El detonante fue la polémica por el viaje oficial a Estados Unidos, donde Adorni quedó en el centro de las críticas por haber subido a su esposa al avión presidencial. La explicación inicial del funcionario generó aún más ruido: sostuvo que la invitación había sido cursada desde Presidencia, es decir desde el área que conduce la secretaria general Karina Milei. En el oficialismo interpretaron ese gesto como un intento de trasladar responsabilidades hacia el círculo más cercano del presidente.
Pero la controversia no terminó ahí. A los pocos días apareció otra información aún más incómoda: un viaje privado a Punta del Este realizado en febrero en un jet contratado por alrededor de 10.000 dólares. El traslado, realizado en un avión Honda Jet matrícula LV-HWA operado por Alpha Centauri, fue confirmado incluso por un video. Según trascendió, en el vuelo viajaron Adorni, su esposa Bettina Angeletti, familiares y el periodista de la TV Pública Marcelo Grandio, quien además hospedó a la familia en su casa en el balneario uruguayo.
Los números que no cierran
El problema central para el jefe de Gabinete no es sólo el viaje sino la aritmética. Su salario ronda los 3,5 millones de pesos mensuales —alrededor de 2.500 dólares—, mientras que los gastos recientes vinculados a vuelos superan los 15.000 dólares en menos de un mes. A los 10.000 del vuelo privado a Uruguay se suman más de 5.000 dólares que el propio funcionario reconoció haber pagado por el pasaje de su esposa al viaje oficial a Estados Unidos.
Esa diferencia es la que ahora observan con lupa dirigentes opositores que analizan presentar denuncias por presuntas irregularidades o posibles dádivas.
La defensa pública del periodista Grandio, lejos de apagar el incendio, lo avivó. En una entrevista televisiva aseguró que Adorni había pagado los pasajes, pero en el intento de explicarlo terminó afirmando que “lo pagó con plata del Estado”, frase que luego intentó corregir. La declaración dejó más preguntas que respuestas y reforzó las sospechas sobre el financiamiento del viaje.
El episodio golpea en un punto sensible del discurso libertario: la crítica permanente a los privilegios de la “casta política”.
Durante dos años Adorni construyó su perfil público denunciando gastos superfluos del Estado y los lujos de la dirigencia política. Ahora quedó atrapado en el mismo tipo de prácticas que cuestionaba.
La vicepresidenta Victoria Villarruel no dejó pasar la oportunidad de ironizar desde sus redes sociales con una frase cargada de sarcasmo: “El ajuste lo paga la política, jaja”.


