Fue Europa la cuna del fascismo, que luego lo importaran los anglosajones. Y Donald Trump es su versión más rústica, cuando pregona que para preservar la paz debemos ser capaces de ganar la guerra en los términos en que el adversario decida librarla, pero nosotros decidiremos cuándo terminarla. Por eso, empoderado por un supuesto desafío de Irán, encarna con precisión quirúrgica el alma de un emperador sin corona, ante el cual todo el universo debe inclinarse frente a sus deseos, expresados en forma amenazante e imperativa.
Es un histriónico pagado de sí mismo, que cree que calcula una guerra con precisión milimétrica, disfrazada de espectáculo caótico para sus adversarios. Un error fatal. Doble, por si fuera poco. Primero, al subestimar las potencialidades de un adversario que, hace poco menos de un año, le había dado una “paliza” a su cómplice en malignidad y crueldad sublime, Benjamín Netanyahu, que fue a implorar que le solicite a Irán que paren los ataques misilísticos por la incapacidad de Israel de neutralizarlos. Parece que no aprendieron nada.
A lo que se le suma la falta de conocimientos de quienes lo rodean en su gabinete sobre cómo se conforma el espíritu nacionalista de una nación que hace de su sacrificio mortal una martirización divina.
Por eso, el segundo error fue mandar a asesinar al ayatolá Jamenei, creyendo que eso debilitaría el espíritu del pueblo y agitaría a las masas con ayuda del Mossad y la CIA para estimular una “revolución de colores”, como lo hicieron en el Euromaidán, Ucrania, en 2014. Todo lo contrario: el dolor de un pueblo que tenía sus disidencias con el presidente, pero que respetaba hasta el más allá la jerarquía y guía espiritual de la nación, puesta a prueba durante casi 40 años de liderazgo y siendo el estratega principal de la resurrección como nación poderosa.
Lo que sucedió fue encender la furia, no descontrolada, pero sí sistemática y a fondo, con cuatro oleadas de misiles sobre el ya doliente pueblo de Israel y sobre nada menos que 27 bases de EE.UU., dispuestas como soportes estratégicos en países árabes para tener fácil acceso a las “rutas de guerra” en cada ocasión que lo soliciten. Esos países, a estas horas, se están arrepintiendo de esa “traición musulmana”, solo porque unos son “sunnitas” y otros “chiitas”.
Esa división se originó en 1980, cuando EE.UU. financió a Saddam Hussein en una guerra contra Irán que duró ocho años y dejó más de un millón de muertos. Luego, EE.UU. invadió Irak con el “cuento” de las armas tóxicas, cuando en realidad era el petróleo el botín preciado.
Contamos esto para que algún lector desprevenido no sepa cómo actúa el Imperio cuando huele la “sangre” que más le gusta (petróleo).
Cómo será su ambición bélica desmedida que, días antes de invadir a Venezuela, le comunicó al Pentágono que iba a bombardear Nigeria porque había grupos “yihadistas” del grupo islámico que estaban matando cristianos (?). Lo que sucede es que Nigeria es la mayor potencia demográfica y económica de África, riquísima en petróleo, gas y minerales, y que es miembro de los BRICS desde febrero de 2025.
Volviendo a la actualidad de la infame guerra, sin causa que lo justifique, los miembros de la “Banda Epstein”, tanto Netanyahu como Donald Trump, están sufriendo por sus arrogancias y subestimación de sus rivales un verdadero infierno en carne propia.
Hoy jueves 03/03/2026 el Estado de Israel está sufriendo un infernal ataque por parte de Irán, esta vez con misiles temibles Fatah-4 que viajan a una velocidad de 14 Mach, 17 mil km por hora, lo que los hace totalmente indetenibles para el sistema defensivo israelí. A la madrugada se pudo observar cómo los misiles iraníes, en número de 100, eran precedidos de drones señuelo, más de 300, que tienen la misión de distraer a las defensas del país hebreo.
Por su parte, las distintas bases de los americanos en las monarquías petroleras fueron concebidas por Irán como cómplices por prestar sus bases y fueron también objeto de ataque: 27 en total. Sobre todo Arabia Saudita, que había proclamado que en su “cielo” no podrían pasar aviones de EE.UU. Lo que resultó ser una farsa, y Riad sufrió las consecuencias.
Por otro lado, el portaaviones Abraham Lincoln fue impactado por cuatro misiles, lo que lo obligó a ser retirado del teatro de operaciones.
Pero, para aumentar el dislate del “orangután naranja”, ha manifestado que ha destruido las instalaciones militares de construcción de misiles de Irán, cuando en realidad ya los tienen desde hace tiempo realizados y están esperando la llegada del misil chino S-302, que es superior a cualquier otro misil que se haya fabricado, y que tiene mano de obra de ingenieros rusos, chinos y utaníes, merced a un acuerdo comercial que han firmado los iraníes con ambos.
La máxima ridiculez de la banda de Epstein es cuando dicen que van a eliminar las “amenazas” existenciales de la seguridad, hasta de Europa, “si no los paramos”. (! es cierto que del ridículo no se vuelve!).
El arrogante Donald, el “macho alfa” de Occidente, subió al poder con la promesa de ser un presidente que luche por la paz. Sin embargo, tiene el récord de haber ordenado más ataques militares que cualquier otro presidente de la historia. Siete (7) son las naciones, tres de las cuales —Venezuela, Nigeria e Irán— nunca habían sido blanco de ataques de EE.UU., a las cuales se agregan Somalia, Irak, Yemen y Siria. ¡Y pretendía el Nobel de la Paz!
Hay que recordar, para los que no lo saben, que los neoconservadores de George W. Bush trabajaron en secreto con el lobby del gobierno de Israel para lanzar la invasión de Irak y satisfacer las necesidades energéticas de Israel.
Pese a todo, desde el comienzo del genocidio en Gaza, los miembros del llamado movimiento político “Estados Unidos Primero” de Trump se han vuelto cada vez más críticos de la influencia dominante de Israel en el gobierno de EE.UU., en particular a “expensas” de los ciudadanos de EE.UU.

