El dueño del comercio gastronómico ubicado cerca del Autódromo defendió su cocina y los precios de la carta

La verdad de la milanesa

Hugo Ermeti, el propietario del comercio ubicado en Villa Zorraquín que fue cuestionado en las redes sociales por cobrar $ 13.000 a raíz de un pedido de 10 milanesas, dos cervezas y una gaseosa cola, aclaró ayer en declaraciones radiales que los platos que trabajan son abundantes y generosos, para compartir. “Casi que comen de dos a tres personas con la milanesa. Es una milanesa casera que se hace a la parrilla, estilo campo. Sale $ 1.200 y todo el mundo puede acceder a la carta digital y también tenemos una carta plastificada en la puerta de ingreso”, dijo. En tanto, fuentes consultadas por DIARIOJUNIO que conocen la ley de Defensa del Consumidor manifestaron que no hay un tope de precios en los restaurantes. Cada establecimiento tiene características diferentes: no es lo mismo que el local tenga platos y cubiertos, mantel y mozos a que no los tenga. Por ende, cada lugar pone un precio y la gente decide si lo paga no. Por ello, si alguien decide pedir sabiendo de antemano lo que costaba, después no tiene argumentos para rechazar el pago.

El dueño del ‘Fogón Gaucho’ dijo que se sintió mal con los que sucedió. Siente quien “le chocó un poco” el episodio. Y explico que al cliente se le pidió varias veces que mirase la carta. De hecho, sostuvo que a veces la gente se retira cuando lee los precios. De hecho, sostuvo que en la misma carta figura una media milanesa (equivalente a la porción normal de una casa de familia) a $ 790. Las definió como “de bodegón”. Y todas vienen con guarnición: ensalada, puré o papas fritas. Incluso un huevo frito.

Además, aclaró que los precios son los mismos para los turistas que para los residentes de Concordia. “La miraron, pero no sé qué es lo que miraron. Me pidieron nueve milanesas”, señaló al programa “Una mañana por Delante” (Radio Ciudadana -FM 87.9).  De hecho, dijo que pidió nueve milanesas y después agregó otra más. Y calculó que 20 personas pueden satisfacerse con una decena de milanesas.

Pero, al momento de pagar, el cliente se sorprendió con los $ 13.000 que debía abonar. “Se ve que no miro la carta. Le dijimos usted tiene que mirar la carta para saber qué es lo que va a comprar, que es lo que va a pagar. Pero él pagó y se retiró”, dijo Ermeti.

DIARIOJUNIO consultó a fuentes que conocen la ley de Defensa del Consumidor.  Y la respuesta fue que no hay un límite, un tope, que se deba respetar en la carta de un restaurante. El derecho del consumidor es a estar informado. Y que no haya publicidad engañosa ni ser inducido a error.

Además, explicaron que hay lugares de barrio donde la pizza vale $ 400 y otros mas céntricos donde cuesta $ 900. Lo mismo pasa con una hamburguesa. Un precio es el que corresponde a un carrito y otro a un lugar donde hay música, ambientación, mozo, etc. Por ende, los valores son diferentes. Y cada quien elige a que lugar ir.

“Yo estoy tranquilo con el producto que vendo. Estoy orgulloso de mi propia cocina, que es cocina de autor. Soy una persona que cocina exagerado para que el cliente sepa. Tenemos una hamburguesa común gigantesca que es para compartir”, indicó. Una docena de empanadas en ese local pueden llegar a costar $ 2.000 porque son de carne picada cortada a cuchillo y se hacen a las brasas o fritas.

“Me siento mal por este cliente, este turista, porque no queremos que la gente se vaya mal. Le pido disculpas. Habrá sido un mal entendido o no habrá visto el precio. Nosotros lo queremos al turista, lo mimamos al turista. Necesitamos que venga mucha gente porque necesitamos salir adelante", indicó. El gastronómico sostuvo que se endeudó el año pasado por un monto de  $ 500.000. "Es lamentable pero creo que todo el mundo pasó esto. El gastronómico, el hotelero. No me quiero poner en contra del turista porque los necesitamos así como los viajantes que andan, más ahora que hay movimiento, hay una apertura”, indicó Ermeti.

El propietario dijo que recibe a los guías de pesca, visitantes que vienen de las termas, de las cabañas, de la represa. “Le dimos de comer al plantel de Boca acá adentro. El del ‘Pato TV’, un programa de pesca, siempre viene y me dice ‘vengo a comer mi primer amor’ de la milanesa napolitana”, dijo. “Le cociné al Chaqueño Palavecino, a Maradona, a la flaca Feudale, a Tinelli, a Arjona, Laura Paussini, Palito Ortega; me recorrí toda la Argentina haciendo asados, desde Brasil hasta Ushuaia. Trabajé en Neuquén, San Rafael, Cipolleti y Bariloche”, enumeró.