10 enero, 2026

Cargando clima...

Director Claudio Gastaldi

Cargando clima...

Ir al archivo

Donald Trump: la batalla por el petróleo recién comienza

El secuestro de Nicolás Maduro expone, sin eufemismos, la estrategia de Donald Trump para reinstalar una lógica colonial en América Latina. Bajo el pretexto de antiguas inversiones y la retórica del “orden”, el expresidente estadounidense blanquea su verdadero objetivo: apropiarse del petróleo venezolano, frenar la proyección china y recomponer su poder interno mediante la coerción, el terrorismo de Estado y la negación abierta del derecho internacional. La ofensiva sobre Venezuela aparece así como un mensaje de dominación regional en un escenario de creciente confrontación global.

Ricardo Monetta

9 enero, 2026

.

8:38 pm

.

Infatuado por el secuestro de Maduro, Donald Trump se saca la máscara de hipocresía y cinismo acerca de sus verdaderos propósitos, que adornan su brutalidad imperial. Declaró, muy ufano, que su propósito es apoderarse del petróleo de Venezuela y la pretensión de instalar un dominio colonial. Su absurdo argumento es la pertenencia por alguna inversión hecha en el pasado (cuando Chávez nacionalizó el petróleo). Con ese criterio, Texas, Arizona y California deberían ser devueltas a México, que fue despojado de más de 4 millones de km².

Pero el “orangután naranja” es un “matón” arrogante que no razona. Propicia ahora el despojo total para impedir la creciente exportación de crudo a China, que en realidad es una de las principales razones del ataque a Venezuela, para debilitar a su enemigo final. Exige la disolución de la empresa PDVSA y su inmediato reparto entre las compañías de EE.UU. y, por si esto fuera poco, diseña una base militar para custodiar su ansiada “colonia petrolera”.

Pero, con un cinismo que abruma, anunció que gobernará directamente en Caracas, con un modelo semejante al pensado para Gaza, genocidio mediante. Pretende asumir la dirección de ambos “protectorados” con el simple argumento de la coerción, ante la ausencia de cualquier Derecho Internacional Público. Ya pudo saberse que el rapto de Maduro no fue el operativo quirúrgico que relataron los difusores de Hollywood. Entre los defensores del presidente hubo por lo menos 80 caídos, entre ellos 32 militares cubanos, producto de la traición de un general, Javier Marcano Travata, que ya está arrestado, y buscan a sus cómplices.

La carencia de pruebas contra Maduro en Nueva York transforma al juicio en un disparate procesal. La demonización mediática ha sido complementada por su presentación como si fuera un delincuente común. En otras secuencias de sus disparatadas acusaciones, Trump acusó a Maduro de vaciar las prisiones de su país para enviar asaltantes a EE.UU. La prensa hegemónica antepone el adjetivo de “dictador” a Maduro, olvidando que su captor es un golpista impune que comandó y orquestó el asalto a la Casa Blanca.

Trump también consumó el fraude electoral presidencial en Honduras a cambio de la liberación del jefe narcotraficante condenado a 45 años de prisión, e instaló un chantaje electoral económico para favorecer al “títere” inescrupuloso de Milei en nuestro país.

Salta a la vista que el secuestro de un mandatario es un acto amoldado a la usanza israelí, país experto en la decapitación de líderes. En una era de Garrote y Corolario Trump de la Doctrina Monroe, cualquier argumento pasa a segundo plano. El magnate pirata ha reemplazado los artilugios institucionales del “lawfare” por el expeditivo uso del terrorismo.

Con ese acto de arrogancia, el criminal de la Casa Blanca busca recuperar fuerza interna. Está muy afectado por las denuncias de tráfico de influencias en el caso Epstein y sufrió varias derrotas electorales en distintos distritos. Cometió un error al no pasar por el Congreso la acción contra Venezuela. A diferencia de los Bush, padre e hijo, con Panamá e Irak, el “orangután naranja” se dio el lujo de ignorar al Congreso. Esa omisión muestra la desesperación de Trump por exhibir algún éxito de su política exterior, al cabo de un año de tremendos traspiés. Esa exhibición guerrera es un mensaje al exterior para recrear la leyenda de un poder invencible.

El magnate espera asustar al resto del mundo para conseguir por las armas lo que no consigue por aranceles y sanciones. Donald pretende emular a sus antecesores de principios del siglo XX, que invadían Centroamérica, tomaban las islas del Caribe y bombardeaban las costas de Venezuela.

En rigor de verdad, la erosión de Trump aumenta al mismo tiempo que sus amenazas. Se presentó como el hombre fuerte que lograría rehuir las guerras con la sola exhibición de su figura y su lengua ordinaria pero violenta. No logró amedrentar ni a Rusia ni a China, que es su obsesión. El ataque a Venezuela no es un gesto de repliegue al “propio vecindario”, sino un mensaje de dominación regional para escalar la confrontación global. China y Rusia saben que tienen que lidiar con un “irracional” dominado por sus propias emociones.

En Venezuela, el proceso bolivariano sigue en pie. China y Rusia esperan que Trump mueva las piezas. Trump no tiene el control político, militar ni territorial del país. El núcleo del poder chavista resiste, y es esa cohesión lo que aparece como el principal obstáculo a la desestabilización interna. En la oposición venezolana, tanto Guaidó como González Urrutia fueron un fracaso. Y Trump no tiene una fuerza política para apuntalar su coloniaje.

Esta historia recién empieza. Nadie sabe cómo ni cuándo termina.

Nota: He escuchado tantas opiniones disparatadas acerca del largo proceso venezolano a lo largo de tres décadas que recomiendo modestamente a cualquier lector, para interpretar este proceso histórico, que recurra a Diario Junio, donde este periodista analizó en tres entregas sucesivas el desarrollo y el origen de la crisis venezolana.
No deseo que caigan en la trampa del capitalismo para ignorantes.

Fuente: con información de Rebelión

Temas relacionados

Comentarios

Deja el primer comentario

Escribe aquí abajo lo que desees buscar
luego presiona el botón "buscar"
O bien prueba
Buscar en el archivo