Pensar para Educar, por Tekoá

La relatividad de la Libertad

Los seres humanos hacemos cultura y somos construidos por ella, cultura y personas son impensadas una sin otras. Por lo tanto, nuestra libertad está atada a la sociedad donde crecimos y nos comunicamos; esta enlazada con la religión, las costumbres, la educación, los procesos históricos que hemos vivido, tanto de forma individual como a la memoria histórica del pueblo al que pertenecemos. Seguramente no ejercerán de la misma forma su libertad el pueblo judío o el gitano, que el pueblo latinoamericano o el africano. Lo que en una sociedad puede ser objeto de expresión común y hasta obvia, en otras sociedades puede parecer transgresora y hasta violadora de cánones establecidos por esa comunidad

Entonces la libertad no es solo atribución de nuestra naturaleza, que se presenta por igual en todas las sociedades, espacios y en cualquier época. Es parte del derecho social e individual de las personas en un tiempo y espacio. Ejercer la libertad es un acto voluntario. Es una característica de nuestras decisiones, ligada a la comunidad a la que pertenecemos en el tiempo histórico, y muchas veces obstaculizada por ella también

Otra forma de pensar la libertad es desde lo físico, es decir la posibilidad que nos da el cuerpo de movernos, hacer oír nuestra voz, construir con las manos, dirigir la mirada hacia donde deseemos llevarla, es decir las acciones físicas que ejecutamos. Pero todas ellas van orientadas por la razón. Siempre hay un por qué, y si no lo hay la tratamos de encontrar, de explicar.

Podríamos enumerar una serie de libertades: de asociación, de expresión, de culto, de empresa, de portar armas, sexual, de prensa, de circular, entre otras muchas

Ahora bien, la libertad y su ejercicio está sujeta a la ley y la racionalidad, como se expresó anteriormente, los actos libres en un lugar pueden no serlo en otro.

La pregunta sería ¿Cuándo perdemos la libertad? ¿Cuándo no podemos llevar adelante aquello que nuestra naturaleza nos pide? Tomando un ejemplo: la imposibilidad de realizar nuestras necesidades fisiológicas en la vía pública sería un acto de pérdida de la libertad. Pero la cultura y las normas de convivencias nos organizan y nuestra racionalidad las acepta, por lo que no consideramos a esto pérdida de libertad.

Entonces podríamos decir que los actos que realizamos no deben afectar a los demás sujetos sociales, que conviven en nuestra comunidad, y que para regular esto está la norma y la ley.

¿Perdemos la libertad cuando quebrantamos la norma o la ley? Sabemos que sí, un ladrón, un asesino o un violador, verá limitada su libertad física, aunque no sus otras libertades, como la de pensar y expresarse. Esta pérdida de la libertad es una necesidad para que el resto de la sociedad ejerza su propia libertad, como la de circular, comprar o vender, asociarse, etc.

Como vemos la libertad no es algo que podamos pensarla desde las necesidades individuales, y menos aún fuera de la racionalidad y, fundamentalmente, la ley. Es la norma la que regula el uso de las libertades, pues nuestra naturaleza entendida biológicamente, solo tiene un elemento que regula la libertad, es el instinto de supervivencia, y aun así en casos extremos necesitamos la ayuda de otro (como en los intentos de suicidio) para no llevar adelante actos que pueden terminar perjudicándonos, en las características vitales.

En estos días de pandemia la libertad está siendo pensada; las necesidades naturales, la racionalidad y la norma, así como también las costumbres y la supervivencia han entrado a desestabilizarse, se ponen en jaque el orden de prioridades y eso nos interpela

Tal vez debamos comprender que solo se es libre, cuando se aceptan los límites individuales y sociales que la libertad carga intrínsecamente.

 

Lic. Verónica López

Tekoá. Cooperativa de Trabajo para la Educación