Pensar para Educar, por Tekoá

Volver a las aulas: La emergencia del cuándo y el problema del cómo

Las vacaciones se terminaron y comenzó la cuenta regresiva para el día de inicio de clases. Hay consenso en que es importante el regreso a las aulas.  Además, las familias necesitan reorganizar sus vidas. Los trabajos de los adultos exigen presencialidad, aunque el Ministerio de Trabajo dispuso la justificación de inasistencias para aquellas personas con menores a cargo, atendiendo a la dinámica en que se organizarán los días y horarios escolares, también hay familias que sobreviven a merced del mercado y deberán adaptarse a las decisiones protocolares sanitarias de cada institución educativa. 

Es muy importante este regreso que comienza paulatinamente en las provincias. Mientras se tomaron decisiones, se intentó instalar otra grieta que se evaporó rápidamente. El gobierno nacional también entendió la importancia del regreso a las aulas, porque los que dicen que es imposible verse o juntarse pensaron que, de algún modo, la vida tiene que seguir a pesar del riesgo. Un riesgo de vida que corren los adultos ante esta decisión, independientemente de sentir que es una medida que se supone correcta. Se debería señalar que en este regreso hay muchísimo de especulación y no se piensa necesariamente en el bienestar de la comunidad educativa.  

En el país, las estimaciones dicen que se van a mover con la vuelta a clases alrededor de 11 millones de personas, entre estudiantes y docentes (no entran en estas estimaciones los adultos que deben acompañar). Es decir, que son muchísimos los actores involucrados en educación y la sensación es que aparecen algunos elementos que no dan cuenta de la emergencia. Una emergencia planetaria que exige flexibilidad y movimientos atípicos.  

Uno de ellos es el de la movilidad segura, en términos de salud, hacia y desde los establecimientos educativos, los horarios de entrada y salida que, en este momento, están sujetos a decisiones de los equipos directivos que deben reorganizar la dinámica escolar. El movimiento de las familias es un tema del cual poco se habla o sí se habla, en los últimos días, del fuerte incremento de los pasajes del servicio de transporte público que, obviamente, repercutirá significativamente en la economía familiar.  

Otra cuestión que genera incertidumbre es el de aulas en que se respete el distanciamiento además de estar ventiladas. Las aulas que no tienen ventilación natural no se pueden usar, así de simple.  La ventilación es indispensable para los lugares donde hay personas juntas.  Se suman a este inconveniente, el problema de los sanitarios, siempre irresueltos y acumulados, la higiene protocolar y los recursos necesarios para la atención, la infraestructura edilicia sostenida por años en malas condiciones, los y las docentes que se trasladan de una escuela a otra y demás situaciones complejas.  Así de difícil es la realidad en este contexto. Quizás no es imposible el regreso a clases presenciales, se necesitan y es seguramente lo que estudiantes y familias estaban esperando, pero nada huele a bienestar de la comunidad educativa. Hay que pensar en la educación y en dejar de hacer la política del como si: como si se ocuparan de la infraestructura en general, de elementos de higiene, del transporte y de las numerosas problemáticas que se podrían agregar.

¿Qué tal si se ocupaban durante el año pasado e invertían en hacer lo que hoy se piensa al límite del inicio de clases? Siempre pasa. No se piensan y no se llevan a la práctica soluciones con tiempo. El 1° de marzo vuelven las clases, pero hay muchas cosas por hacer. Hay pocas certezas en cuanto a medidas sanitarias y es así, que en el medio de este panorama y la urgencia de cuándo se inicia el ciclo lectivo excede al cómo se organizarán los establecimientos educativos para cumplir con los requerimientos de sanidad y,  además,  enseñar en un marco de documentos provinciales con sugerencias pedagógicas para organizar los contenidos en la presencialidad y que,  dependiendo de la capacidad de las aulas y la cantidad de estudiantes, se proponen prácticas combinadas o mixtas (tiempos de presencialidad y no presencialidad).

La vuelta a la presencialidad quedó definida en conceptos tales como “aula burbuja” y la admisión de no más de quince estudiantes por espacio físico. La responsabilidad de la organización recae en los establecimientos educativos. Cada equipo de conducción tiene autonomía en las decisiones en función de las contingencias que se presentan en los edificios escolares. Es posible pensar que se hará lo que se pueda.

El regreso a la escuela, tal como se la conocía, es inviable si se respetan los protocolos actuales de distancia - no entran en un aula todos los estudiantes-  y la “burbuja” es relativa considerando que son muchos los docentes que se trasladan de una escuela a otra y que también muchos trabajan en dos y más escuelas.

Probablemente la alternancia entre clases presenciales y virtuales se va a sostener todo el año, pero no puede perdurar en el tiempo el traslado de las actividades escolares a las familias, cuando se sabe que en muchos hogares solo hay un dispositivo tecnológico y también se sabe que no todos los estudiantes pueden conectarse y que no todas las familias pueden acompañar los aprendizajes.   

De igual forma, se abren muchos interrogantes sobre la educación, por los modos de enseñar, por los contenidos que imponen estos tiempos aciagos del siglo XXI ¿Dónde está la discusión? ¿Qué enseñar en un contexto de grandes cambios sociales y culturales? ¿Cuánto se aprendió fuera de la escuela? No solo se aprendió a lavarse las manos, usar barbijos, mantener distancia y cuidar la higiene de cada lugar que se ocupa, sino y también se aprendió que un virus ataca a toda la humanidad y que todos somos iguales dentro de la especie humana y, quizás, sea una oportunidad de avanzar como comunidad potenciando estos aprendizajes.

La escolaridad presencial interpela y atraviesa a la sociedad. Todos reclaman su ausencia. Una ausencia que desorganizó la cotidianidad. Si se la extrañó, si se la valoró, si las familias se involucraron, quizás es el momento oportuno para renovarla y pensar en la escuela que se necesita en estos tiempos.

 

Tekoá. Cooperativa de Trabajo de la Educación