Pensar para Educar, por Tekoá

Sarmiento controversial

Es interesante hablar de Sarmiento porque es un personaje polémico en el sentido literal del término. En primer lugar, hay que entender que es un personaje histórico, con lo cual se dejan de lado los conceptos bueno y malo, correcto e incorrecto, pues en el estudio de la historia ese es el criterio que se debe sostener. Es importante contextualizar al protagonista, de donde vino, como pensaba y hablar de todos los aspectos de un personaje que fue de todo y, quizás, un poco menos padre del aula. Esta última es una limitación que se estudió en la escuela. Una idea definida y común en la historia argentina, dejando de lado otras dimensiones de este hombre en particular, que fue periodista, escritor, presidente, senador, diputado, militar… 

A Sarmiento se lo identifica por el acto escolar, una persona que nunca faltó a la escuela, ni aún los días de lluvia (nos contaban). Sarmiento era un niño ejemplar. Aunque él mismo relata en su libro Recuerdos de Provincia todo lo contrario. Es decir que la historia construye una mitología alrededor de este protagonista.

Sarmiento fue un niño poco escolarizado. Tuvo una educación casera dada por su padre y, fundamentalmente, por su tío. Más tarde ingresa a la Escuela de la Patria, las que se fundan después de la revolución de mayo. Sí, tenía gran vocación por la lectura. Un lector voraz y desordenado, según sus palabras. Más adelante sufre una importante frustración al no poder ingresar al colegio Nacional en Buenos Aires, donde le es denegado el ingreso porque no tiene contactos. Es decir que es una persona que no responde a los parámetros contados clásicamente.

Hay un hecho importante en su existencia cuando conoce a Facundo Quiroga y es su primer contacto con lo que él definirá como barbarie y que lo marcará de por vida.

También se dedicará a su temprana vocación docente en San Luis y San Juan.

Con la llegada de Rosas al poder, va a ir modificando su planteo político y funda el periódico El Zonda que lo llevará a su primer exilio en Chile. Allí es donde escribe, sobre una piedra de la cordillera “On ne tue point idees”: “Las ideas no se matan”, que va a ser tan contradictoria con su vida posterior.  

En Chile desarrolla una gran parte de su vida literaria, funda periódicos, es escritor y va a tener algunas expresiones que perduran. Por ejemplo, allí es donde plantea el tema de la Patagonia para Chile.   

También en Chile publica Facundo con un título extremadamente interesante, porque usa Civilización y Barbarie y no Civilización o Barbarie, que es una dicotomía inclusiva, porque hay una convivencia, no es una o la otra, sino las dos.  

El libro se caracteriza como un ensayo sociológico, donde vincula la civilización con la ciudad y la barbarie con el campo. Es un momento de alta contradicción. Cuando escribe Facundo, la ciudad que, para él por excelencia, es Buenos Aires, está ocupada por la barbarie.

Antes de escribir Facundo, desarrolla conceptos en un periódico de Chile, de lo que es un indio con la idea de la imposición de la civilización como sea.

 Así se expresaba Sarmiento sobre los indios:   

“¿Lograremos exterminar a los indios? Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar. Esa canalla no son más que unos indios asquerosos a quienes mandaría colgar ahora si reapareciesen. Lautaro y Caupolicán son unos indios piojosos, porque así son todos. Incapaces de progreso, su exterminio es providencial y útil, sublime y grande. Se los debe exterminar sin ni siquiera perdonar al pequeño, que tiene ya el odio instintivo al hombre civilizado”.

Sarmiento no era el único que pensaba así, pero es importante contextualizar, en la época en que el escribe esto, la visión ilustrada, europea era que todos los originarios, a los que no se les reconocía tal condición, eran indios, salvajes, eran un estorbo para el desarrollo de las fuerzas productivas y, por eso mismo, había que exterminarlos.

También escribía a Mitre, en septiembre de 1861, sobre los gauchos, (aunque Mitre ya lo estaba haciendo):

“Se nos habla de gauchos. La lucha ha dado cuenta de ellos, de toda esa chusma de haraganes. No trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre de esta chusma criolla incivil, bárbara y ruda, es lo único que tienen de seres humanos”

En otra carta de la misma época, para idéntico destinatario, confesaba:

“Tengo odio a la barbarie popular... La chusma y el pueblo gaucho nos es hostil... Mientras haya un chiripa no habrá ciudadanos. ¿Son acaso las masas la única fuente de poder y legitimidad? El poncho, el chiripa y el rancho son de origen salvaje y forman una división entre la ciudad culta y el pueblo, haciendo que los cristianos se degraden... Usted tendrá la gloria de establecer en toda la República el poder de la clase culta aniquilando el levantamiento de las masas”.

Finalmente, y para terminar con algunas de las frases de Sarmiento, esto decía sobre los pobres:

Si los pobres de los hospitales, de los asilos de mendigos y de las casas de huérfanos se han de morir, que se mueran; porque el Estado no tiene caridad, no tiene alma. El mendigo es un insecto, como la hormiga. Recoge los desperdicios. De manera que es útil sin necesidad de que se le dé dinero. ¿Qué importa que el Estado deje morir al que no puede vivir a causa de sus defectos? Los huérfanos son los últimos seres de la sociedad, hijos de padres viciosos, no se les debe dar más que de comer”.

 En su conocido manual, Arturo Jauretche define a éstas, entre otras expresiones, como “principios introducidos en nuestra formación intelectual desde la más tierna infancia – y en dosis para adultos - con la apariencia de axiomas, para impedirnos pensar las cosas del país por la simple aplicación del buen sentido”. Para este escritor, la madre de todas las zonceras es, justamente, el principio de “civilización y barbarie” de Sarmiento.

 

Tekoá. Cooperativa de Trabajo para la Educación