Hurto de donaciones para inundados, robo y malversación de combustibles y su posterior encubrimiento

Acoso y corrupción detrás de la muerte del soldado que se pegó dos tiros de fusil FAL en el regimiento Blandengues

La noche del 12 de diciembre del año 2019 el cabo primero de Intendencia, Jorge David Arias Moreyra, realizaría su última guardia en el puesto norte del Regimiento de Caballería de Tanques Nº6 “Blandengues” de la ciudad de Concordia. Según consta en el expediente de la investigación, lo último que le escucharon decir los testigos que compartían la guardia fue un “sí, mamá”. Luego de cortar la comunicación telefónica desde su celular Motorola color gris, abatido y enajenado por los problemas económicos, familiares y una vida de maltratos dentro de la unidad del Ejército, Arias terminaría con su vida, a los 21 años, pegándose dos tiros con un fusil de guerra FAL (Fusil Automático Liviano). Los indicios de su muerte indican que fue un suicidio, pero detrás de la tragedia se asoma un trasfondo de corrupción, encubrimientos y acoso. DIARIOJUNIO habló con testigos cercanos sobre las realidades ocultas detrás de la muerte del cabo que se sucedieron dentro del regimiento durante ese período oscuro que, a priori, duró hasta fines de 2019. Etapa de la que responsables de alto rango militar parecen haber salido indemnes gracias al recurso repetido de usar a soldados rasos como fusibles. En este informe están los testimonios de quienes no quieren que la muerte de Arias sea en vano.

Por Federico Odorisio, de la Redacción de DIARIOJUNIO

La noche del 12 de diciembre del año 2019 tampoco sería una noche más para los soldados voluntarios Brian Alasina, Nahuel Ramos y Federico Campodónico quienes compartían con el cabo Arias la responsabilidad de estar de centinelas en el puesto Norte del Regimiento. “Estuvo hablando por teléfono posiblemente con su madre ya que le decía: "Sí, mami". Posteriormente me dice que iba a realizar una patrulla. Le dije si podía ir con él, pero se negó, recogió el casco y se dirigió al lado este del regimiento, pasado un lapso de 5 minutos escuché una detonación. Le realicé varios llamados telefónicos a su celular, pero nunca contestó mis llamadas (…) Desconocía si tenía algún problema de índole personal y que negó manifestó (dixit) tener algún problema personal…” describe uno de sus compañeros en la declaración testimonial dada en la comisaría sexta.

El cabo Arias trabajaba en la sección Intendencia que es la que, dentro del regimiento, maneja la comida, la ropa, los viáticos y combustibles. Arias se ocupaba, de manera específica, del control de los combustibles. Esa sección, que depende de Logística, estaba a cargo del entonces capitán Gustavo Zenturión. El Jefe del Escuadrón de Comandos y Servicios era el teniente primero José Carlos Ferreyra. Este militar ahora es capitán y cumple funciones como Oficial de Personal del regimiento y es quien -¿casualmente?- se estaría ocupando ahora de indagar y hostigar a soldados con diversas amenazas para averiguar cómo han llegado las fotos y las informaciones a DIARIOJUNIO sobre las irregularidades que se sucedieron campo adentro del regimiento en el marco de la pandemia por Covid-19.

La muerte de Arias está cruzada por historias de corrupción y por esa interminable blindada estupidez que es parte de la cultura militar y que muchos pensaron que terminaría de una vez para siempre con la muerte del Soldado Omar Carrasco a causa de un “baile” mortal allá por marzo de 1994. Una muerte que terminó con el Servicio Militar Obligatorio, pero no con cierta brutalidad y sadismo militar; menos aún con la corrupción que atraviesa a toda la sociedad y de la que el mundo miliciano no estaría exento. 

Quizás tampoco sea el caso de la muerte dudosa del Cabo Arias en el regimiento de Caballería de Tanques Nº6 Blandengues de Concordia. Arias quizás nunca sea un mártir y su aparente suicido pase a engrosar alguna triste lista en la historia militar, pero lo que su muerte sí logró es que algunos soldados cansados de los abusos, el hostigamiento, la corrupción y la impunidad quieran dar testimonio de lo acontecido.

La caja de pandora que se abre y podría haber desencadenado el suicidio de Arias se da luego de que unos soldados intentaron vender por la red social Facebook algunas cosas que pertenecían a donaciones hechas para los inundados y que la municipalidad tenía guardabas en un galpón del Ejército. A la luz de los hechos comenzó el revuelo campo adentro y -como en muchos casos- el hilo se cortó por lo más fino: Jorge Arias Moreyra convivía en ese momento con Brian Ayala -quién al igual que otros tres voluntarios- habría sido presionado a renunciar o de lo contrario sería - como también lo harían con sus pares- denunciado en la justicia ordinaria como uno de los responsables de los hurtos de elementos e indumentaria que la Secretaria de Acción Social de la Municipalidad de Concordia guardaba en un galpón del regimiento.

Uno de los testigos que accedió a hablar con DIARIOJUNIO contó que “todo esto arranca después de la última inundación. La Municipalidad de Concordia se puso a guardar las donaciones por las inundaciones en un galpón, sin autorización ni conocimiento del regimiento de Paraná, ni el Estado Mayor Conjunto, ni nadie. Un arreglo de palabra nomas con los jefes de Concordia. Este Ferreyra estaba encargado del galpón donde se guardaba todo esto y, cada vez que iban de la Municipalidad a buscar algo, el teniente Ferreyra, que era el único que tenía llave de los candados con que cerraban el galpón se sacaba algo para él: Desde termos, cocina, horno, ropas, etc. Cada vez que iba la Municipalidad, él después hacía que los soldaditos limpiaran y ordenaran todo. Sacaba cosas para él y les regalaba algo a los voluntarios. Algunos de estos muchachos empezaron a ofrecer estas cosas a través de Facebook. Cuando se descubre el robo, obligan a todos esos voluntarios a firmar la baja. Ahí recién toma conocimiento el regimiento de Paraná. Mandan a investigar a ver qué era lo que pasaba. Llega un Auditor Doctor Gobernatore. En una de las indagaciones salta el nombre de Arias. También le toman indagatoria a él y le preguntan cómo fue. Arias responde que no pasó durante sus guardias –por lo que queda exento- y menciona que el jefe durante esas guardias era Ferreyra.”

A raíz de esa declaración la investigación interna del regimiento da un giro de 180 grados y el Estado Mayor en Paraná pasa a investigar a los superiores: Al ex Jefe del regimiento el Teniente Coronel Pablo Antuña, al Capitán Gustavo Zenturión y al Teniente primero José Carlos Ferreyra. “A partir de ese momento es que este Ferreyra empieza a volverlo loco al Cabo Arias, porque se le viene la investigación encima, le cortan el ascenso y empiezan los traslados,” aseguró otro de los testigos que habló con DIARIOJUNIO.

Un tercer testimonio contó cómo era la relación de Arias con sus superiores: “Él (en referencia al Cabo Arias) lo hacía con buena voluntad, pero al Tito (como lo apodan al capitán anterior, Gustavo Zenturión) nunca le cerraban los números porque se malversaba el combustible. Y lo hostigaba y lo “meaba”. Lo hacía trabajar hasta la noche bien tarde. El Tito se encerraba con él (en referencia al Cabo Arias) cuando tenía que acomodar los libros por temas de combustible o Casino de Soldados. Arias dibujaba a orden de ese capitán. Al pibe lo obligaban a modificar papeles para justificar las cosas sucias. Arias era de perfil bajo. Se dejaba cagar a pedos por boludeces. Cosa que no le favoreció porque Ferreyra es un tipo al que le gusta hostigar -no sabía plantarse como hacemos otros- y Zenturión le hacía hacer la documentación una y otra vez porque no le cerraban los números: cada litro que se entrega se tiene que justificar. Por ejemplo, si se piden 40 litros de gasoil para un camión se debe hacer mediante un requerimiento a un oficial. Lo autoriza el logístico, es decir el capitán. Después esos 40 litros tienen que ir asentados en un documento del camión para cuando sea inspeccionado. Sabemos que el capitán y otros oficiales se cargaban combustibles en sus autos particulares cuando viajaban para hacer saltos hípicos. Ese combustible que se malversaba se tenía que justificar de alguna manera en los vehículos militares. Entonces inventaban un requerimiento de combustible para un camión que no se había usado. Es decir, que comprometían no sólo al cabo Arias sino también a los encargados de cada vehículo. Nadie se niega por miedo a que después lo califiquen mal. Cosas así”

Según lo recabado por este medio, Arias tendría por un lado al Capitán Zenturión presionándolo en extremo para que haga y rehaga el trabajo de “cerrar” los números del combustible y, por otro lado, al teniente Ferreyra quién lo tendría bajo asedio por vivir con un soldado voluntario, Brian Ayala, al que culparon junto a otros tres voluntarios por los robos y dado de baja para darle punto final al asunto de los galpones prestados a la Secretaría de Acción Social de la Municipalidad.

Otro testigo confirma también el principal motivo del acoso que sufriría Arias de parte de su superior Ferreyra: “para peor Arias vivía con uno de los voluntarios a los que Ferreyra hizo renunciar. Ferreyra era el que sacaba cosas de los galpones que eran ocupados por la municipalidad y fue quién mandó de baja a los soldados que estaban a su cargo cuando todo saltó. Ferreyra no se bancaba que Arias comparta con soldados voluntarios; y sobre todo, porque uno de los que hizo echar vivía con Arias. Le tenía prohibido vivir con ellos. Lo tenía entre ojos por eso. Lo sancionaba y no lo dejaba viajar a Corrientes a ver su familia.”

DIARIOJUNIO entrevistó a cada testigo de manera independiente y todos fueron coincidentes en la malversación de recursos que se hacía, en particular, del combustible y que Arias debía hacer un trabajo de encubrimiento bajo presión de sus superiores.

Un tercer testigo coincide con los relatos cuando explica que “En esta unidad, como en casi todas las unidades, se dibuja el gasto de combustible. El Ejército Argentino destina partidas que en períodos eleccionarios y en épocas de ejercicios militares en el campo se refuerzan, porque eso implica mover vehículos, gente y hacer mantenimientos. Esas partidas son factibles de movimientos internos turbios. Porque para que la inspección del Ejército se dé cuenta es muy difícil. A veces no se retira todo el combustible y se retira la plata, o el combustible se negocia por otras cosas. Eso depende de las necesidades de cada brigada. Es algo que obvio no se puede hacer porque lo que manda el gobierno es para un determinado fin. Pero en realidad dibujan casi todo: Si dicen que sacan 18 vehículos en realidad están moviendo la mitad. Si te dicen 50 litros lo más seguro es que hayan echado 20 litros. El combustible es la moneda de cambio más fácil de vender o canjear. A veces se usa para comprar otras cosas que hacen falta y se necesitan con más urgencia. A veces también sucede que el sistema para determinadas partidas es muy lento y se hacen esas cosas para agilizar algunas cuestiones. En el regimiento de Concordia –particularmente- se solían ver muchos ágapes, fiestas, invitaciones a oficiales, a retirados, a políticos, y toda esa plata que se gastaba -que es mucha- sale de algún lado. El Estado no manda plata para eso. Esos son recursos que se juntan por otros medios.”

 “El tema es que obligan a pibes como este que se suicidó a transcribir cosas que no pasan. Este pibe estaba en la parte de intendencia -era un auxiliar- que se encarga de la comida y los combustibles. Este pibe tenía que anotar en los libros el combustible que se usaba en cada camión, en cada jeep, y nada que ver”, explicaron a este medio.

Todas las fuentes que aportaron información a DIARIOJUNIO coinciden en el mismo perfil del Cabo Arias: “Era buenazo, un excelente pibe, algo tímido, pero lo que hay que entender es que gurises como él vienen de familias que son recontra humildes, muy necesitadas, que no tienen un mango y muchas veces tienen familiares a cargo porque es el único ingreso fijo en la familia. Suelen ser gurises sumisos a los que los tienen de pelotudos todo el día. En todo lo que les pueden romper las pelotas, lo superiores lo hacen. Arias tenía que pasarle la manutención a un hijo y también ayudaba a su madre que vive en Corrientes. Todo con un sueldo muy escaso, apenas por arriba de los 20 mil pesos. Lo quebraron psicológicamente. Podemos decir que fue un suicidio, que no lo mataron, pero una cosa no quita la otra y eso no quiere decir que no se deba investigar los robos que hay adentro del regimiento e investigar la violencia y los abusos que se ejercen en la cadena de mandos. Una violencia naturalizada que, si bien no es física, es constante: te suman guardias, te dan días de arresto, te bailan, te hacen realizar tareas ajenas al ámbito militar como si fueras `el che, pibe’ de los jefes. Arias era presionado para firmar partidas con números cambiados porque no le cerraban los números al Capitán Zenturión que era el encargado de las finanzas. En tanto, el teniente Ferreyra se encargaba de escarmentar a los soldados para que hicieran mucho de ese trabajo sucio.”

José David Arias Moreyra se mató con dos tiros del fusil FAL la noche del jueves 12 de diciembre. Su muerte se dio en el marco del traspaso de mando del jefe de Unidad, teniente coronel Pablo Antuña al teniente coronel Humberto Trinchieri. El otrora jefe, Antuña, dejaba de ser la máxima autoridad el lunes 16.

Durante esos días posteriores, también le dieron el pase al regimiento de Paraná, en la base de Apoyo Logístico, al Capitán Gustavo (Tito) Zenturión.

Por su parte, el entonces teniente primero José Carlos Ferreyra sigue en el regimiento, pero después de la tragedia de Arias -y de otro soldado de apellido Pietravallo quién intentó ahorcarse con una sábana dentro del alojamiento de soldados, en apariencia, después de haber sido sancionado- lo sacaron de su función como jefe del Escuadrón de Servicios. Dicen que habría sido por orden de los Altos Mandos. Ahora como capitán cumple funciones como Oficial de Personal.

Casualmente el mismo Ferreyra, junto a otros dos oficiales, el Capitán Gómez y el Teniente Escudero, estarían llevando la investigación interna por las fotos y la información de las notas publicadas por este medio sobre las violaciones a las medidas restrictivas de la cuarentena dentro del regimiento y por orden de la jefatura actual. Según uno de los testigos, y por dichos que habrían emanado de boca del propio capitán Ferreyra, la investigación contaría con la venia del Comandante de Brigada en Paraná, el Coronel Adalberto Enrique Zucherino.

En los interrogatorios estarían amenazando a los soldados con que, de no aparecer el/los autor/es de las fotos y las fuentes de DIARIOJUNIO, pasarían a disponibilidad y con medio sueldo a todos los integrantes del escuadrón que aparecen en la zona donde fueron tomadas las imágenes publicadas por este medio.

A esta amenaza se sumaría un proceso de desgaste y castigo contra los soldados justo en manos de quién es uno de los principales señalados como hostigador del Cabo José Arias.