En Concordia se registran 5 asesinatos en lo que va del año, el de Galli fue el primero en ocasión de robo

Inseguridad, Injusticia y Sensaciones

En la mañana del lunes, familiares y amigos de la docente Teresa Galli realizaron una marcha donde la consigna primera fue la de pedir justicia, empujados sin duda por el dolor y la ansiedad de darle un punto final a la indignación por el aberrante crimen, pero alertados también por cierta convicción –expresada airadamente- sobre que “los jueces son el problema.” El reclamo por Justicia y por seguridad se dio en el marco de una investigación que avanza con botas de 7 leguas: en 48 horas se detuvo al principal sospechoso y se recolectó un sinnúmero de pruebas que serían elementos de contundencia al devenir de la causa. La calificación legal que se le dio al crimen es la más grave y es posible que al autor le den cadena perpetua. El juez obrante dictó la máxima prisión preventiva para el caso -90 días, todo un gesto a una sociedad ávida de condena inmediata- y se está, a horas nomas, por resolver si el involucrado habría actuado solo o con algún cómplice. El sentimiento de inseguridad es un problema, además del delito mismo. Los medios tienen un lugar en él. No son los únicos responsables, pero tampoco tienen un lugar neutro: Los medios de comunicación y su replicación en redes sociales son muy capaces en esto de interpretar los hechos creando realidades. Sin ir muy lejos, el propio bloque de Cambiemos en el Concejo Deliberante – un cuerpo que, en líneas generales, alumbra una notoria mediocridad política- quiso reflotar un proyecto de emergencia de seguridad a raíz del caso la señora Galli, cuando no hay que ser una luz para darse cuenta de que se trata de un caso aislado y excepcional dadas las características del mismo. 

Según datos aportados por la Jefatura Central de Policía a DIARIOJUNIO, en lo que va del año -7 meses- apenas se registran 5 muertes por homicidio, siendo el de la señora Galli el primero en ocasión de robo. El resto sucedió en enfrentamientos entre bandas o por asuntos de índole personal entre familiares o vecinos.

El año pasado, casi para esta misma altura del año –julio-, ocurrieron 16 asesinatos, siendo el de la mujer Mariela Costen el número 16, perpetrado en la madrugada del Día del Amigo. Dicho año terminó con un saldo total de 29 asesinatos. Todos los posteriores al caso Costen fueron por rencillas familiares, peleas entre vecinos y bandos enfrentados de delincuentes menores que se abatieron en ajustes de cuenta.

Según los últimos datos oficiales de 2018, en Argentina se contabilizó un total de 2362 víctimas por crímenes violentos. La tasa cada 100 mil habitantes es la que se utiliza para comparar con otros países y ciudades. En Argentina, la de 2018 fue de 5.3 homicidios cada 100 mil habitantes, la segunda más baja de Latinoamérica, detrás de Chile (3.6).

Los homicidios en "ocasión de robo", como el crimen de la profesora Teresita Galli, están entre los que más preocupan a la sociedad. Del relevamiento surge que representan el 16.3% del total de muertes violentas. En 2018 mataron, en toda la Argentina, a 384 personas para robarles.

Algunas provincias muestran cifras más graves que otras: En Buenos Aires, el 20.9% de los homicidios fueron en medio de un robo. Córdoba (28.7%) y Tucumán (27.4%)

“Las previsiones que estamos haciendo para 2019 nos dan una baja de la tasa a los 5 puntos por cada 100 mil habitantes. Esperamos que se mantenga, de todas maneras las de 2017 y 2018 son las tasas más bajas de homicidio desde 2001”, contó al diario Clarín, la ex ministra de Seguridad Patricia Bullrich, en agosto 2019.

Es posible pensar que, durante el transcurso de este año 2020, la inseguridad no haya crecido durante los días de confinamiento y distanciamiento social obligatorio a raíz de las medias de prevención ante la pandemia de Coronavirus. Al menos en Concordia, los datos de la policía local parecen confirmarlo: 5 homicidios, incluido el de la señora Galli que es el único en ocasión de robo.

Siguiendo los parámetros de medición a escala nacional, Concordia estaría, en lo que va del año 2020 (7 meses), en una tasa menor a 2.5 homicidios cada 100 mil habitantes, si tomamos una población estimada en 200 mil habitantes.

 

De fiscales héroes y Jueces villanos

Corriendo de la escena a los familiares de la víctima, se escuchó replicar esa idea de que “La policía atrapa a los delincuentes”, “Los fiscales son amables y trabajan de manera brillante”, pero “los jueces son el problema”. Podría considerarse que esa idea obedece a la diferente función que cumple cada uno y no responde a argumentos sólidos: Las cárceles están llenas de condenados (algunos no, obvio, están esperando el juicio con prisión preventiva).  Incluso superando el número permitido de alojados, lo que produce la sobrepoblación que es de siempre y contraria a la Constitución.

El Fiscal lleva su "teoría del caso" y el Juez debe resolver de acuerdo a la valoración de la prueba y la normativa vigente. Si el material probatorio no le parece suficiente para alcanzar el grado de "certeza" que la ley le exige y se genera "duda", debe absolverlo. Eso es norma escrita.

Para el sentido común la justicia falla y no condena a nadie.

Si las penas dictadas en una sentencia pasan los tres años, siempre son penas efectivas, o sea que, sí o sí, se paga con encierro. Las condenas condicionales son para sentencias de menos de tres años de prisión, o tres justo ahí, es el límite.

La ley –harto dicho- suele ser inclemente para los pobres que comenten delitos, aunque a muchos ciudadanos de buen proceder les quede siempre un sabor de impunidad.

 

La Sensación de Inseguridad

La percepción de inseguridad es la sensación de una amenaza que puede ocurrir de manera azarosa, es decir, es la convivencia con el sentimiento de que en algún momento el individuo termina perjudicado.

Sin embargo, Concordia, a pesar de su gran desigualdad económica, de sus índices de pobreza y marginalidad siempre al tope, es un bicho raro en el mapa de la inseguridad a nivel nacional. Además, valga la paradoja, es una ciudad elegida por muchos para venir a vivir una vida más tranquila. No es el conurbano bonaerense, ni el sur rosarino, ni los barrios bajos de Santa Fe o la capital de Tucumán, menos aún, una favela en Rio de Janeiro. 

El descargo de los cercanos a las víctimas, prisioneros de un dolor irremediable, no es materia cuestionable. Quienes deben poner la balanza de la justicia en equilibrio son los ajenos, en particular los referentes políticos y sociales de la comunidad. Quienes deberían ser objetivos y responsables en sus declaraciones y actos. Hacer sus valoraciones a partir de datos empíricos, comprobables, evidentes y verificables.

Ese sentido común de sensación de inseguridad y falta de justicia puede producir efectos de realidad y efectos en la realidad. El imaginario de la población altera su percepción de integridad, libertad y seguridad y produce efectos tales como fobia social, pánico y enojo, y tal vez, reacciones peores como la búsqueda de justicia por mano propia.

Y tal vez el mayor riesgo radica en la vulneración que se da –primero en la opinión pública y en los medios y, tal vez, extendida al criterio de la Justicia, y ni hablar de lo que podría pasar en un juicio por jurados- del artículo 18 la Constitución Nacional que dispone que ningún habitante de la Nación puede ser penado sin juicio previo, que establece el principio de que toda persona debe ser considerada y tratada como inocente de los delitos que se le reprochan, hasta que en un juicio respetuoso del debido proceso se demuestre lo contrario mediante una sentencia firme.

Nadie quiere, ni debería, ser juzgado desde el prejuicio o la condena previa. Ni siquiera los jueces.