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La élite criminal está enterrando la verdad sobre los archivos de Epstein (1ra Parte)
La publicación masiva de documentos del Departamento de Justicia de EE. UU. expuso una trama de poder, espionaje y chantaje que compromete a figuras políticas, económicas y mediáticas de alcance global. En esta primera parte, se plantea que los archivos revelan no solo delitos individuales, sino la lógica de una red de protección y complicidades que atraviesa fronteras e ideologías.

Pero también fue fundamental cómo atrajo a figuras muy poderosas a su círculo más cercano, a un mundo de fiestas privadas, decadentes y explotadoras en Nueva York y en su isla caribeña. Cuantos más documentos salen a la luz, más se ve claramente la imagen de un Epstein protegido por esta red de aliados que, o bien se entregaron a sus crímenes, o participaron activamente en ellos con las consecuencias de su propia depravación. El modus operandi de Epstein se parecía al de un jefe de la mafia que requiere que los “iniciados” participen en un asesinato antes de convertirse en miembros plenos de esa mafia.
Su red de amigos y conocidos se escondía tras él, asumiendo que eran intocables. Su abuso hacia mujeres y niñas no era solo un delito personal. Al fin y al cabo, ¿para quiénes él y su proxeneta principal, Ghislaine Maxwell, llevaban a cabo este tráfico sexual? Por eso precisamente muchos de los millones de documentos publicados fueron cuidadosamente censurados, no para proteger a sus víctimas, que aparentemente se identifican con demasiada frecuencia, sino principalmente para proteger los círculos depredadores a los que Epstein servía. Él estaba en el centro de una red global de figuras muy poderosas de ambos lados de esa supuesta división política entre la izquierda y la derecha. El “pegamento” que parece haber unido a muchas de estas figuras fue su trato abusivo hacia jóvenes y niñas vulnerables. De esta manera, las fotos de hombres con mujeres jóvenes, casi niñas, sugieren que Epstein había acumulado pruebas incriminatorias que servían como una forma de chantaje sobre ellos.
Las invitaciones para venir a pasar un tiempo a su isla eran como una trampa utilizada por agencias de espionaje.
Esto no debería sorprender. Una vez más, las huellas de los servicios de inteligencia, especialmente de Israel (Mossad), se encuentran en varios archivos. Por supuesto, existía un vínculo íntimo con Maxwell, cuyo padre, magnate de los medios, había sido agente israelí. Y el mejor amigo de Epstein, Ehud Barak, ex jefe de Inteligencia Militar israelí, que luego fue primer ministro. Esa amistad le permitió al medio Drop Site News mostrar a Epstein ayudando a Israel a negociar acuerdos de seguridad con países como Mongolia, Costa de Marfil y otros. Un documento desclasificado del FBI cita a una fuente confidencial que afirma que Epstein estaba muy cerca de Barak y fue entrenado como espía bajo sus órdenes. En un audio recién publicado, Epstein aconseja a Barak que descubra más sobre la empresa de EE. UU. de análisis de datos “Palantir” y que conozca a su fundador, Peter Thiel. En 2024 Israel firmó un acuerdo con Palantir para servicios de IA que ayuden al ejército israelí a seleccionar objetivos en Gaza. Hay una razón por la que la demanda de los archivos de Epstein ha sido tan alborotadora, tanto que incluso el mismo Donald Trump ha tenido que ceder, a pesar de las situaciones difíciles en que lo situaba como protagonista.
Es que gran parte de lo que vemos que ocurre en la política exterior es cada vez más degradante y corrupta, y parece desafiar la explicación racional, y mucho menos la moral. Las élites occidentales han pasado años colaborando activamente en masacres masivas como el genocidio de Gaza, y luego etiquetando a cualquier oposición a ello como terrorismo y antisemitismo. Pura hipocresía.
Quizá una élite sin alma y carnívora al mando de nuestras sociedades sea menos caricaturesca de lo que parece.
Hace más de 400 años, el escritor inglés Christopher Marlowe se inspiró en los cuentos populares alemanes para escribir su obra truculenta “Doctor Fausto”, sobre un erudito que, a través del intermediario Mefistófeles, acepta vender su alma al diablo a cambio de poderes mágicos. Así nació el pacto faustiano, mediado por Mefistófeles, similar a Epstein. Sin embargo, los archivos de Epstein sirven principalmente para ahogar una historia mucho más veraz y cruel que lucha por ver la luz. Los archivos no solo nos muestran las decisiones oscuras de pocos individuos poderosos, que ponen de relieve la lógica degenerada de las estructuras de poder detrás de esos individuos. Las figuras poderosas que llevaron el “Lolita Express” (avión de Epstein) a su isla, y que recibieron “masajes” de mujeres y niñas víctimas de trata, y que bromeaban en los audios sobre los abusos que sufrieron estas jóvenes, son las mismas personas que ayudaron a Israel a cometer una masacre masiva en Gaza y defendieron su derecho a hacerlo.
Dejando de lado su pedofilia por un momento, Epstein fue la personificación definitiva de dos ideologías corruptas y gemelas: el neoliberalismo y el sionismo, que dominan las sociedades occidentales. Esa fue la razón suficiente para destacar durante tanto tiempo en sus niveles superiores. Los destinos finales de esas ideologías siempre iban a conducir a un genocidio en Gaza y, en los años siguientes, a menos que se los detuviera, a un holocausto nuclear.
El “caso Epstein” estremece al conjunto de Estados considerados “desarrollados”. Se sabe que Jeffrey organizó una red de informantes por cuenta del Mossad y de la rama franco-suiza de los Rothschild. Para poder chantajearlos, Epstein proponía a ciertos altos personajes relaciones sexuales extraconjugales y poco a poco los implicaba en truculentas acciones de perversidad como torturas, asesinatos y canibalismo. No hay nada nuevo en este tipo de chantaje. En Francia se vio el caso “Doucé” en 1990, y Bélgica fue el escenario del caso “Dutroux” en 1995. En este momento, 35 personas muy importantes relacionadas han negociado con el fiscal general de EE. UU. y han desembolsado millones para obtener impunidad y evitar que se mencionen sus nombres.
Se ignora cuál ha sido el criterio utilizado por el Departamento de Justicia para determinar el orden de publicación de los documentos. No obstante, se sabe que varios jefes de Estado y/o de gobierno, actualmente en funciones, están implicados. Algunos, como producto del chantaje, entregaron datos económicos, financieros, y otros revelaron secretos políticos, militares o diplomáticos. Todos cometieron actos penados por la ley y traicionaron a sus países.
Para una pequeña élite de supermillonarios, es necesaria una libertad no vigilada para acumular más riqueza y poder; y mientras tanto, para combatir “el aburrimiento” que les produce, se introducen en un mundo que es de juego, placer y morbosidad para servir de fondo a los jugadores reales. Total: ¿qué importa si las niñas sufren, ya sea en Gaza, en las mansiones de los millonarios o en una isla del Caribe?
El problema para soslayar a la justicia del Departamento de Estado es que entre los documentos hallados hay varios pasaportes ucranianos, y se sabe que Epstein viajó repetidamente a Kiev y que el francés Jean-Luc Brunel cumplía encargos para el reclutamiento de niñas ucranianas. Brunel dirigía las agencias de contratación de modelos Karin Models (en París) y MC2 en Miami. Este personaje, acusado en Francia de proxenetismo, tuvo la oportuna “idea”, como Epstein, de “suicidarse” (?) en la prisión de La Santé. Por su parte, Timur Mindich, mano derecha de Zelensky, dirigía una agencia de modelos, Fire Point, en Kiev. Los secuestros de niños ucranianos por Zelensky son vomitivos.
No cabe duda de que los archivos de Epstein serán utilizados como arma política de acuerdo con los personajes involucrados, especialmente Donald Trump, sea o no un estorbo para la continuidad de un establishment absolutamente corrupto y degradado.
Estamos frente a una Humanidad que ha abierto las puertas del Averno.
Fuente: con información de Prensa Alternativa
