Esperan una respuesta al pedido de suspender la Línea 9 A por la escasa venta de boletos

Tras el pico de 2014-15, llegó la época de las vacas flacas para los colectivos urbanos

Hoy viernes 30 de septiembre, la UTE (Unión Transitoria de Empresas) que comenzó a trabajar en los recorridos 9 y 9ª esperaba poder recibir la autorización para suspender el recorrido de esta última. Pero, al no obtener una respuesta del Concejo Deliberante, los colectivos seguirán recorriendo las calles de Concordia. Daniel La Palma, integrante de la Cámara Urbana de Transporte por la Línea 2, explicó a DIARIOJUNIO que no hay pasajeros suficientes para, al menos, solventar los gastos mínimos. “Estamos muy por debajo de lo que se necesita”, indicó. Con números detallados, explicó que la cantidad de boletos cortados no alcanza ni siquiera para cargar gasoil. Además, sostuvo que la escasez de pasajeros no es un fenómeno aislado: luego del bienio 2014-2015 cuando transportaron la mayor cantidad de pasajeros, comenzó la temporada de vacas flacas para el sector. Por la crisis económica que comenzó desde ese momento –y trascartón la pandemia-, mucha gente dejó de viajar en colectivo: algunos se quedaron sin trabajo y otros dejaron de viajar al centro para ir a pasear o a comprar por la falta de dinero.

Las Líneas 9 y 9A fue presentada en julio pasado; tres meses más tarde piden suspender uno de los recorridos.

“Estamos sacando plata de las otras líneas para sostener el servicio”, admitió La Palma. No obstante, explicó que las empresas atraviesan una crisis que les impide poder sacar dinero para sustentar una línea deficitaria. Para poder equilibrar los costos, se necesita vender 700 pasajeros por día, pero solo viaja la mitad en la 9 A: 350 personas. La Palma explicó que la tarifa actual es de $ 69 pero muchos pagan $ 31 porque viajan con tarifa social, los estudiantes de secundaria abonan $ 34 y los escolares $ 24. En promedio, al final del día terminan recaudando $ 45 en promedio por cada boleto vendido. La cuenta es sencilla: 350 pasajeros a $ 45 el boleto, redondean una recaudación cercana a los $ 16.000.

Con un litro de gasoil a $ 180, alcanza para 88 litros de gasoil. Pero los coches que utilizan consumen entre 100 y 110 litros por día. A eso hay que añadir el salario del chofer, el seguro, los repuestos, etc. “Lo que recauda es la mitad de lo que recauda cualquiera de las otras líneas”, sostuvo. En un día bueno, viajan cerca de 800 pasajeros.

Si bien la línea había arrancado con pocos pasajes, la expectativa era revertir esa situación mejorando el servicio al presentar mejores unidades.  “Pero no; fue nula o no hubo respuesta”, remarcó. 

La Palma explicó que el recorrido de la Línea (arranca en la Pampa Soler, Eva Perón hasta Liebermann, Laprida hasta el Masvernat, avenida Tavella hasta la Uner, Próspero Bovino, San Lorenzo pasa por la Terminal, avenida Chajarí, avenida Castro, Mitre, Bolivia, Salta, Moreno, Coldaroli, San Juan, Corrientes Irigoyen hasta el Heras y luego vuelve por casi las mismas calles) pasa por inmediaciones de numerosas escuelas primarias y secundarias.  No obstante, sostuvo que hay que trabajar el recorrido desde cero prácticamente hasta que los alumnos se acostumbren a utilizarla y eso llevará un par de años. El problema es que no hay margen económico para semejante esfuerzo en las restantes empresas.

Además, en todos los barrios por donde pasa, otras líneas también cruzan por esas mismas calles. “En calle Tavella compite con la 2 y la 7. En el Masvernat, si queres ir al centro, la 7 es mejor alternativa o la 2 es más rápida. Una vez que piso Tavella viene prácticamente sin gente hasta la Terminal. Y es un trayecto muy largo”, indicó. Los pasajeros esperan la 9 A u otra línea, la que pase primero. “No tiene un pasaje propio”, dijo el integrante de la Cámara. La mayoría de los habitantes que se sube a un colectivo es para ir de los barrios al centro, pero la 9 A tiene un recorrido muy extenso en comparación con las otras. Lo único que la distingue es que se trata de la única línea que une el Masvernat con el barrio Nébel y con La Bianca. 

A eso hay que añadir que la Línea 9A no tiene una trayectoria de buen servicio. “El pasajero nunca se habituó. Es una línea que se creó en 2014-2015 y desde la Cámara expresamos que no era una buena idea que se habilite porque pisaba los recorridos de las otras líneas”, sostuvo. 

Pico de pasajeros y crisis

La Palma sostuvo que la situación actual dista mucho de la de 2014. “Había mucho más pasajeros para todas las líneas. Si repartías esa masa de pasajeros con una línea más, por ahí era suficiente para todos”, precisó. Ese año, sostuvo que también la masa de subsidios era importante pero actualmente ese ingreso está congelado desde hace un año.

La Línea 2, en 2014, tuvo el pico de pasajeros  transportados en un mes: 180.000 pasajeros. “Fue lo máximo que hemos transportado”, dijo.

De allí en más, la venta de pasajes retrocedió año a año aunque no linealmente. “Hoy lamentablemente el pasaje está bajo para todos y las líneas que tenemos buen pasaje nos podemos mantener  pero esta línea, que ya venía floja, baja a niveles que no se puede mantener por sus propios medios”, dijo La Palma.

El contraste del pico de 180.000 pasajeros mensuales con la actualidad es evidente: la misma línea 2 transporta 130.000  personas por mes. Y dos líneas juntas, como la 9  y 9 A, cerca de 155.000 pasajeros.

¿Qué pasó con los pasajeros que dejaron de viajar en colectivo? “Esa gente cambio el trabajo, el hábito de vida o forma parte de lo que venimos viendo. Año tras año vamos marcha atrás. Estamos en un  momento de crisis y eso hace que el pasajero no viaje por esparcimiento. Viaja solo por obligación. Reduce su cantidad de viajes diarios. Si tenías una salida para ir al centro a trabajar y después salías de nuevo a pasear, ya lo reducen. En vez de cuatro viajes por día, hacen dos, y eso es lo que está impactando”, remarcó.

El pozo fue la pandemia. El momento más álgido fue en abril de 2020. “La línea completa, con todos los coches, cortaba 300 boletos por día. Fue una situación completamente caótica y nos sostuvimos gracias a los subsidios de Nación y Provincia. Si no fuera por los subsidios estaríamos quebrados totalmente”, sostuvo.

La Palma explicó que 2021 tampoco pudieron igualar los pasajes de 2019 ya que muchas escuelas trabajaban de manera reducida. En marzo de 2022 se recuperó mucho pasaje pero la crisis y la inflación está incidiendo nuevamente en la caída de los pajeros transportados.

 Cuando cae la actividad económica, eso repercute en el transporte urbano de manera inmediata. “Ojalá que la gente tuviera buena plata en el bolsillo para poder ir a gastar al centro, ya sea para comprar cosas, para hacer esparcimiento o lo que sea. Pero cuando no le alcanza, la gente corta esas actividades y deja de viajar”, indicó La Palma.