Por Leandro Pozzi (*)

El golpe de estado bajo la estrategia de las guerras híbridas antipopulares

“Muchachos, llegó la hora de ganar menos”. Cuando el presidente de la Nación Alberto Fernández expresó aquellas palabras, probablemente ninguno de nosotros interpretó en lo inmediato que eso iba a ser percibido como una declaración de guerra por “la conducción política del poder económico”, al decir del lúcido periodista Alfredo Zaiat.

Horas después, para nuestra incredulidad, se producían los primeros cacerolazos contra un gobierno que había decidido materializar políticas urgentes de cuidado sanitario y social ante la pandemia y nos indicaban que aquello del “Nuevo Contrato Social” o acuerdo entre las y los argentinos para la salud no tenía demasiado tiempo de vida entre algunos sectores que pasaron sin escalas de aplaudir médicos a lanzar sus renovadas pasiones de teflón. Un componente de clase marcaría a fuego el sentido de la declaración de guerra: Techint despidió cuantos trabajadores quiso. Verdadero núcleo del mensaje que le hicieron llegar al Presidente, sin decretos ni leyes que valgan.

Andrew Korybko, autor del libro “Guerras Híbridas: Aproximación adaptativa indirecta al cambio de régimen”, plantea que existen dos campos para el desarrollo de las luchas políticas diseñadas por militares estadounidenses con el objetivo de esmerilar todo aquel gobierno que no resulte funcional a sus intereses: la “revolución de colores” (acciones formalmente no violentas) y las guerras no convencionales (acciones con relativa o explícita violencia). Son dos procesos simultáneos y que constituyen una integralidad. Uno de esos campos ya está en marcha en la Argentina y el otro aún no está claramente visualizado, aunque ya hemos visto ribetes.

Con Techint y sus cacerolazos se habilitó el inicio de la nueva “revolución de colores” en nuestro país. Por ejemplo, lanzando una escalada de movilizaciones con consignas simples y pretendidamente universalistas: “Por la libertad”, “Contra el comunismo”, “Basta de dictadura del encierro” y slogans por el estilo.

Otros estudios dan cuenta de fases en donde articulan uno o los dos campos que hemos referido.

Fase 1: Calentar la calle. Yo quiero a mi bandera

Techint dio la orden. Aproximadamente un mes después, la sorpresa salió a la calle. Una horda ruidosa de caceroleros y pusieron blanco sobre negro. Lo que sigue a la declaración de guerra es poner a los milicianos en el campo de batalla y eso es lo que hicieron. Ocupar, aglomerar y movilizar. Y con un símbolo que no se pueda tocar: la bandera nacional. No es ciertamente original y viene de los manuales. Venezuela, Bolivia y en países árabes o de Medio Oriente cuyas orientaciones no son funcionales a EE.UU se los ha visto

Fase 2: Acciones de calle contra instituciones públicas

Las acciones de calle se despliegan de manera simbólica o directa contra instituciones públicas, pudiendo desarrollar violencia directa. Buscan exponer la fragilidad del estado y “foguean a la tropa” para acciones posteriores. Se valen de un discurso de “derecho a la protesta” inflamados por comunicadores del establishment y representaciones de “izquierda” que actúan como los arietes de la antipolítica. En realidad, los une la concepción liberal sobre la política.

Fase 3: Fractura de uno o varios organismos del Estado con el gobierno

Para llegar a esta instancia se producen trabajos de inteligencia, contrainteligencia, guerra psicológica, con el objetivo de montarse sobre un conflicto o interés plausible y activar la acción. Los reclamos “salariales” de policías u otra fuerza de seguridad son reiterados y se han visualizado ahora en Argentina, antes en Ecuador y hace un año fue trampolín del golpe de estado en Bolivia.

Fase 4: Caotización de la sociedad

Las movilizaciones de colores y las acciones directas de la guerra híbrida avanzan hacia la disolución del estado y un estado de anarquía e ingobernabilidad, tendiendo hacia la desarticulación de la sociedad.

Fase 5: Desplazamiento- Intervención extranjera

La imposibilidad de gobierno habilita el pedido de una intervención internacional o multinacional que “ponga orden”.

 

La articulación de cada una de estas fases y acciones con los procesos electorales son diversas y varían según cada contexto producido y en ocasiones son autónomos uno de otros pero con un objetivo central: desgastar, desestabilizar, rendir o acabar con los gobiernos que no se encuentren encorsetados en el esquema imperial y de saqueo desenfrenado de nuestras riquezas y bienes comunes. También es posible que el desplazamiento se produzca sin totalizar todas las fases. A menor organización del bloque popular, menos fases para cumplir.

Condiciones para el despliegue de estas fases:

- Determinar factores psicológicos clave en el ambiente operativo;

- Identificar acciones con efectos psicológicos que sean capaces de causar, cambiar o reforzar comportamientos deseados en grupos o individuos objetivo identificados;

- Moldear las percepciones de la población para apoyar los objetivos de la guerra no convencional; disputar conceptos en el campo intelectual y de la opinión publicada

- Contraatacar informaciones "falsas" o "difamadoras" del enemigo que puedan minar la misión de guerra no convencional.

Suena ciertamente conocido en la Argentina de los monopolios mediáticos, los aparatos de espionaje y las redes sociales de colonización construídas desde el Estado recientemente y cuya acumulación política de la derecha en el gobierno (2015-2019) mantiene intactas y más poderosas que antes.

 

Por si cabe alguna duda, el propio Mauricio Macri ha trazado la hoja de ruta del golpe de estado bajo la estrategia de la guerra híbrida no convencional. En ella saluda textualmente “El panorama dramático descripto tiene su contracara: en la Argentina emergió algo nuevo. Ciudadanos movilizados y atentos que han ganado las calles. Desde la lucha contra la resolución 125, la exigencia de verdad sobre la muerte del fiscal Nisman, las marchas del SíSePuede, o el más reciente 17-A la conciencia cívica se expresa”.

Y enfatiza “hay que dar una discusión profunda y responsable sobre cuáles son los principios que deben regir Nuestro Orden Social: es la República o la republiqueta; es Democracia o demagogia; es elecciones libres o no habrá transparencia en los resultados; es seguridad o vivir con miedo; es el Estado de Derecho o es la jungla; es la propiedad o es la apropiación; es libertad de expresión o censura; es educación o adoctrinamiento.Es verdadero o es falso. Es luz o es oscuridad”.

El ex jefe de Estado, resume con conceptos simples y fáciles de comprender un libreto destituyente que machaca sobre la movilización de calle, dándole su impronta épica y llegado el caso desconocer elecciones si los resultados fueran favorables al “populismo”.

Un hombre con pasado en participación en fuerzas de elite especiales en la “revolución naranja” en Ucrania –país pionero en diseño de guerras híbridas para destituir gobiernos bajo el asesoramiento de la CIA- fue detenido al norte de Entre Ríos en baúl de un auto de un vendedor de armas. La fábula inverosímil dice que entró nadie sabe cómo desde el Paraguay para visitar a su familia. El caso está en manos de la Justicia Federal y el diario Clarín se apresuró a darle veracidad al motivo de la visita. No se trata por cierto de un hecho policial ni para el libro Guiness.

El hecho convive con la operación de contrainsurgencia que derivó en el asesinato de dos niñas argentinas por el cual el Estado Nacional realizó formales quejas al Paraguay, país que por ese hecho busca involucrar al Brasil del protofascista Bolsonaro y al narcoestado terrorista genocida de Colombia, todos serviles soldados de Donald Trump; estado paraguayo por donde Macri pasó para hablar en ese país con el presidente sobre negocios y guerra contra el populismo y de donde entró sin más un especialista en revoluciones de colores y acciones militares de alto nivel. Porque aquí la geopolítica no está ajena para un país que no vota por las políticas injerencistas de EEUU contra Venezuela y que no reconoce al gobierno dictatorial emanado de otro golpe de Estado en Bolivia.

Revoluciones de colores y configuraciones violentas para un país donde las marchas articulan con violentas apologías de la dictadura militar como las que se vieron este domingo en Mendoza o la foto mucho más que anecdotaria del “Presto” de las redes con Videla que es el mismo que amenaza de muerte a la Vicepresidenta de manera pública. Y no es anecdotaria porque primero se consolida como comunicador, para desde ese representación social desarrollar su fascismo comunicacional. Son discursos que buscan legitimar otras acciones violentas como las que ya vimos: hombres armados fuera de toda ley rodeando la casa del Presidente.   

Es así que en Argentina está en desarrollo un golpe de estado. No se trata por cierto de un golpe de estado clásico. Es más complejo, elaborado y con otros tiempos. Pero con la misma decisión y objetivo. Desgastar, rendir y/o desplazar. Esto debe ser denunciado con claridad y sin vueltas. Y a las organizaciones populares nos cabe hacerlo desde nuestra iniciativa y verdadera autonomía de clase.

Plan contra plan

En el discurso de clausura del XX Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), el presidente de ese país Raúl Castro Ruz expresó en 2014: “[…] dondequiera que haya un gobierno que no convenga a los intereses de los círculos del poder en EE.UU. y algunos de sus aliados europeos, se convierte en blanco de las campañas subversivas. Ahora usan nuevos métodos de desgaste más sutiles y enmascarados, sin renunciar a la violencia, para quebrar la paz y el orden interno e impedir a los gobiernos concentrarse en la lucha por el desarrollo económico y social, si no logran derribarlos”

Cabe de parte de las conducciones, equipos de formación y delegados de nuestras organizaciones sindicales, sociales y políticas dar cuenta de estas estrategias y cuáles son las respuestas para construir. Requiere de denuncias públicas, de propaganda, de comunicación popular, de establecer respuestas ante operaciones como la de la sedición en la Quinta de Olivos. Pero es urgente y debe darse sin más demora sin esperar decisiones de gobierno. Nos corresponde a las organizaciones populares hacerlo.   

En el año 2013 hubo protestas policiales y una devastadora sedición en Entre Ríos que precedió una corrida cambiaria que buscaba desgastar las medidas económicas de protección social del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner ante la persistencia de la crisis capitalista mundial. El final de la historia y las consecuencias, ya lo conocemos muy bien y lo seguimos sufriendo. Cabe si agregar que no hubo impunidad y 17 sediciosos que habían tomado la Jefatura Central de Policía en Concordia recibieron condenas menores entre 3 y 4 años.

La oposición real en la Argentina avanza en su estrategia de desgaste y rendición. Cabe de nuestra parte desplegar nuestra estrategia. De unidad, organización y despliegue de un poder popular que desde cada lugar de trabajo, espacio y territorio, articulados entre sí, desplieguen materialidad a un impuesto a las grandes fortunas, a una renta básica universal, a la distribución de la riqueza, a la soberanía alimentaria, a un salario justo, a las más sentidas reivindicaciones laborales y sociales de la clase trabajadora y los movimientos populares. Implica ciertamente una construcción de fuerza política que va más allá –sin negar ni soslayar- una gestión de gobierno. Avanzar en programas, medidas y acciones que no solo mejoren las condiciones de vida concreta del pueblo sino que permitan el protagonismo popular sin vueltas.

Cabe agregar que sería un camino totalmente opuesto al que ha emprendido el gobernador de Entre Ríos Gustavo Bordet con su ajuste a través de una ley de emergencia sobre el salario de activos y jubilados, sin tocar la riqueza concentrada de la economía que exporta y factura más en tiempos de pandemia y sordo a todos los reclamos de los trabajadores y trabajadoras. Ni el silencio estruendoso ante el irresponsable y ultramontano pedido del intendente de Chajarí de volver a las escuelas sin más mientras el sistema de salud se satura. Las políticas de la derecha juegan en todos los terrenos  

No cabe la más mínima duda que defender el gobierno nacional hoy es defender las posibilidades de la clase trabajadora ante las derechas y el imperialismo, de transitar la pandemia y la pospandemia con ejercicio de derechos, con un horizonte de soberanía popular y proyectos progresistas, patrióticos y revolucionarios en nuestra patria grande latinoamericana; no sin contradicciones, no sin luchas y no sin tensiones de todo tipo. Pero a las y los trabajadores nos toca nuestra parte en construir densidad, propuestas y programas que fortalezcan un núcleo popular con capacidad de intervención. La CTA, en unidad con otras organizaciones del campo popular tiene una vasta experiencia en ese sentido.

Podrá aplacarse la mano de obra de la soldadesca imperial con las medidas tomadas sobre los sueldos policiales. O no. Pero la mecha ya está prendida y los tambores no cesarán.

Estamos a tiempo de enfrentarlo.

Advertirnos y tomar nota, debe ser el primer paso.

En 1892, en el diario Patria, Martí escribió unas líneas que conservan plena vigencia: "A un plan obedece nuestro enemigo: de enconarnos, dispensarnos, dividirnos, ahogarnos. Por eso obedecemos nosotros a otro plan: enseñarnos en toda nuestra altura, apretarnos, juntarnos, burlarlo, hacer por fin a nuestra patria libre. Plan contra plan".

 

 (*) Secretario de Prensa y Comunicación de la CTA de les Trabajadores Entre Ríos. Integrante de la Corriente Nacional Agustín Tosco