Gracias a Marco Lavagna, la mentira del IPC llega al 40%: la jubilación mínima debería ser superior a los $600.000
La manipulación del Índice de Precios al Consumidor bajo la gestión de Marco Lavagna en el INDEC permitió licuar jubilaciones y pensiones. Con un IPC distorsionado en torno al 40%, la jubilación mínima debería superar hoy los $600.000 si se hubiera aplicado la ley sin “dibujos” oficiales.

Lo de Marco Lavagna es un caso de manual de la desintegración moral de nuestra clase dirigente. Hijo del economista peronista Roberto Lavagna, un técnico ortodoxo, muy prestigioso, que acompañó a muchos presidentes argentinos que transitaron momentos difíciles de nuestra historia, desde Eduardo Duhalde hasta Néstor Kirchner. Además de funcionario de varios gobiernos, fundó una de las consultoras económicas más prestigiosas de Latinoamérica, Ecolatina, de la que Marco L. fue director cuando el retiro de su padre. Marco L. creyó ver su oportunidad de replicar la carrera política de su progenitor cuando Alberto Fernández lo puso al frente del INDEC —Instituto Nacional de Estadística y Censos—, responsabilidad que lo llevó a transitar desde el gobierno de Fernández hasta el de Javier Milei, dado que este último lo confirmó en el cargo cuando asumió.
Desde entonces hasta ahora su prestigio personal entró en caída libre; todo el sistema económico conoce el deterioro de la calidad de la información del organismo durante su gestión. Como decíamos en una nota de hace algunos meses[i]: desde que existe el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) ha sido víctima de la presión de los políticos de turno, a quienes la información del organismo les desarticula(ba) los discursos engañosos. Llamadas imperativas, rosarios de puteadas y otras lindezas por el estilo. Pero estas presiones se reducían finalmente a dos estrategias: la primera, cuando el impacto de algún sector en los precios medidos por el organismo era determinante para los resultados, fue inventar el “índice desestacionalizado”, que en criollo significa que, si en algún momento del año el precio de la carne o del tomate (ej.) se desmadraban, entonces se los sacaba de la ponderación promedia y listo, problema solucionado (así pensaban ellos). La segunda estrategia fue el “rediseño” (SIC) de la canasta de bienes o de ítems que componen alguna estadística en particular. Ejemplo: si la carne impacta demasiado en el resultado de la medición, se le reasigna un valor menor de participación porcentual en la canasta para morigerar el impacto en la cifra final.
La distorsión del IPC llega al 40%[ii]: la jubilación mínima debería ser de $600.000
No estamos hablando de cuánto debería ser una jubilación “justa”; estamos hablando de cuánto debería ser la jubilación mínima si los libertarios la hubiesen ajustado de acuerdo a lo que establece la ley, sin las distorsiones inventadas por la dupla Caputo/Milei, ejecutadas por Marco Lavagna.
De acuerdo con ANSES, la jubilación mínima de febrero/26[iii] es de $429.254,35. Si el INDEC (M. Lavagna) no hubiera falsificado los datos del IPC, hubiese sido de algo más de $600.000.
Pero durante el gobierno libertario el “toqueteo” de los datos ha sido dramático: tanto Milei como su ministro Caputo permanentemente han estado operando sobre el organismo para “dibujar” la ficción de una economía que funciona, en la que “ha disminuido la deuda pública” (SIC), “han sacado 12 millones de argentinos de la pobreza” (recontra SIC) y otras lindezas por el estilo. Mentiras que ha venido avalando el organismo que dirige M. Lavagna, según los mentideros cercanos al poder, porque Milei lo venía cuenteando que lo iba a echar al “Toto” Caputo y lo pondría a él de ministro.
Lo de M. Lavagna es especialmente cruel porque todos los números de la economía se ajustan con la información que él venía generando. Esto, en buen romance, significa que por cada punto de inflación que él le dibujaba (quitaba), por pedido de Milei, a los datos oficiales, las jubilaciones (pensiones, etc.) disminuían en forma directamente proporcional, robándole ingresos a los pasivos.
El INDEC[iv] ya venía de una sangría de funcionarios que evidenciaban los conflictos generados dentro del organismo por las mentiras que los libertarios los obligaban a refrendar, pero la salida de Marco Lavagna indudablemente será una bisagra en su historia.

El sucesor del renunciante, Pedro Lines, es un alfil del “Toto” Caputo, por lo que todo el establishment da por descontado que los datos del organismo no solo seguirán siendo “dibujados”, sino que a partir de ahora lo serán a todo color.
¿Cuánto le robará Lines a los ingresos de los pasivos? Los mantendremos al tanto.
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