Mientras un sector de vecinos avanza en la organización de una presentación judicial contra la empresa EGGER, otro grupo de ciudadanos advierte sobre las contradicciones que atraviesan la discusión. Señalan que hoy parece instalarse la idea de que “las industrias se meten en los barrios”, cuando en realidad —afirman— muchas veces lo que ocurrió fue exactamente lo contrario: loteos y viviendas aprobadas en zonas históricamente destinadas o consolidadas para uso industrial. El viejo dilema —“¿qué fue primero, el huevo o la gallina?”— se traduce aquí en términos jurídicos: “primero en el tiempo, mejor en el derecho”.
La memoria como prueba
Para sostener la preexistencia del barrio frente a la planta industrial, los vecinos desempolvaron documentos, escrituras y relatos que forman parte de la historia viva de la zona. Uno de los aportes más significativos fue el de Juan Carlos Vidal, ex policía de la provincia, conocido en el barrio como “estafetero” por haber repartido durante años citaciones judiciales.
Vidal asegura haber pagado la primera cuota de su terreno a fines de diciembre de 1977 y haber escriturado en 1978. Pero su reconstrucción histórica va mucho más atrás.
Recuerda que el 14 de julio de 1990, cuando el padre Ismael Dri llegó a la capilla del barrio —que luego se convertiría en parroquia—, surgió una pregunta aparentemente simple: por qué la zona se llamaba Villa Adela. La respuesta condujo a una investigación oral que Vidal terminó escribiendo a mano a pedido del sacerdote, pese a sus propias reticencias:
“Adela era una mujer que se casó con Bernardo Irigoyen. Urquiza le facilitó que se haga dueño desde arroyo Yuquerí Grande hasta pasando Los Sauces. Mas de 100.000 hectáreas. Puede que la cifra tenga un numero de más”
Ante la respuesta del cronista, el Padre Dri le pidió que le escriba la historia.
Juan Carlos le dijo: “no padre. La gente se va a reír. Van a decir que soy analfabeto y que soy policía.”
El padre Dri le contestó: “el sabio aprende del analfabeto también, porque el analfabeto no sabe leer ni escribir, pero por sus costumbres de vida sabe”.
Ese texto, luego pasado a máquina por una religiosa y compartido con vecinos, terminó incluso en manos del Instituto de la Chamarrita, donde se hicieron historias y poemas, y se incorporó como parte de la historia de la zona y de los orígenes de Concordia.
Más allá de la anécdota, la documentación que rescatan los vecinos remite a la Ley Provincial 4708, que reconoce el plano de Colonia Adela dentro del ejido municipal de Concordia.

El vecino del barrio Las Tejas, Juan Carlos Vidal
Un loteo de 1960 bajo un mandarino
La reconstrucción histórica señala que en 1956 se abrió la sucesión de una quinta cítrica de 24 hectáreas y media. Parte de esas tierras fueron vendidas y el resto quedó en manos de la familia Spinelli. La histórica casa lindera a la actual Capilla San Juan Bautista aún existe. El 9 de julio de 1960 se realizó el remate de los primeros lotes bajo un mandarino, con un viejo colectivo como improvisada oficina del rematador. Las facilidades de pago permitieron que familias trabajadoras adquirieran terrenos en cuotas accesibles.
Las primeras escrituras datan de 1963. Don Pedro Taborda —quien había perdido su casa en la creciente de 1959— figura como uno de los primeros pobladores estables del barrio Las Tejas. Luego llegaron peones rurales, tamberos y trabajadores vinculados a actividades productivas de la zona. Durante un tiempo el lugar fue conocido como “Las Palmeras”, por la abundancia de ejemplares en la zona, hasta que la comunidad decidió adoptar el nombre de Barrio Las Tejas, iniciativa acompañada por el padre Dri y aprobada por el municipio:
“Los barrios Las Tejas, El Martillo y parajes aledaños se encuentran dentro de la Ley Provincial 4708 donde se reconoce el plano de Colonia Adela, con sus ordenanzas y modificaciones, correspondiente al ejido de la Municipalidad de Concordia.
En el año 1956 se abrió una sucesión. La quinta quedo en poder del Sr. Spinelli Roque Domingo, L.E. 1.887.518, casado en primeras nupcias con doña Elisa Justa Tugnarelli. De dicho matrimonio nacieron Roque Mario Spinelli y Nicolas José Spinelli. En un principio la quinta cítrica era de 24 hectáreas y media, vendiendo el Sr. Antonio Forte cinco hectáreas y media, quedando la Familia Spinelli con 19 hectáreas. La casa histórica donde vivía la familia Spinelli aún existe, lindando con la Capilla San Juan Bautista del Barrio las Tejas (actualmente alquila la Familia Pérez).
Por decisión del Sr. Spinelli Roque Mario Domingo se realizó un loteo privado. El remate se realizó un 9 de julio de 1960 debajo de un mandarino. Allí se levantó la carpa del rematador que era un colectivo viejo donde actualmente vive don Ismael Fraquier. Los vecinos antiguos no recuerdan el nombre del rematador. Los únicos que vivían más cerca eran el Sr. Sarba, que estaba de puestero en el campo de la fábrica CAP Yuquerí, y el Sr. Juan Ramon Vidal, encargado de la fábrica de Fertimaq, de abonos químicos (donde actualmente se encuentra la escuela del barrio).
Debido a la gran cantidad de palmeras que había, el Barrio por un tiempo fue llamado Las Palmeras. Donde también existió un Club Las Palmeras que lo dirigía Luis Aballau, también conocido por El Martillo hasta que un día la juventud decidió cambiar el nombre por el de Barrio Las Tejas, iniciativa apoyada por el Padre Ismael Dri y aprobada por la Municipalidad de Concordia.
El propietario y el rematador, dieron grandes facilidades en cómodas cuotas para la compra de los terrenos que fueron adquiridos por familias humildes y de trabajo.
Una vez que terminaron de pagar las cuotas, los nuevos propietarios empezaron a escriturar los terrenos. Figura en el registro de escribanía pública (Escribana VIZZO) Nº 312440 de fecha 7/9/1963, en carácter de vendedor don Roque Domingo Spinelli, comprador don Pedro Taborda L.E. Nª 1.886.584.
El Sr. Pedro Taborda compró los terrenos de la manzana 8, lotes 18 y 19, zona chacra Colonia Adela porque la creciente de 1959 le arrasó su casa en Carretera La Cruz. Don Taborda recuerda que el 9 de julio de 1960 a los pocos días del remate se vino a vivir al Barrio Las Tejas con lo que le había dejado la creciente de abril de 1959. Téngase presente que don Pedro Taborda fue el primer vecino poblador del Barrio Las Tejas. Luego vino José Kun, de profesión peón rural, que casado con Casarina Kerlin, compraron el lote 17 de la manzana 8.
Luego vino Buenaventura Zárate, de profesión tambero, casado con Doña Alicia Astorga, compraron el lote 20 de la manzana 8.
Y así podríamos seguir hasta el día de la fecha con el resto de los vecinos hasta llegar al total de los vecinos que integran el barrio Las Tejas.”
Para quienes sostienen la preexistencia del barrio, la secuencia es clara: la comunidad se consolidó hace más de seis décadas, con escrituras, servicios y vida institucional antes de la expansión industrial moderna.
Planificación y responsabilidades
Sin embargo, en el debate público comenzaron a aparecer otras preguntas incómodas.
Algunos ciudadanos remarcan que EGGER —ex MASISA— lleva más de 30 años instalada en Concordia y que se trata de una de las pocas industrias con capitales extranjeros radicadas en la ciudad. Señalan además que es una de las mayores generadoras de empleo directo e indirecto y que opera bajo estándares ambientales internacionales.
Desde esa perspectiva, el foco no debería limitarse a la empresa, sino ampliarse a las decisiones estatales y privadas que permitieron la aprobación de nuevos loteos y viviendas en zonas lindantes a sectores industriales.
“Cuando hay planificación seria, esto no ocurre”, sostienen. Y formulan interrogantes concretos del tipo ¿Quién fue el primer loteador en las zonas más próximas al cordón industrial? ¿Por qué se siguen aprobando viviendas en áreas no aptas para uso residencial? ¿Se modificaron ordenanzas o se flexibilizaron criterios de zonificación?
El trasfondo es la tensión clásica entre crecimiento urbano desordenado y desarrollo productivo. Cuando la planificación falla o se diluye en excepciones, los conflictos estallan años después.
Ambiente sano y desarrollo
El derecho a un ambiente sano es un principio constitucional. Pero también lo es la promoción del desarrollo económico y el trabajo. El desafío —señalan especialistas en urbanismo consultados en otras oportunidades por este medio— no es optar por uno u otro, sino garantizar reglas claras y previsibles.
Para los vecinos que denuncian contaminación, la prioridad es la salud y la calidad de vida. Para quienes advierten sobre los riesgos de una escalada judicial sin un análisis integral, el temor es que la presión social termine generando un escenario en el que una planta industrial de envergadura comience a replantearse su continuidad en la ciudad.
“Después lo vamos a lamentar”, advierten. La historia económica local ofrece ejemplos de cierres fabriles que dejaron cicatrices profundas.
¿Huevos, gallinas o falta de Estado?
El conflicto de Las Tejas no es solo un problema ambiental puntual. Es el síntoma de una discusión más amplia sobre el modelo de ciudad.
Si el barrio es efectivamente preexistente —como sostienen los documentos y testimonios— la empresa debe extremar controles y adecuaciones para minimizar impactos. Pero si en paralelo el Estado permitió o promovió loteos en áreas con perfil industrial, la responsabilidad política no puede eludirse.
El desafío es determinar quién debe garantizar que la convivencia entre producción y vivienda sea posible sin que la salud de los vecinos quede en riesgo ni que el trabajo se transforme en rehén de la improvisación.


2 comentarios
Leo
Yo entiendo a algunos vecinos insatisfechos por la huella que deja la industria forestal pero esa zona pasó a ser industrial por decisión de los representantes del pueblo concordiense en su totalidad, es necesaria un área de desarrollo industrial para la ciudad, porque genera trabajo, que se necesita y mucho. Además tienen que decir algunos vecinos de las tejas por que no participan de las instancias de dialogo con la empresa, sin vocación de dialogo no se puede solucionar nada, cuyo caso haya efectos no deseados que mitigar. Igualmente yo veo que detrás de algunos «vecinos» hay otros intereses que tienen que ver más con lo politico… para ser mas especifico «troskos», que se dejen de hinchar… quieren que haya un FATE en concordia porque para ellos cuanto peor mejor..
José
Lo mismo.ocurre connvarios galpones que fueron habilitados en la zona céntrica de Concordia y que descargan mercadería de grandes camiones con autoelevadores, cortando el tránsito y generando ruidos molestos. El problema siempre fue de la.municipalidad que no ejerce el.poder de policía por su.propia conveniencia. Mientras tanto los vecinos no tienen a quien recurrir. La municipalidad viola las mismas normas que promulga. Que más se puede pedir de los políticos y funcionarios acomodados c