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Argentina y Brasil: el contraste regional ante un mundo en guerra

Mientras la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán expone que detrás del discurso de los derechos humanos late una disputa descarnada por petróleo, gas y control de rutas estratégicas, en América del Sur también se juegan definiciones. El pragmatismo soberano de Brasil bajo Luiz Inácio Lula da Silva contrasta con el alineamiento automático de la Argentina de Javier Milei, en un escenario global donde la energía define poder y la autonomía ya no es un gesto simbólico, sino una cuestión de supervivencia nacional.

Guillermo Peñalver. Abogado

3 marzo, 2026

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7:04 pm

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Frente a la escalada bélica entre Estados Unidos, Israel e Irán, las posiciones en América del Sur exponen modelos profundamente distintos de inserción internacional.

Brasil, bajo la conducción de Luiz Inácio Lula da Silva, ha sostenido una política exterior pragmática basada en el diálogo y la multipolaridad. Su participación activa en los BRICS, el mantenimiento de relaciones abiertas con diversas potencias y una estrategia que combina diplomacia, comercio e inversión le han permitido preservar márgenes de autonomía. Con tasas de desempleo bajas, inflación moderada y estabilidad macroeconómica relativa, Brasil procura fortalecer su soberanía sin recurrir a alineamientos automáticos ni confrontaciones ideológicas permanentes.

Argentina, en cambio, atraviesa una contradicción estructural entre potencialidad y realidad. El país posee capacidad para producir alimentos para 450 millones de personas según el INDEC, además de reservas estratégicas en Vaca Muerta y litio que podrían garantizar seguridad alimentaria y energética. Sin embargo, bajo el gobierno de Javier Milei, esa potencialidad no se traduce en bienestar interno: se observa una apertura acelerada al capital extranjero sin una estrategia integral de resguardo soberano. La política exterior se caracteriza por una fuerte carga ideológica y un alineamiento automático con determinadas potencias, comprometiendo su seguridad alimentaria y energética y exponiendo sus reservas naturales a intereses externos, debilitando su margen de decisión en un escenario global cada vez más tenso.

EL PRECEDENTE VENEZOLANO: RECURSOS Y PRESIÓN INTERNACIONAL

Antes de que Irán ocupara el centro del escenario, la atención global estuvo puesta en Venezuela, país que concentra las mayores reservas probadas de petróleo del mundo: 303.000 millones de barriles, aproximadamente el 17 % del total global.

Cuando Caracas se consolidó como proveedor estratégico de China, enviando entre 740.000 y 750.000 barriles diarios en 2024-2025, la presión estadounidense se intensificó mediante sanciones y bloqueos. La lógica vuelve a repetirse: la disputa no se agota en la narrativa de derechos humanos o seguridad, sino que se vincula directamente con el acceso a recursos esenciales para sostener la supremacía energética y geopolítica.

Estados Unidos enfrenta dificultades para competir con China en precios industriales y volumen de producción. El punto vulnerable de Beijing es la energía: petróleo y gas son indispensables para sostener su expansión industrial. Limitar ese acceso se convierte en un objetivo central de la estrategia norteamericana.

Irán ocupa un lugar clave en ese tablero. Posee alrededor del 13 % de las reservas probadas de petróleo mundial y administra South Pars, el mayor yacimiento de gas natural del planeta. Además, controla el Estrecho de Ormuz, por donde circula cerca del 21 % del petróleo global, según la Energy Information Administration (EIA). Quien condicione esa ruta energética dispone de una herramienta decisiva sobre el suministro mundial.

En este esquema, Israel actúa como aliado estratégico de Washington en Oriente Medio, participando en operaciones y bloqueos que buscan sostener el equilibrio de poder frente al avance chino. Bajo la narrativa de derechos humanos y seguridad internacional, se despliega una disputa estructural por hegemonía y control de recursos.

LA TRAGEDIA HUMANITARIA

Mientras las potencias disputan influencia, el costo lo pagan los civiles. Reportes internacionales indican que una bomba impactó en una escuela primaria femenina en Irán, causando la muerte de 85 niñas y decenas de heridos, según TBS News.

El episodio expone con crudeza la lógica de la guerra contemporánea: cuando la hegemonía global se vuelve prioritaria, los derechos humanos pasan a convertirse en daños colaterales.

HEGEMONÍA O COOPERACIÓN

El mundo enfrenta un dilema histórico: profundizar la lógica de confrontación por recursos estratégicos o avanzar hacia un orden multipolar sustentado en cooperación, reglas claras y respeto al Derecho Internacional.

Irán en llamas no constituye solo un episodio bélico aislado. Es la expresión visible de una disputa estructural por energía, rutas comerciales y poder global. Para países como Argentina, con vastos recursos energéticos y alimentarios, la enseñanza es directa: sin soberanía efectiva sobre los recursos estratégicos, la independencia política se transforma en una ilusión, y la entrega de reservas al capital extranjero incrementa la vulnerabilidad y compromete el futuro nacional.

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