Cada tanto, es noticia la situación de la Mansión Morrosini o «Villa Teresita», ubicada en calle Urquiza, entre Espino y Carriego. La casona -que originalmente contaba con 898 m² pero ha sufrido una demolición parcial y, a la vez, fue víctima de desguaces, vandalismo y falta de mantenimiento- se convirtió en un problema para la comunidad debido a la acumulación de basura y la presencia de roedores, una situación que se agravaba por la inacción de las autoridades municipales ante la ausencia de los propietarios. Al caer la tarde, cualquier persona que se pare debajo del árbol en la vereda -donde siguen arrojando basura a pesar de que no hay más contenedores- puede observar las plantas trepadoras como invaden los marcos de las ventanas y algunos arbustos de más de un metro de alto que inundan los espacios libres alrededor del caserón. Las palomas, que se posan sobre las ruinas, no son los únicos seres vivos que habitan las ruinas. Rosana Alejandro es vecina de la vivienda de calle Urquiza desde hace más de 50 años. En diálogo con DIARIOJUNIO, sostuvo que lo único que les permite descansar a los habitantes de la cuadra es la presencia de los gatos en los patios; mantiene a raya a las ratas que pululan en las ruinas. El reclamo que hizo es el mismo de siempre: que los propietarios del inmueble, la Caja de Previsión Social del Colegio de Bioquímicos de Paraná, limpie el terreno.
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