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La violencia como mandato divino
Un recorrido histórico que enlaza esoterismo, poder y violencia política para interpelar el presente. Desde la Triple A y la figura de José López Rega hasta las actuales expresiones de misticismo en el gobierno, una reflexión sobre la represión como respuesta al ejercicio de derechos constitucionales y sobre las huellas que la historia deja cuando el poder se reviste de mandato divino.

«El Brujo dijo alguna vez que él hablaba con el pensamiento.
Habría que intentar darle la palabra, a ver si logramos entender algo de todo este horror.»
Violencia y represión es la única respuesta que recibe el sector de la sociedad que aún cree en la vigencia de los derechos constitucionales. El art. 14 de la Constitución Nacional dice: “Todos los habitantes de la Nación gozan de los siguientes derechos: (…) peticionar a las autoridades…” (entre otros) y en el art. 22 queda expreso que “El pueblo no delibera ni gobierna, sino por medio de sus representantes…” Queda claro, entonces, que todo habitante tiene derecho a peticionar a las autoridades que los y las representan, es decir, legisladores (diputados y senadores) y quienes ejercen cargos ejecutivos electivos.
Aunque el actual gobierno no lo interpreta así, no lo entiende o tal vez no le interesa demasiado ni interpretar ni entender, y mucho menos reconocer los derechos acordados en 1853, en la Carta Magna que nos rige. A pesar de ostentar el discurso de que debemos volver al S. XIX, parece que no todo lo del siglo decimonónico es reconocible para este gobierno.
La sociedad lleva cuarenta y siete años viviendo en pleno ejercicio de los derechos constitucionales; tal vez por eso, o por quién sabe qué extraña razón educativa, ha olvidado releer la Constitución.
Este gobierno será recordado por la alianza entre esoterismo y violencia: un presidente que habla y pide consejos a su perro muerto; una secretaria general de la Presidencia que interpreta las cartas del Tarot, las que le señalaron que su hermano sería presidente (no podríamos poner objeción al método, al fin y al cabo se convirtió en presidente); y un grupo militante que se da en llamar las “Fuerzas del Cielo”, un grupo de jóvenes militantes digitales que dicen ser “el brazo armado de la libertad” y “la guardia pretoriana”.
El gobierno complementa los mandatos divinos con los mandatos represivos sobre quienes expresan disconformidad y ejercen su derecho a peticionar a quienes los representan.
¿Es esta una conjunción novedosa? ¿Es la primera vez que el poder real de la Nación está en manos de fuerzas esotéricas y violentas a la vez?
No, el antecedente más reciente y poco recuperado en las enseñanzas escolares y periodísticas es el de José López Rega. Este personaje era (casualmente) el secretario privado del presidente Juan Domingo Perón (al igual que Karina Milei es la secretaria del presidente Milei), quien va a elegirlo como su hombre de absoluta e incuestionable confianza.

José López Rega, «el brujo»
Si bien fue un proceso, se podría ubicar en noviembre de 1973, cuando se concibió una metodología que tiene sus padres en el esoterismo y la violencia: la Juventud Peronista, agrupada en Montoneros, publica una solicitada en el diario Clarín donde ataca a la “burocracia sindical”, a quienes acusa de “burócratas corruptos y sus socios menores de la burocracia política y juvenil, alimentados por brujos para cazar brujas”. A lo que Perón responde eligiendo reafirmar la confianza en López Rega y condena los ataques de la juventud. Este es el inicio de un ciclo de violencia y represión. Perón se respalda en el sindicalismo tradicional, avalando la expulsión de Agustín Tosco, quien lideraba la representación cordobesa en el poderoso sindicato de Luz y Fuerza, mientras que el congreso de otro poderoso sindicato, SMATA, expulsa a René Salamanca, ambos acusados de “inconducta sindical”. Las ideas nuevas, que se diferenciaban de las políticas gubernamentales, eran literalmente silenciadas.
El señor José López nace un 17 de octubre de 1916, en una humilde familia de inmigrantes españoles, en el barrio de Villa Urquiza. Fue un niño y adolescente solitario y retraído, intentando sobrellevar la ausencia de su madre —fallecida en el parto—, en lo que su padre no colaboraba mucho. José López conoce a Eva Perón en 1951, siendo cabo 1° de la Policía Federal; es designado a la custodia de Eva. Es allí donde toma contacto con personajes del mundo artístico y comienza a usar el apellido materno: Rega, con el deseo de llegar a ser cantante, sueño que acariciaba desde la primera juventud.
Es en ese tiempo en el que también profundiza sus estudios espirituales, esotéricos y ocultistas; va, paulatinamente, afianzando su relación con el general Perón.
Con el retorno de Perón a la Argentina y al gobierno, López Rega asume el Ministerio de Bienestar Social y se aboca a diseñar y constituir una fuerza parapolicial estatal de ultraderecha, financiada por la logia italiana Propaganda Due. Fuerza a la que, para integrarla, no era importante el origen peronista; de hecho, fueron fervientes antiperonistas los jefes de la logística operativa, los comisarios Alberto Villar y Luis Margaride. También la integraron miembros de la Policía Federal, las tres Fuerzas Armadas y delincuentes comunes como Aníbal Gordon, pero también hubo peronistas como Julio Yessi.
La A.A.A. (Alianza Anticomunista Argentina), fatídicamente conocida como Triple A, se presentaría en sociedad el 21 de noviembre de 1973 con el atentado al senador radical Hipólito Solari Yrigoyen. Una bomba detonó cuando ponía en marcha su automóvil, convirtiendo a Yrigoyen en la primera víctima de un atentado reivindicado por esa organización. Yrigoyen todavía no se había recuperado de un atentado perpetrado meses antes. ¿Por qué un apellido ilustre de la democracia argentina? “Yo militaba en la Unión Cívica Radical, que tiene sus raíces ideológicas en el humanismo del siglo XIX. Pero como ellos tenían una visión primitiva de la realidad, a cualquiera que profesara ideas liberales le ponían el mote de comunista. Por haber denunciado a la dictadura de Juan Carlos Onganía y por defender a los disidentes del peronismo, la Triple A me marcó como su primer objetivo”, va a recordar Yrigoyen tiempo después. Sus correligionarios pidieron protección policial: “Una sugerencia ingenua, que demuestra el grado de desconocimiento que teníamos los argentinos de la barbarie que se estaba gestando. Yo sí tenía el presentimiento de que confiar en la Policía sería un suicidio”. Pero su mayor sorpresa fue cuando, postrado en el hospital, llega “Isabel Martínez de Perón con un ramo de flores y, a unos pasos de distancia, silencioso y escrutador, López Rega, el hombre que había ordenado mi muerte. Pensé: estas cosas solo ocurren en las películas de la mafia, cuando el capo asiste a los funerales de su víctima. Isabelita, como era habitual, estaba en las nubes. Al ver mi estado chistó y dijo: ‘¿Qué quieren estos desalmados? ¿Convertirnos en una segunda Cuba, en un Chile?’”, cuenta la primera víctima de la Triple A.
López Rega utilizó sus saberes esotéricos para acercarse al poder. El “Brujo” fue clave en el aparato represivo previo a la infame Dictadura Cívico-Militar, pero su imagen pública de esoterista ayudaría a transformarlo en un símbolo de una sociedad desquiciada por la violencia política (…) La figura del ministro de Perón recibió un extendido interés y, ya desde su aparición pública, la prensa conjeturaba acerca del singular personaje, mezclando la condescendencia y el temor para con un personaje fascinante.
Astrología Esotérica es uno de sus libros más conocidos, un texto de 400 páginas. Se divide en cuatro partes: Zodíaco Multicolor, Zodíaco Vegetal y Zodíaco Musical; en ellas se relacionan los signos del zodíaco con los colores, aromas y sonidos respectivamente. El libro, cargado de números, tablas, gráficos y cartas astrales, intenta impresionar al lector con un aparente cientificismo que lo vuelve intrincado y hasta poco serio.
A la Triple A se le llegaron a probar más de dos mil asesinatos: sindicalistas, dirigentes de izquierda (peronistas, marxistas y comunistas), legisladores, artistas e intelectuales fueron quienes sintieron su fuerza mortal.
En síntesis, José López Rega, proveniente de una familia disfuncional, carente del amor materno y con un padre distante, logra abrirse camino en el poder usando artimañas asociadas al esoterismo y el espiritismo, ámbitos en los que transitó a lo largo de su vida. Sueña con ser famoso cantando y llega a ser famoso asesinando. Cuando parte de la sociedad comienza a hacer reclamos sobre las políticas gubernamentales, donde era el hombre fuerte como secretario privado, no duda en ejercer la violencia usando el poder del Estado para conformar una fuerza policial paraestatal, que será la sala de ensayo de lo que posteriormente se conocerá como la metodología del terrorismo de Estado, en los años oscuros de la Dictadura Cívico-Militar.
La historia no se repite igual, nunca; pero siempre deja huellas que pueden ser leídas para comprender el presente y decidir qué futuro queremos construir.
Verónica López
Lic. en Cs. de la Educación.
[1] Estudios sobre la historia del esoterismo occidental en América Látina. Enfoques, aportes, problemas y debates. (2018) AAVV . Ed. Filo: UBA
[2] Fuente: vientos del sur.info/29 de enero 2007
[3] Hernán Facundo López – historiador – 2018
