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La mirada de un trabajador municipal: «Cuando el Ajuste en Concordia se Alimenta del Silencio»

Frente a la sucesión de hechos a los que se califica de persecución, amedrentamiento y despidos, un trabajador municipal `que se presenta como "escritor aficionado", hizo llegar a DIARIOJUNIO un escrito que publicamos textual. En ese escrito, en el que no esconde su identidad, Francisco Marturet señala en el título de su nota: "Cuando el Ajuste en Concordia se Alimenta del Silencio. Indiferencia y Poder en la Concordia de 2026" que el problema radica en "la apatía social y la falta de vocación de diálogo del Ejecutivo han creado un abismo peligroso". Lo que sigue es la nota de referencia.

15 enero, 2026

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9:01 am

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Por : Francisco Marturet

La Trampa del Silencio:

Hoy en Concordia, el silencio del Palacio Municipal pesa más que el ruido de las cacerolas. Vivimos un escenario donde la apatía social y la falta de vocación de diálogo del Ejecutivo han creado un abismo peligroso. No es solo un conflicto salarial; es la ruptura del contrato básico entre el Estado y el trabajador.

¿Qué nos pasa cuando la indiferencia y la apatía nos ganan la calle? Hoy en Concordia enfrentamos una realidad dolorosa: un Ejecutivo municipal que no solo carece de vocación de diálogo, sino que apuesta al desgaste de nuestra propia solidaridad.

El conflicto de este inicio de año se materializó en el frío rechazo de los relojes biométricos: cientos de trabajadores intentaron marcar su ingreso solo para descubrir que sus huellas habían sido borradas. Sin previo aviso, sin telegrama, sin una mirada a los ojos. Esta forma de «despedir por sistema» refleja una gestión que prefiere La deshumanización por sistema; la frialdad de la planilla Excel antes que el reconocimiento de la labor pública.

La Trampa de la Indiferencia:

Cuando la medida ya no «tiembla». Durante décadas, la movilización gremial era la herramienta para forzar el diálogo. Hoy, nos encontramos con un Ejecutivo que, lejos de llamar a una mesa de negociación, responde con vallas, cordones policiales y descuentos de haberes.

A lo largo de los años las medidas hacían temblar el poder, pensamos que siempre sería así; pero hoy, muchos trabajadores deciden no acompañar, sin entender que ese silencio es el que le da permiso al ajuste para avanzar sobre el de al lado… y pronto sobre uno mismo; la fragmentación interna es el combustible que el poder utiliza para avanzar. Si los trabajadores creemos que «a mí no me echaron, mejor no me meto», están alimentando la próxima lista de cesantes.

El mayor triunfo del poder es la fragmentación. El «compañero» rompehuelgas, el que mira para otro lado porque «a mí no me echaron todavía», está entregando la herramienta más sagrada que tenemos: la fuerza colectiva. Esa apatía es la que permite que el Ejecutivo nos ignore, porque un reclamo dividido es un reclamo que no asusta a nadie

 

Nuestros gremios como ATE, UOEMC y STEMC denuncian una persecución ideológica que busca «limpiar» la administración bajo el eslogan de la eficiencia, mientras se precarizan servicios esenciales. La ausencia de diálogo no es una muestra de firmeza, es una declaración de autoritarismo que deja a la ciudad rehén de un conflicto que podría escalar en plena temporada turística y de eventos sociales.

¿Qué nos pasa? Nos pasa que nos acostumbramos a la pérdida. Nos pasa que la indiferencia del de afuera valida el ajuste del de arriba. Si Concordia no recupera el diálogo institucional y la empatía colectiva, lo que hoy es una noticia sobre «contratos caídos» mañana será el vaciamiento de la ciudad que todos habitamos.

Denuncias infundadas y asambleas bajo vigilancia. La respuesta oficial a las asambleas legalmente realizadas ha sido la judicialización. Mediante denuncias sin sustento ante la Fiscalía de Turno, el Ejecutivo busca «legalizar» la presencia de la policía en nuestros lugares de reunión. No buscan el orden, buscan amedrentar al laburante que pide explicaciones mientras, a escondidas y bajo el amparo de la noche, mandan a retirar los vehículos oficiales sin sus choferes correspondientes, en una maniobra que roza la ilegalidad y el despojo.

La estafa del ajuste selectivo.

Mientras nos dicen que «no hay plata» y borran a cientos de trabajadores de los relojes biométricos, la realidad muestra una doble vara indignante:

  • Privatización por cooperativas: Se desplaza al trabajador con derechos para tercerizar tareas mediante cooperativas, precarizando el servicio y el salario.
  • Contrataciones VIP: El «ajuste» no llega a los amigos del poder. Se contratan jubilados monotributistas con sueldos de privilegio, asesores que ganan lo que un obrero no verá en meses, mientras se vacían las áreas operativas.

¿Qué pasa cuando no hay diálogo?

Pasa que la gestión se vuelve un monólogo de autoritarismo. Si no recuperamos la mística de la unidad y dejamos de lado la indiferencia, lo que hoy son «casos aislados» mañana será la norma para todos. Concordia no puede ser una ciudad donde se persiga al que reclama y se premie al que ajusta desde un escritorio. Es hora de entender que, si no temblamos todos juntos, nos caemos por separado.

 

Trabajador Municipal y Escritor aficionado

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