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Sturze, el piola: un diálogo de tercer tiempo

Veníamos del fútbol cinco con un amigo al que no le gusta la política, de esos que en las elecciones dicen “que gane cualquiera, total yo mañana tengo que trabajar igual, gane quien gane”. Pero esta vez, por vez primera creo desde que somos amigos y hablamos de todo —de fútbol, de las vacaciones, de las familias, de la escuela de los pibes—, pero de política no, porque no le interesa, me dice siempre, en esta oportunidad, casi de sopetón, un poco preocupado me preguntó: “Che, ¿qué onda con la reforma laboral esa?”.

Sergio Brodsky

17 febrero, 2026

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5:57 pm

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Como soy larguero con las explicaciones, preferí resumir su espíritu con un ejemplo. Le dije, para ser claro, como ejemplo, que como él trabaja en relación de dependencia: “Vos hoy te enfermás, presentás un certificado y te pagan normal, ¿me seguís? Es decir, el cien por cien. Bueno, ahora con la ley de ‘modernización laboral’ que están por aprobar, si te enfermás te reconocen un 75%”, le expliqué.

“Ah, pero te re cagan”, respondió. Y “chocolate por la noticia”. Y eso no es nada: te echan sin pagarte, chau indemnizaciones; se te terminaron las horas extras, las vacaciones y miles de etcétera; todos esos derechos que pensabas que venían del cielo se van al diablo y vuelve el trabajo esclavo. Eso es lo moderno para el gobierno y los patrones a los que representa. “Leela, loco, leela”, le dije, “si no me creés; o si no mirá la nota que le hicieron a Sturzenegger, donde una vez más, riendo como una hiena, se hace el piola y dice que si vos te lesionás jugando al fútbol es una imprudencia tuya y el trompa no tiene por qué hacerse cargo de que te creíste el Cuti Romero y saliste a cortar lejos una pelota a la que no llegabas, a la que convengamos, Topa, ya no llegás, y te lastimás. Jodete, loco: o vas a laburar rengo y desgarrado o, zaz, la motosierra del 25%”.

Y la Bullrich dijo que, como hay muchos apiolados que presentan certificados truchos, no se van a reconocer tampoco las licencias por enfermedades crónicas. Si tenés una enfermedad grave, olvidate de la licencia; van a pagar justos por pecadores.

El “Topa”, que así le dicen a mi amigo, abría los ojos cada vez más grandes y, ensombrecido el rostro, me dice casi indignado: “La Bullrich es la que manda a cagar a palos a los barra brava de los jubilados y la que reprime a los piqueteros que corten calles, la ubico; pero ¿ese estursenosecuánto que dijiste, ese de apellido alemán que se hizo el piola, quién es?”.

Bueno, le dije, siempre se hace el piola. Imaginate que una vez se candidateaba para algo, creo que para diputado, y contaba excitado —yo creo, arriesgué, que sexualmente excitado—, explicaba cómo Durán Barba, el coaching de Macri que les decía lo que tenían que decir (me apuré a explicarle antes de que me pregunte), contaba en inglés, se ve que a algún reportero yanqui, porque el tipo siempre respondió al Imperio, no con gracia sino extasiado, que el asesor le indicaba que no diera propuestas ni explicara nada en el debate con otros candidatos, porque era piantavotos. Por ejemplo, le sugería que no hablara de la inflación, porque para eso tendría que explicar que se origina en la emisión y que no hay que emitir y que para dejar de emitir hay que ajustar y que eso quiere decir que la gente se queda sin trabajo, etcétera. Entonces, decía con los ojos desorbitados, brillantes, lascivo, que no lo diga, que mienta, que hable de la familia, de los hijos, de cualquier cosa, pero menos de lo que iba a hacer si lo votaban, porque si no, aseguraba, no lo votaba nadie.

De campaña: Sturzzeneger en Concordia junto al intendente Azcué. Octubre 2025

Pero sabés qué, Topa: Sturzenegger estuvo en el gobierno de Menem como economista en YPF; estuvo con De la Rúa como secretario de Política Económica, desde donde anunció el déficit cero y la rebaja del 13% a los jubilados, condiciones que le exigía el megacanje, conocido como “blindaje” del FMI, que fue un negociado porque se pagaron intereses desorbitantes —bah, los pagamos nosotros a costa de la miseria—; esa operación que terminó en desastre, ¿te acordás, Topa?, que nos cagamos de hambre, que el corralito, que los cacerolazos, que los saqueos, que los federales, que “que se vayan todos, que no quede ni uno solo”, y ahí siguen estando; que “piquete y cacerola, la lucha es una sola” (esa consigna que unía a las clases medias y a los piqueteros, que ilusos creímos duradera y promisoria). Estaban estos tipos también, Sturzenegger y Bullrich.

Volvió con Macri en 2015 al frente del Banco Central; eliminó el cepo, creó los polémicos créditos UVA indexados a la inflación, que se volvieron impagables, e ideó el carry trade —que eso sí que es un quilombo de explicar porque encima te lo ponen en inglés, idioma caro al ministro—, un procedimiento financiero. Porque vos sabés que ese gobierno, como este y como el anterior en que estuvo “Sturze”, son gobiernos de las finanzas a los que no les interesa la producción y el trabajo. El carry trade es una bomba, y ya sabés a quiénes perjudica.

Después de esa mala gestión fue reemplazado por Luis Caputo —¿lo tenés?, el ministro de Economía actual, el que se paga el café y las medialunas para no hacerle gasto al Estado como la casta—, y Sturze (le digo ya para abreviar y no enredarme) se escondió en las sombras y reapareció todo extenuado y satisfecho, otra vez con esa cara de avivado, presentando una megaley, pomposamente llamada Ley de Bases u Ómnibus, que además de inconstitucional en su mayoría y perjudicial a los intereses de la gente, fue votada por legisladores y gobernadores, tan piolas como él, con “patriotismo”.

Está claro que no digo piola en el sentido agradable, positivo, ni siquiera de sagaz, porque lo suyo no es astucia sino banca del poder; sino en su acepción de arrogante, abusador, que se hace el vivo, cuyo origen es el piolín del lunfardo, que le cabe como al mejor.

Así, este piola que se cansó de denostar a los trabajadores del Estado y de gozar con crueldad de sus despidos, ahora, como ministro de Desregulación, antiestado y pro mercado, está sospechado de contratos para que su mujer dicte clases de inglés en la Cancillería por, agarrate fuerte, 114 millones de pesos. Fijate vos qué piola… Igual, ¿vos creés que lo van a tocar? Olvidate, Topa. Es muy piola para eso.

Hay un solo lugar —a vos que te gusta el fútbol, ese lugar de las hinchadas— donde se valoran y reconocen aún el juego limpio, la honestidad y la justicia deportiva; donde se rechazan las avivadas; donde repugnan los vivillos y soberbios; donde estos piolas no entran, por más poder y dinero que tengan, por más bancas y bancos. La hinchada de Gimnasia sabe y jamás, jamás nunca lo incluirá como uno de ellos; jamás nunca dejará que se siente en la platea; lo rajarán, le cantarán la justa entre chiflidos e improperios, entre los que le dejarán en claro que en ese lugar sagrado del fútbol, en ese lugar de la pasión y los ideales, en ese sitio que tanto amamos, no hay lugar para los piolas.

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