OPINION : JENOFONTE -PARA DIARIOJUNIO-

VICENTIN , EL COVID Y LA GRIETA

El 20 de junio pasado vi concentrarse en plaza Urquiza, autos, camionetas y gente de a pie. Caravana y estridentes bocinazos. Profusión de banderas celeste y blanca,  por suerte nada de símbolo partidarios Sin duda, gente que protestaba . Y,  a lo mejor, por distintos motivos, válidos o no. Le oi decir a uno cerca  mío,  que estaba “harto de cuarentena” que tenía su negocio cerrado y se iba a fundir.  Convergían, como se ve,  enojos y resentimientos por variadas razones.

Aclaro, no me molesta que la gente salga a la calle en defensa de lo que cree. Al contrario, siempre que sea en forma pacífica y dentro de la ley, sin romper vidrieras ni agredir.

Claro que  ahora está la cuarentena, espero que los organizadores hayan previsto barbijos, distancia, y alcohol en gel.

Me llamó la atención algunos carteles “en defensa de la Constitución y los derechos civiles”-

“Caramba”-piensa uno que tiene años y “trotes”- “ojalá hubiera  habido esta preocupación ciudadana en épocas de violencia , muertes o golpes de estado ¡cuantos dolores nos hubiésemos evitado los argentinos!”.

Un 28 de junio de 1966-ahora se cumple un aniversario- fue volteado el presidente más republicano y honesto que se recuerda el Dr.Arturo Illia ¡que lindo si entonces nos hubiéramos movilizado por la Constitución!

Y, no hablemos del 24 de marzo de 1976.

No es cuestión solamente-como ví en otros carteles- del artículo constitucional que defiende el derecho de propiedad.

Y ya que se habla de “propiedad”, defenderla sí.

Pero la de todos: por ejemplo muchos pequeños y medianos productores que vendieron sus cosechas y no les pagaron. Defraudados, igual que mucho proveedores  por un principio de quiebra fraudulenta de una gran empresa a través de fuga de activos al Uruguay.

O triangulación de exportaciones vía Paraguay, donaciones o transferencias “truchas” por parte de titulares de la empresa.

O la “propiedad” de trabajadores que no saben si cobrarán su salario..

Por supuesto que el tema VICENTIN es complejo y admite varias lecturas.

Es una empresa importante, una de las principales exportadoras argentinas.

No hace a la “soberanía alimentaria” como se dice porque su principal producción es soja que se vende a China para engordar chanchos.

Pero está indisolublemente unida a la vida económica y social del Norte de Santa Fé, es, se dice,  un emprendimiento de familia, producto del esfuerzo de varias generaciones.

Aunque parece que la última  camada familiar, se ha dedicado a negocios “non sanctos”, en perjuicio de muchos.

Más allá de diferencias lo que, creo, debe unir a todos los “bien pensantes”, o mejor “bien intencionados”, es la idea que hay que mantener en pie ese núcleo económico.

 En bien de cientos de productores y fuente de trabajo de miles de personas en la región.

En ese contexto, no puede resultar extraño, ni provocar rechazos, que el Estado no permanezca indiferente.

Aún los más crudos “liberales”y enemigos acérrimos del estatismo no eluden, y aún buscan que el poder público los salve cuando las “papas queman”.

Ahora bien, quedando claro, aquello que conviene, esto es salvar la empresa, sobreviene la discusión sobre los medios para hacerlo.

Yo creo que si se actúa con moderación, buscando el necesario consenso, el respeto a la ley y el Derecho , una conjunción inteligente de esfuerzos del Estado, los privados, sectores representativos de los productores y cooperativistas agrarios, puede llegarse a resultados más felices que si se actúa unilateralmente y con métodos que pueda impresionar autoritarios.

Convengamos que no resulta acertado que el Presidente anuncie públicamente el proyecto intervencionista  con la sola presencia de una ignota senadora, ajena a la región afectada, ausente el gobernador de Santa Fé y el ministro de Agricultura que se entera por los diarios, y pasando por alto que hay un proceso judicial en marcha que no se puede ignorar..

Tal metodología, que , para peor, después tiene que ser desandada, que impresiona negativamente como el “exprópiese” Chavista, da pie al sector duro de la oposición para  confundir a mucha gente con el argumento que es el primer paso a “atacar  la propiedad privada” que “marchamos hacia Venezuela”, etc.

No, no marchamos a Venezuela.

Ya lo dijo con claridad el presidente de la Sociedad Rural de Córdoba: las diferencias con  nosotros son muchas, Argentina es superavitario en alimentos cosa que no ocurre en la “república Bolivariana”.

El objetivo primordial que es salvar a la empresa, puede malograrse si, actuando con torpeza y “palos de ciego”, se le dan argumentos a cierta estrategia tremendista y desestabilizadora de un sector de la oposición.

 Tampoco en estos temas, hay que actuar con anteojeras ideológicas. No se trata de “salvar a la Patria”, cantando la marcha de San Lorenzo, sino de buscar la mejor solución práctica a un problema grave , más serio aún en el contexto que se vive.

El “fundamentalismo ideológico” de un lado puede activar el “fundamentalismo avivado” de otros que buscan pescar en río revuelto.

Hoy leo la noticia según la cual el gobierno nacional resolvería postergar el tratamiento de temas “polémicos” –reforma judicial, impuesto a la riqueza, Consejo Económico Social, ley de Hidrocarburos- hasta después de la Pandemia.

Eso está bien, recordamos que en 1940, cuando Inglaterra era bombardeada noche y día por los aviones nazis, conservadores, liberales y laboristas dejaron de lado, momentáneamente sus diferencias y formaron un gabinete de coalición mientras duró la guerra.

Algo parecido pasa aquí, tenemos un enemigo común más peligroso, el COVID 19 y en ese marco, no podemos darnos el lujo de ahondar la grieta,  distraernos en peleas menores cuando es primordial unirse para afrontar la dura emergencia.

Pasada la pandemia –que alguna vez ha de terminar de un modo u otro- deberemos pensar en recuperar lo perdido. Pese al cimbronazo, un país como el nuestro tiene grandes posibilidades de recuperación: el mundo necesitará alimentos y ahí es donde podemos ser competitivos. De la crisis sólo se saldrá exportando, de ahí la necesidad de no dejar desaparecer y rescatar, del modo más conveniente y menos traumático posible una de las principales empresas alimenticias exportadoras de la Argentina.