Las Crónicas de Oxímoron

Ni fu ni fa

“La felicidad que sentimos tiene mucho que ver con comprender que la vida no es una lista de cosas que debemos conseguir. Tus logros no son tu vida.”

J.K. Rowling

 

“La clase media es tan divertida, que es la clase que mejor conozco, y es la clase donde se encuentra la mayoría de la pretensión, así que eso es lo que hace que las clases medias sean tan graciosas.”

J.K Rowling

Por Fosforito

Cuando era chico solía preguntarle a los mayores de la familia ¿qué éramos nosotros?. La cuestión iba dirigida a saber si éramos pobres o ricos. 

Dependiendo el ala familiar de la que recibía la respuesta, me contestaban que éramos clase media trabajadora (sería algo así como que vivíamos bien, pero no nos sobraba nada) o que éramos clase media del medio para arriba (lo que se entendía que vivíamos con cierta holgadez económica sin llegar a ser gente adinerada).

Había dos cosas que estaban seguro: no éramos pobres y tampoco éramos ricos. 

Sin embargo eso de la clase media era como un limbo, un estado o lugar temporal donde mejor moverse con cuidado porque antes de tocar el cielo de la fortuna era factible caer al infierno de la miseria.

Siempre fue un lío saber donde estaba parado uno en ese largo tramo de una escalera que solemos llamar clase media.

¿Qué significaba ser de clase media?

Cómo podían pertenecer al mismo estrato social un profesional distinguido que gana 10 veces más que un almacenero de barrio. Que fue a la universidad. Que tal vez se crió en un barrio aledaño al casco céntrico, con calles de asfalto, cloacas y la policía patrullando seguido por las noches. 

¿Qué es ser de clase media? ¿Tener un auto, un techo propio y comer asado todos los domingos?

¿Mandar los hijos a alguna privada de cuota accesible y posible? ¿A la universidad en otra ciudad?

¿Vacaciones en lugares turísticos? ¿Tener algunos dólares debajo del colchón para dormir con despreocupada inquietud? ¿Cambiar el auto cada 5 años? ¿Tener unas zapatillas de buena marca? 

¿Es sólo una cuestión de ingresos?

En ese largo tramo de la escalera social que le corresponde a la clase media, hay muchos peldaños entre los extremos, entre los de arriba y los de abajo, entre los de la clase alta y los de clase baja.

Todos parecen querer escalar las altas posiciones, todos parecen anhelar el lujo, las comodidades y los placeres, a veces, a costa de la misma reputación y de la misma existencia, de un mundo que suele dejarse dominar por las apariencias y el dinero.

 

-¿Para dónde apuntamos, Fosforito?

-Estoy molesto, estimado. Mis amigos me dicen que yo era un cheto. 

- No es para tanto, hombre, ¿qué le molesta a esta altura esas cosas de antaño?

- Nada, en absoluto, pero me extraña…Si hubiera sido un cheto no me hubiera juntado nunca con ellos.

 

Yo era un cheto entre los medios. 

Es cierto, tal vez cumplía con algunos requisitos, quizás tenía accesos a los que muchos de ellos no: Una casa propia, pintoresca y confortable a pesar de su pequeñez. Autos nacionales -de los bonitos- que cada tantos años se iban cambiando por otros más nuevos, a veces, incluso, Okm. Algo distinto, al resto de los días de la semana, se comía el domingo; podía haber, incluso, una coca para la mesa de los niños. Tenía ropa y zapatillas, no tanto de marcas, pero siempre de buena calidad. Pileta en un club durante los veranos. Clases de inglés particular. Y, sobre todo, aspiraciones factibles de progreso y ascenso. Fui uno de los pocos del barrio que “se podía ir a estudiar afuera”. Y así debía de ser, era un mandato social, una expectativa familiar... Para tener una vida más fácil y no tener que romperme el lomo como mis abuelos y papá.

Una mixtura de clase media entre peronista y radical.

Sin embargo, había quienes se veían más arriba todavía, a los que ni siquiera les podía oler el traste. 

Así que mientras uno miraba a esos que estaban más alto, otros -desde un poco más abajo- lo miraban a uno. De igual manera, todos parecíamos pertenecer a la misma runfla.

Yo era un cheto para algunos de los del medio, decía. Algo que me lo recuerdan, hasta el día de hoy, quienes siguen siendo mis amigos. Sin embargo, hoy sólo tomo whisky del bueno cuando tomo el de ellos.

Los ricos y los pobres se mantienen casi inalterables. En cambio, la clase media se mueve constantemente dentro de su extenso rango, aunque muchas veces sólo se trate de simulaciones y apariencias para defender cierto orgullo social, por más que se note el denuedo desesperado de unos por tomarse de los talones de otros que -un poco más arriba- les pisan las cabezas sin dejar de mirar el cielo, sin perder de vista el infierno. 

La clase media es ese lugar donde están los anhelos más comunes de las multitudes. Un poco de lo que todos queremos. La base mínima de nuestras aspiraciones para el buen vivir y el trampolín para los sueños de ascenso social. 

Una clase luchadora y ostentosa, temerosa e inquieta, y -en gran medida- celosa y mezquina. 

La mayoría, todavía.

Ilustración de QUINO