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Donald Trump: acorralado y sin escrúpulos
El “orangután naranja” que funge ser el sheriff del planeta se debate en medio de varios frentes, tanto externos como internos. En el interno, la Corte Suprema de Justicia de EE. UU., luego de una minuciosa inspección de todos los expedientes acumulados durante años en su gestión como empresario inmobiliario, detectó innumerables anormalidades que constituirían una estafa millonaria al fisco de EE. UU. Por eso lo intimó, hace 48 horas, con un plazo de apenas 72 horas para entregar toda la documentación requerida por el Ministerio Fiscal, lo que, de no cumplir con la orden de la Corte, se convierte de inmediato en el delito de “desacato”, lo que puede terminar en un arresto hasta el día del juicio, si hubiera lugar.

Eso por un lado, que no deja de ser trascendental, pero esperaremos los sucesos para analizar con más elementos.
En el otro frente, que es Venezuela, al haber fracasado en su resultado político y provocar una revolución “de falsa bandera”, ha cambiado la orientación de su accionar, ante la cobardía de invadir Venezuela como lo hizo la OTAN con Yugoslavia, Libia, Siria, Vietnam, Laos, Camboya y tantos otros, a través de la crueldad y prepotencia que le daba su poderío militar. Ahora se propone una acción militar de ocupación de una sola parte de Venezuela. Porque Trump no quiere pagar el precio político de contar marines muertos en una guerrilla urbana. Por eso ha adoptado el modelo de enclave. El Comando Sur establecerá un perímetro alrededor de los pozos petroleros donde operarán las empresas de EE. UU., Chevron y Exxon Mobil, todo eso administrado por EE. UU., prescindiendo del Gobierno de Venezuela. En la parte restante del país, donde vive el 80 % de la población, los yanquis dejarán que reine el caos y el hambre, porque el gobierno de Delcy Rodríguez no les importa. Porque se han apoderado del corazón económico y han dejado al “cuerpo” de Venezuela para que se pudra. El mensaje es: “Si no podemos tomar tu gobierno, nos anexamos la parte de lo que nos importa”. Eso es lo que hicieron con el Canal de Panamá en 1903.
Para Delcy Rodríguez esto es como una sentencia de muerte lenta. Esto es un delito de confiscación territorial. Es una maniobra perversa porque, al privarle de la mayor fuente de ingreso, el Gobierno no puede pagar salarios, no puede importar comida y medicamentos, etc. Esto se llama táctica de asfixia económica (igual que Milei). Está obligando a los ciudadanos venezolanos a migrar a la zona “verde” del Golfo en busca de trabajo y serán mano de obra barata de las petroleras. Esto deja un precedente muy peligroso, ya que mañana pueden hacerlo con el litio en Chile.
Pero no todo es color de rosa para Trump. China y Rusia han reaccionado con furia. China tiene inversiones por miles de millones de dólares en la cuenca del Orinoco y ha convocado de urgencia al Consejo de Seguridad, pero EE. UU., con su poder de veto, está operando con la lógica de los hechos consumados, por lo que lo único que haría cambiar la situación sería que Rusia y China puedan forzar otra salida, o económica muy poderosa, o una disputa de disuasión masiva militar.
Ahora la guerra no es en todas partes de Venezuela. El nuevo “protectorado” de EE. UU. puede ser un objetivo de las fuerzas rusas, ya que el lugar no está certificado como parte de EE. UU. y, por lo tanto, este país no puede sentirse agredido. Además, los grupos armados “chavistas” tienen la oportunidad de entrar en acción en la “zona verde” y hacer inviable el funcionamiento de los campos petrolíferos. Todo puede ser. El escenario está abierto. China y Rusia se juegan el reparto del poder. Y si permiten que Trump logre su propósito, ya nada será igual en un mundo sin reglas ni orden institucional que controle.
El interrogante que surge, en forma simbólica, en forma de mensaje, es que cuando Delcy Rodríguez asumió como presidenta de Venezuela estaban en el acto de asunción los embajadores de China, Rusia e Irán, como reafirmando su respaldo a los tratados estratégicos firmados con esas potencias.
Pero la euforia de Trump puede durar muy poco. Trump es un mitómano contumaz, y mentir es lo mismo que ocultar. Las petroleras de EE. UU. no quieren invertir en nuevas refinerías como lo hizo China, porque consideran inestable el escenario político. Y eso llevaría de 5 a 7 años, lo que invalida por ahora el proyecto Trump.
Porque tener las mayores reservas del mundo no te hace rico de la noche a la mañana. Hay que hacer muchas inversiones que el Gob. de EE. UU. no quiere hacer; que las hagan los privados, dicen. Las compañías de EE. UU. no desembarcaron hasta no tener en claro la seguridad política para sus bienes de capital. Además, los bombardeos de Washington destruyeron los puertos en una acción absurda. Además, Venezuela tendría que modificar su legislación para permitir que compañías extranjeras operen en el país, y el Congreso está dominado por los “chavistas”, que no se han rendido.
Esta historia recién comenzó a escribirse. Todavía falta mucho hasta que entren en escena otros actores importantes.
Fuentes: Prensa Alternativa
