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Amigos son los amigos: cómo el FBI e Israel manipularon a Trump

En una siniestra maniobra de conspiración, el FBI fabricó supuestos complots para convencer a Donald Trump de que Irán buscaba asesinarlo, mientras que Israel y sus aliados dentro de la administración (AIPAC) explotaron los temores más profundos del ahora presidente de EE.UU. con el objeto de mantenerlo en la senda de la guerra.

Por: Ricardo Monetta

4 abril, 2026

12:55 pm

Tan es así que cuando le preguntaron por el asesinato del ayatolá Jemenni, él contestó: «les di antes que me diera a mí», contestó no sin euforia.

Con ese comentario improvisado, Trump reveló que esa ansiedad en torno a su propio asesinato en manos de «agentes iraníes» influenció en su decisión de iniciar una guerra de «cambio de régimen», como se dice ahora. Los miedos generalizados por un asesinato que aquejan a Trump tienen sus antecedentes. Por muy poco casi fue asesinado el 13 de julio de 2024, en Butler, Pennsylvania, cuando un estudiante de ingeniería de 20 años, Thomas Crook, logró disparar ocho veces antes de que fuerzas policiales lograran abatirlo, rozando apenas su oreja y fallando en darle a su cabeza por un inesperado giro de Trump en ese momento. Dos meses después, un vagabundo llamado Ryan Routh fue arrestado luego de esconderse en los arbustos a las afueras de la propiedad de Mar-a-Lago del entonces expresidente, en West Palm Beach, Florida. Routh había sido descubierto luego de apuntarle con un rifle de asalto a un agente del Servicio Secreto, mientras Trump jugaba al golf a 300 mts. de allí.

Una revisión del caso Merchant revela que, como mínimo, se trataba de una operación encubierta altamente controlada por el FBI, que nunca supuso una amenaza para Trump. Los registros y escuchas revelan que Merchant podría ser el «chivo expiatorio» en un caso totalmente fabricado por agentes encubiertos.

Elementos pro-guerra en la camarilla de Trump ejercieron múltiples puntos de influencia para revertir los instintos antiintervencionistas del presidente. Multimillonarios ultrasionistas proveyeron una influencia vital y documentada sobre las políticas de Trump al mantener el flujo de caja de las arcas de la guerra. Fue solamente al explotar las vulnerabilidades psicológicas más profundas de Trump (su miedo a la «bala asesina») que Israel y sus cómplices dentro de su misma administración fueron capaces de asegurar su influencia sobre el presidente, manteniéndolo en el camino de la guerra contra Irán. No olvidemos que el 20 de enero de 2020, el comandante de las Fuerzas Revolucionarias de Irán, Qassein Solimani, fue asesinado cuando desembarcó en el Aeropuerto de Bagdad con un dron de EE. UU. y un misil Hellfire. Trump emitió la orden de matar al general iraní por presión de los ultrasionistas Mike Pompeo y John Bolton, lo que evidenció la vulnerabilidad de Trump de tomar decisiones apresuradas sin contemplar las consecuencias. Al matar a Soleimani, Trump puso a EE. UU. en una guerra abierta contra Irán, que era justo lo que esperaba Netanyahu. Así fue: mientras Trump le temiese a un ataque personal del IRGC acechando detrás de cada esquina, era lógico que estuviese más propenso a autorizar una guerra de cambio de régimen contra Irán.

El primer complot de tono iraní llegó en 2022, cuando el Departamento de Justicia presentó cargos contra un ciudadano iraní, Sharam Poursafi, por supuestamente contratar a un sicario para matar a John Bolton, director del Consejo de Seguridad. Sin embargo, el sicario resultó ser un informante del FBI, y el plan fue urdido por el Buró.

Como reportó el periodista Ken Silva, el oficial del FBI que supervisó la trama para matar a Bolton, Steve Dautono, fue el mismo funcionario que se valió de informantes pagos para que, en 2020, miembros de una milicia de derecha intentaran secuestrar a la gobernadora de Michigan, Gretchen Whitmer.

Luego, cuando Thomas Crooks, de 20 años, llegó a un campo ferial en Butler, Pennsylvania, donde el candidato Trump iba a hablar, Crooks hizo volar un dron de reconocimiento por 15 minutos para vigilar el área. En una coincidencia MUY significativa, el sistema antidrones del Servicio Secreto estuvo fuera de línea toda la mañana (?) y parte de la tarde, hasta que Crooks trepó a una tarima sobre un techo apenas inclinado a 120 mts. de Trump y, con mira telescópica, disparó ocho veces al candidato, fallando en darle en la cabeza por una pulgada, hasta que un funcionario de la policía respondió el fuego abatiendo al tirador. O sea que un tirador del Servicio Secreto titubeó 15 segundos en disparar al francotirador, amén de que, curiosamente, no habían registrado su presencia sospechosa (?).

Sin embargo, como descubrió el periodista Ken Silva, un memo interno de la directora del Buró de Prisiones, Collete Peters, confirmó que Merchant no tuvo ningún tipo de contacto con algún activo de inteligencia iraní en los EE. UU. Efectivamente, los supuestos asesinos iraníes con quienes al parecer tuvo contacto e interactuaron con Merchant dentro de los EE. UU. eran informantes encubiertos trabajando para el FBI.

En la cobertura del juicio, el New York Time concluyó que Merchant nunca estuvo ni cerca de alcanzar la visión de su controlador iraní. Pero en 2024, mientras se esparcía la noticia del arresto de Merchant, figuras importantes cercanas a Israel en el círculo cerrado de Donald Trump aprovecharon el caso para exacerbar la ansiedad sobre la supuesta ira del ayatolá sobre el candidato. Lo cierto es que el FBI había estado tan enfocado en confeccionar complots en el suelo de EE. UU. que ignoró un rastro de años de comentarios en YouTube que dejó el futuro asesino, declarando abiertamente su intención de matar a políticos y funcionarios policiales en el país, con la esperanza de lograr una guerra civil. El congresista Mike Waltz, un aliado de Trump, fue designado para investigar la conspiración de Crook en Butler con el frustrado intento de asesinato de Trump. No hay que olvidar que el lobby israelí y los aliados de Netanyahu silenciosamente hayan propiciado su ascenso, porque Waltz era una especie de tabla de salvación de Israel dentro de la administración, habiéndose preparado por el lobby israelí desde que inició su carrera en el Congreso. Para Waltz, fue un intento de una conspiración iraní. Para él y otras figuras alineadas con Israel, conectar el intento de Butler con Irán parecía ofrecer un camino directo al conflicto.

Para el 4 de marzo de 2026, el secretario de Guerra y ex personalidad de Fox News, Pete Hegseth, se paró frente a un atril en el Pentágono y juró desencadenar muerte y destrucción desde el cielo todos los días sobre Irán (competirá con Trump quién más «matón»). Aprovechó la oportunidad para decir que el líder de la unidad que intentó asesinar al presidente Trump ha sido cazado y asesinado. «Irán intentó matar a DT, pero el presidente se rió último».

Aunque Hegseth no nombró a la figura, un periodista israelí, que figura como escribiente preferido de Netanyahu, Ami Segal, reveló —sin mostrar pruebas que lo certifiquen— que Israel había asesinado a un oficial del IRGC, llamado Rahman Mokadam, quien supuestamente era responsable de dirigir los planes para asesinar a Trump. Pero, una vez más, los detalles del complot revelaban «capas» de argucias del FBI, informantes «confidenciales» enmascarados como conspiradores y testigos comprometidos. La única evidencia de que Trump era un posible objetivo de algún tipo provino de afirmaciones de un estafador y traficante de drogas condenado llamado Farhad Shakeri, que también había sido acusado. Shakeri habló por teléfono desde Irán, proveyendo información dudosa a cambio de una sentencia reducida en prisión para un socio sin nombrarlo en los EE. UU.

El agente del FBI que entrevistó a Shakeri claramente reconoció su talento para la fabulación, reconociendo que «algunas» de las declaraciones de Shakeri parecían ser ciertas, pero la mayoría falsas. Pero aun así, el agente presentó el informe con la conclusión de que «parecía» que estaba planeando matar a Trump.

Luego de matar a Mokadam el 4 de marzo, los israelíes fueron directos al presidente para jactarse del supuesto logro, y reiniciaron su ansiedad sobre asesinos iraníes. Al informar a Trump sobre el presunto complot, reforzaban la idea de que, al pelear la guerra contra Irán, estaba salvando su propio pellejo. Más diabólico, imposible.

Por eso Trump posteó un video en la Casa Blanca proclamando el triunfo sobre sus asesinos iraníes, que decía:
«Yo era la presa y ahora soy el cazador».

Moraleja: Puede que el fallido tirador Thomas Crooks haya fallado por muy poco en el cráneo de Trump en Butler, pero Netanyahu e Israel encontraron una vía para entrar en la cabeza del presidente.

Fuente: con información de Prensa Alternativa

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