendimiento del Alto Perú.

Lo malo es que cuando las provincias se levantaron contra este estado de cosas, triunfaban en las armas, pero perdían en la diplomacia: así pasó con Estanislao López y Pancho  Ramírez en el primer Cepeda,-1820- al que siguió el Tratado del Pilar, que le permitía a  Buenos Aires constituirse en Provincia y ¡seguir manejando la Aduana!

Así pasó con Urquiza cuando después del segundo Cepeda, -1859-  derrota a  Bartolomé Mitre,  pero enseguida  firma el pacto de San José de Flores y le permite a Buenos Aires el manejo de sus rentas por cinco años más.

Los jefes federales del  interior vencían  con las armas. Pero las intrigas y habilidad porteñas permitían que les dejasen seguir manejando el dinero.

Así, en poco tiempo, volvían a la carga: cuando el primer Cepeda, las armas y el oro de Buenos Aires lograron hacer pelear a Ramírez con Artigas primero, a López con Ramírez después.

Tras el segundo Cepeda , Mitre dueño del Tesoro rearmó su maltrecho ejército , consiguió distanciar a Urquiza del presidente Derqui, y logró el triunfo, o la retirada de Urquiza en Pavón.

Como decía Juan Bautista Alberdi: a Buenos Aires la podían golpear mil veces que no la volteaban: sus pies estaban asentados en oro,

Para que se tenga una idea: hacia 1860 el presupuesto de la ciudad y provincia de Buenos Aires rondaba los 45 millones de pesos fuertes.

¡El de la Confederación, es decir, el resto de las Provincias, no alcanzaba a 3 millones!

Tratando de atenuar estas diferencias, después de Pavón, Urquiza acordó con Mitre el cambio de asiento de la capital: se convino que fuera en Rosario, por esto allí hay un diario que se llama, precisamente,  “La Capital”.

LA “CABEZA DE GOLIATH”

Pero nunca se cumplió, la ciudad de Buenos Aires continuó  siendo centro del poder y el dinero.

Allì está el gobierno, la Presidencia con todos sus ministerios, el Congreso Nacional y la Corte Suprema de Justicia.

Tambien las sedes centrales de las grandes empresas, los principales bancos, la Bolsa de Valores. La residencia de hombres y mujeres más ricos de Argentina.

Ha habido y hay , jefes municipales de la Ciudad Autònoma de Buenos Aires, que se jactaron de las obras y buena administración que hicieron o hacen.

No intento restarles mérito, si lo tienen.

Pero también es verdad que se trata de la porción de territorio donde se concentra la mayor riqueza y la parte de población con mejor capacidad contributiva.

Y, ya se sabe, con plata, es más fácil gobernar bien y hacer obra.

Lo cierto es que, desde que se determinó por ley, en 1879 , que Buenos Aires fuese la Capital de la Repùblica, la historia nos muestra la refirmación de un país desequilibrado, con cabeza fuerte y cuerpo débil.

Con un centralismo unitario en la práctica que ha sorbido los esfuerzos, sacrificios y economías del resto de la Nación.

Deformación, en gran parte, todavía vigente.

La realidad muestra una ciudad capital rica, fastuosa, culta y avanzada. En contraste con provincias pobres, de gente desarraigada y en constante migración hacia aquellas, gobernadores mendigos del poder central.

¿Opulencia? Puede parecer exagerado: pero no hay más que cruzar la General Paz, para notar la diferencia.