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No la vieron venir: las falacias de Milei

En medio de la confusión política que se produjo al final del Gobierno de Alberto Fernández, y con un electorado muy afecto a la adhesión de lo novedoso, es que un personaje insólito, fuera de todo contexto tradicional en política, y sobre todo a los del “milenium” (nacidos a partir del 2000), fue lo novedoso que traería el “cambio”. Como pasó con Macri, se produjo un fenómeno de adhesión masiva a la nueva protesta.

Ricardo Monetta

14 enero, 2026

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11:10 am

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No se puede obviar que Milei salió tercero a 6 puntos de Massa, y que, con el apoyo de Macri empujando a Patricia Bullrich, logró el triunfo en el “ballotage”.

Fue así que el candidato de ultraderecha habló en el “Council of América” y fue aplaudido por un auditorio de empresarios que escucharon lo que querían, o sea, un programa de máxima del gran capital, en defensa de la propiedad privada y la demanda por rentabilidad acrecentada en tiempos complejos del capitalismo contemporáneo, y no solo en Argentina, que se confirmaría en los tiempos actuales.

En ese entonces, Milei les presentó un proyecto a 35/45 años y recuperar un plan liberal, el de Alberdi (1850-1860), que logró “éxitos” en cinco décadas (?), hacia 1910, desde el imaginario de la “Argentina Potencia”, entre los principales países del capitalismo mundial, por su PBI, obviando el retraso social y la dependencia del capital externo a la que se asociaba la oligarquía terrateniente de esos tiempos. Pero además, 1910 era tiempo de ESTADO DE SITIO y represión a los trabajadores, base de la década infame en años siguientes y de golpes militares restauradores del poder oligárquico desde 1930.

En esa reunión, Milei les propuso a los empresarios una Revolución Liberal, sustentada en cuatro aspectos:
*Una reaccionaria reforma estatal, similar a las de Menem, Cavallo o De la Rúa.
*Una regresiva reforma laboral (que se está por cumplir), denominada “modernización”, dialogada en ese entonces por Barrionuevo y Martínez (modelo UOCRA).
*Apertura de la economía como en los 80 de la dictadura de Videla y Martínez de Hoz o los 90 del menemismo, o el macrismo.
*El cierre del Banco Central con dolarización y más deuda y dependencia, ofreciendo los títulos en mano de los bienes del Estado para sustentar el cambio de moneda.

Entre las falacias de Milei opera el ejemplo de la India y de Irlanda, escamoteando el origen colonial dependiente de la dominación del Imperio Británico, usurpadores de Malvinas que Milei nunca defendió.

La lucha por la Independencia es una asignatura pendiente de todos los territorios colonizados por el capital, y que ahora está resurgiendo en todo el mundo. Es parte de la lucha independentista de Irlanda (católicos vs. protestantes), subordinada al mismo tiempo que se liberaba Haití a comienzos del siglo XIX, jamás perdonada por ser la primera revolución antiesclavista triunfante en el mundo. Por eso, la Independencia es el objetivo incumplido en la Argentina.

Otra falacia de Milei remite al escamoteo del “reclamo a la tierra” para quien la trabaje, con la que los arrendatarios reclamaron la Reforma Agraria contra el poder terrateniente en el Grito de Alcorta de 1912. La Argentina potencia del centenario se sustentaba en el poder terrateniente y el capital externo, justificado en la explotación de las fuerzas del trabajo y la “apropiación privada” de los bienes comunes, especialmente la tierra. Por eso, la falacia de Milei de la “Argentina potencia” N.º 1 del mundo en 1910 fue producto del auge liberal del programa de Alberdi, obviando el Estado de Sitio por el conflicto social extendido en el Centenario. La riqueza de 1910 tiene base en la autoapropiación privada de las tierras, genocidio mediante de los pueblos originarios, y la gran inmigración de trabajadores.

Las falacias de Milei sostienen que la riqueza la producen los privados (empresarios), cuando los clásicos de la economía, incluso los fisiócratas, sostenían hace más de dos siglos que la riqueza tiene padre y madre: el trabajo y la tierra; que el capital es trabajo acumulado, no pagado a sus creadores, los trabajadores.

Milei se sustenta en un plan de largo aliento para instalar en la conciencia social la ideología de la liberación y en la ausencia de un proyecto político alternativo contra el régimen del capital. No quiere decir que no existan esos proyectos en grupos, partidos en decadencia u organizaciones populares, sino que no logran una acumulación suficiente para ser opción de poder ante las miserias que sufre la mayoría de la sociedad.

Y esto tiene dos principales “responsables”: la ausencia de una verdadera Justicia cómplice, que por acción u omisión ha dejado que corra un viento de impunidad, ya sea dilatando o archivando hasta que le convenga, de un montón de delincuentes disfrazados de traje y corbata o vestidos de seda, traficando influencias en esta democracia tarifada.

Y, por otro lado, sufrimos el ejercicio de un capitalismo para ignorantes, que no tiene el compromiso ciudadano de saber dónde estamos parados y, como en 1810, “el pueblo quiere saber de qué se trata”.

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