Luis Navas, consultor especializado en la actividad, sostiene que el sistema viene perdiendo volumen de manera sostenida. “El mercado está mal y tenemos que evitar que esté peor”, resumió, al describir un escenario que contrasta con lo ocurrido históricamente, cuando el GNC crecía en contextos de crisis económica como alternativa más accesible frente a los combustibles líquidos.
Según explicó en el portal Surtidores.com, ese comportamiento anticíclico dejó de verificarse. Mientras hace cinco años el sector se mantenía en una meseta, hoy muestra signos claros de decadencia. Las estimaciones indican que el parque vehicular a gas se reduce en alrededor de 100 mil unidades por año. Las conversiones ya no compensan las bajas: salen más vehículos del sistema —por obsolescencia o por falta de renovación de la oblea— de los que ingresan mediante nuevas instalaciones.
Entre los factores que explican esta tendencia, Navas menciona la pérdida de visibilidad del GNC en el mercado automotor. El consumidor promedio, especialmente quienes adquieren su primer vehículo cero kilómetro, ya no considera la conversión como una alternativa viable. “No está en su radar”, afirma. A esto se suma que los modelos actuales presentan menor cilindrada y consumo más eficiente de nafta, reduciendo el incentivo económico para instalar un equipo de gas.
También inciden el costo del kit de conversión y la falta de opciones de financiamiento accesibles, lo que posterga o descarta la decisión de incorporar el sistema.
Frente a este panorama, el especialista propone una respuesta articulada que involucre a todos los actores de la cadena: distribuidoras, estaciones de carga, fabricantes e importadores de equipos, talleres de montaje, centros de revisión periódica de cilindros, organismos de certificación y servicios técnicos. En el plano institucional, considera clave el acompañamiento del Ente Nacional Regulador del Gas (ENARGAS) y del futuro Ente Nacional Regulador de la Electricidad y el Gas (ENRGE).
Como eje central, plantea la necesidad de una campaña nacional de comunicación que vuelva a posicionar al GNC en la consideración pública. La iniciativa, sostiene, debería ser financiada por los distintos sectores involucrados y contar con respaldo institucional. El objetivo sería poner en valor sus principales atributos: más de cuatro décadas de trayectoria en seguridad y confiabilidad, menor costo frente a la nafta, perfil ambiental más favorable en grandes centros urbanos y una infraestructura consolidada en buena parte del país.
En ese contexto, también cobra relevancia la expansión del gas natural a partir del desarrollo de Vaca Muerta, que amplió las perspectivas de abastecimiento y competitividad del recurso.
Navas considera que existen condiciones objetivas para una recuperación del sector. Señala que la mayoría del parque automotor liviano —vehículos particulares, taxis, remises y utilitarios— continúa siendo naftero, lo que permitiría conversiones rápidas si se generan los incentivos adecuados. Además, destaca el crecimiento reciente de la infraestructura destinada al transporte pesado a gas, con nuevas bocas de carga operativas y proyectos en trámite.
No obstante, advierte que el desarrollo de camiones y ómnibus a gas debe ir acompañado de una reactivación del segmento liviano para lograr un crecimiento equilibrado del sistema.
Finalmente, el consultor plantea que el desafío más urgente es cultural. A su entender, el GNC no puede resignarse frente al avance de tecnologías híbridas o eléctricas. Si bien reconoce sus ventajas, también menciona limitaciones actuales como la escasez de puntos de carga y el mayor costo de la energía fuera del ámbito domiciliario. “Cuarenta años de desarrollo pueden perderse en poco tiempo si no reaccionamos”, concluyó.


