OPINION : JENOFONTE-PARA DIARIOJUNIO

¿OPULENTA BUENOS AIRES? (II)

En nuestra nota anterior recordábamos el origen histórico de Buenos Aires, de humilde villorrio en la Colonia Española a orgullosa ciudad- puerto mercantil,   que mantenía su status privilegiado a costa del trabajo y el esfuerzo de las provincias del interior. Proceso que continuó después de Mayo de 1810. Con Sarratea, Rivadavia, Rosas o Mitre, después de los dos Cepeda y los dos Pavòn, del Tratado del Pilar o San Josè de Flores. Finalmente en 1879 se discutió en el Congreso la “Ley de Capitalización de Buenos Aires”-

LA VISION DE DON LEANDRO

Los radicales, que muchas veces, a ellos o sus aliados, les tocó gobernar esta ciudad,  debieran acordarse de Leandro Alem: renunció a ser diputado nacional y eligió ser diputado de la Provincia de Buenos Aires para oponerse a la ley de Capitalización..

“Federalizar Buenos Aires –decìa el gran tribuno cívico- es poner la cabeza de un gigante sobre el cuerpo de un pigmeo, llevar toda la vitalidad del cuerpo a la cabeza”. Para Alem, “los Estados Unidos son un buen ejemplo: la capital no es Nueva York, poderosa y avasallante, sino Washington, modesta, casi aldeana”

Más adelante podríamos nosotros agregar Brasilia. Capital moderna en el corazón de Brasil construida allá por 1960, impulsada por el  visionario presidente Juscelino Kuibischek y  ejecutada por el arquitecto Otto Niemeyer. Ambos  más tarde perseguidos y proscriptos  por la dictadura militar que se entronizó casi veinte años en el país hermano. En menor medida, Chile, donde la Presidencia funciona en Santiago, pero el Congreso Nacional en Valparaíso

“Necesita el país –remarcaba Alem- una capital nueva, moderna, racional y confortable, alejada de todos los entornos, lujos, placeres y presiones, lo más equidistante posible de todos los puntos cardinales del territorio nacional y que se constituya en la defensa de los intereses comunes y no sólo de los porteños”.

Asiento institucional donde no tengan cabida las distracciones, vicios y círculos áulicos de toda gran ciudad y que evite, al decir de Alem, "la violencia que se hacían esos señores en salir de este centro de placeres y comodidades, en donde se lleva una vida tan agradable, cuando hay recursos suficientes, cuando uno es presidente o ministro y está radicado aquí por distintos vínculo”

LAS “FUERZAS VIVAS”

Josè Hernández, el famoso autor del “Martín Fierro”, diputado que participó del debate, estaba a favor de la llamada “federalización”. Ponía como argumento que la mayor parte del comercio y la banca la apoyaban.

Así respondía Leandro N. Alem:

"Ese comercio extranjero…, ha manifestado diariamente su opinión en favor de la cuestión capital por medio de sus órganos más genuinos en la prensa. Ese comercio extranjero tiene en la prensa de Buenos Aires diez periódicos: dos alemanes, tres ingleses, uno suizo, dos franceses, tres italianos y uno español, y esos periódicos sin excepción están en favor de resolver esta cuestión, haciendo la capital en Buenos Aires".

Sabemos lo que pasó: Alem perdió la votación 30 a 4.

Renunció a su banca y sus fueros, se retiró a la vida privada, durante más de diez años,  no apareció hasta la Revoluciòn del 90 (antes algunos políticos actuaban así).

CONCENTRACIÓN UNITARIA

 Como él lo preveía, la orgullosa City porteña continuó siendo el núcleo concentrador. Del poder, político y económico.

En Buenos Aires, se encuentra la presidencia de la Nación, con todos sus ministerios y oficinas, el Congreso Nacional y la Corte Suprema.

También la sede central de las grandes empresas, los principales bancos  y financieras, la Bolsa de Comercio y la residencia de los hombres y mujeres más ricos de Argentina.

Allí se concentra la recaudación de la mayor parte de tributos que depués reparte el poder central

La capitalización porteña –dijera un gran escritor- “se constituyó en un corsé de acero para la política nacional, ejercido por las oligarquías, los terratenientes y las élites ganaderas en una primera etapa. Y luego, en su continuidad histórica, por las cúpulas empresariales multinacionales, bancarias y exportadoras”.

El Federalismo formal de nuestra Constitución, devino, desde entonces, en poco menos que en letra muerta.

Los gobiernos de Provincia en meros administradores que deben peregrinar mendicantes al favor del dueño de la bolsa y el garrote .

A repartir, entre amigos bajo el paraguas, o enemigos a la intemperie.

EL PODER MACROCEFÁLICO

Para peor en las décadas del 30 y el 40, esa “cabeza de Goliath” como llegó a bautizarla algún escritor, se constituyó en poderoso imán que, en el contexto de crisis económica, Guerra Mundial  y desigualdades sociales, atrajo a sus contornos numerosos contingentes de pobladores del interior corridos por la necesidad, en la esperanza de mejores condiciones de vida.

Los famosos “cabecitas negras” que proveyeron “mano de obra” a una industria floreciente en su momento, pero débil, artificial en su mayor parte, sobreprotegida y subsidiada, que se fue creando desordenadamente, sin control ni planificación.

Y generando ese monstruo poblacional que hoy se llama el “conurbano” bonaerense.

Industria “Nacional” que rodeaba la gran ciudad porteña y sus barrios aledaños, en mayor parte,  no sobrevivió.

No tanto, como se dice, por las “políticas neoliberales”, sino por los cambios del mundo en materia de tecnología y consumo.

Hoy esas antiguas fábricas semejan inmensas necrópolis de cemento, y el “conurbano” porteño, enormes megalópolis plagadas de marginalidad, delincuencia y narcotráfico.

La reafirmación de un país macrocefálico, sorbió los esfuerzos, sacrificios y economías de toda la Nación, situación que en parte sigue vigente en la actualidad.

La historia nacional es en cierta medida la de una capital rica, fastuosa, culta, avanzada enfrentada a provincias pauperizadas, con su gente desarraigada y en constante migración hacia aquella.

Mendigas del poder central.

Los repetidos intentos de superar esta distorsión han devenido en lamentables frustraciones.

Asi por ejemplo,  al gobierno del Dr. Raúl Alfonsín se le podrán achacar muchos errores en su gestión, pero la historia lo tendrá entre sus grandes hombres, fundamentalmente por la defensa irrestricta del sistema democrático, el juicio a las juntas militares genocidas, y el intento lúcido y estratégico, aunque no materializado, del traslado de la capital al sur Patagónico.

Argentina necesita la culminación de este proyecto, entre otras cosas necesarias para superar estos desequilibrios fundacionales que traban su progreso.

El tema en debate hoy es la reducción parcial de recursos al gobierno porteño y su pase a la Provincia de B.Aires. ¿Es constitucional sacar a una jurisdicción recursos que otro decreto le otorgó?

Que contesten los juristas, y resuelva la Justicia , si es que debe resolver.

Aunque sería preferible lo hiciera el poder político.

Porque, si vamos a la Constitución Nacional, dice en su articulo 75 que la coparticipación debe resolverse en “Una ley convenio sobre la base de acuerdos entre la Nación y las provincias”.

Esto es: Provincias y Nación acordar el reparto, y después aprobar el Congreso.

Esto se aprobó en la reforma de 1994, pero nunca se llevó a cabo.

Acuerdo, consenso, conciliación.

Es lo que marca la Carta Magna, 

Si se consiguiera por parte de los polìticos, que la cumplieran,  en esto y otras cosas importantes , mucho se resolvería.

Pero quizá es soñar demasiado…