El que sigue
En medio de su trabajo en una de las áreas más sensibles de la justicia, una abogada —que solicitó reserva de identidad— canaliza en forma literaria el dolor que recoge en los expedientes y en las voces quebradas que escucha a diario. El texto que envió a este medio, duro, descarnado, casi insoportable, se mete en la mente y el cuerpo de una vÃctima de la explotación sexual.Â

Si este aparato que tira aire caliente fuera un arma me volarÃa los sesos ahora. A veces
imagino que pasarÃa si se entera mi padre, si se enteraran mis amigos. Todo lo que hago
para pagar sus deudas.
Mirá como estás! Flaca, blanca, ojerosa, que horrible ser humano. El único color que
tengo es el amarillo de la bombacha y el bordecito del camisolÃn. Espero que este no se
queje. Estoy harta de estos tipos, que desagradable fue el último. Casi vomito cuando
estaba arriba mÃo, que horrenda imagen. ¡Quiero borrarla!
¡Dios! Decime cómo salir de acá, de este baño, de esta habitación de hotelucho de
cuarta. Todo tiene olor a sexo.
Siento rechazo de mi misma, pobre este cuerpo, ¿me pertenecerá o es propiedad de los
que se subieron a montarlo? Ni mil baños de agua bendita lavarán la culpa que siento, la
tristeza que me destroza el alma.
Ya no se quien soy, ni a donde voy, estoy perdida, sin brújula.
¿Será que alguien me amarará algún dÃa sabiendo de mi historia, de mi vida? ¿Existirá
algún hombre que me vea, que me mire, que me abrace, que me de amor sin tratarme
como un pedazo de carne servido en la mesa? A veces siento que soy eso, trozos de
carne despedazados arriba de la cama.
Mamá perdóname, no puedo ser como vos. Ya no puedo, estoy contaminada, podrida
por dentro, nada bueno puede salir de mi porque estoy supurando.
Creo que hoy es el ultimo dÃa, ya no quiero respirar más, no soporto más vivir asÃ, me
duele el cuerpo, me duele adentro, me quiero morir. ¡Si! ¡Hoy lo hago! ¡está decidido!
Bueno, será otro dÃa, sonó el portero, llegó el siguiente.

