La publicación del Comité Provincial lo presentó como una reafirmación de la unidad radical y de su papel en la gestión. Pero ahí está el problema: se confunde unidad con alineamiento, y participación con subordinación. Más que un radicalismo protagonista, lo que se mostró fue un partido sumiso y adaptado a un esquema de poder ajeno.
Hace apenas unos días, Rogelio Frigerio participó en Buenos Aires del relanzamiento nacional del PRO, convocado por Mauricio Macri y reservado a los referentes de ese partido. Allí la UCR no estuvo como protagonista, como corresponde entre fuerzas con identidad propia. En cambio, en Villa Elisa, sin necesidad siquiera de su presencia física, todo el mensaje político del encuentro apuntó a ratificar el rumbo de Frigerio y a mostrar a la UCR como fuerza de acompañamiento antes que como partido con voz propia.
Resulta imposible pensar que los afiliados radicales en función no tengan nada que cuestionar a la administración de Frigerio. Eligen callarse la boca. Y eso agrava la responsabilidad de Alicia Oviedo y del resto de las autoridades del Comité Provincia, del Congreso y de los comités departamentales y locales presentes; y también del ex gobernador de Corrientes, Gustavo Valdés. No fueron elegidos para entregar la UCR en bandeja a otra fuerza política. Fueron elegidos para velar por su autonomía, su doctrina y su capacidad de decisión. Una alianza electoral, además ya expirada, no los autoriza a vaciar al partido de su identidad.
La discusión de fondo es clara: el radicalismo entrerriano necesita recuperar independencia, voz propia y sentido partidario, antes de que la adaptación sumisa permanente vacíe de contenido su historia y su razón de ser.
Nosotros seguiremos luchando por eso.
El radicalismo entrerriano reafirmó su unidad y su rol en la gestión de gobierno


