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Tristeza nacional: que no hayan empezado las universidades nacionales es el síntoma de un país que se apaga

El inicio del ciclo lectivo 2026 en las universidades nacionales de Argentina no se dio con cuadernos abiertos ni debates en los pasillos, sino con persianas bajas y un silencio sepulcral. Que las clases no hayan comenzado con normalidad en todo el país, por las medidas de fuerza de los trabajadores universitarios, genera profunda melancolía y constituye una señal de alarma sobre el modelo de país que se está diseñando. Este escenario refleja una gestión que, lejos de proteger el conocimiento, parece haberle dado la espalda a la educación pública.

Dr. Guillermo Peñalver. Abogado

18 marzo, 2026

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4:33 pm

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Detrás de las constantes agresiones del presidente Javier Milei —quien ha llegado a decir que “la educación pública es un mecanismo de lavado de cerebro” o que el Estado es una “organización criminal”— se percibe un desinterés palpable. El ajuste no es un error de cálculo; es el vaciamiento deliberado de un sistema que fue, y debería seguir siendo, orgullo de nuestra nación.

Hablo con conocimiento de causa, porque históricamente la universidad en Argentina ha sido el gran motor de ascenso social. Como hijo de un trabajador, viví en carne propia cómo en esas aulas se fundieron mis sueños y los de tantos otros provenientes de la clase media y trabajadora. Fui parte de esa generación que, gracias a la universidad pública, pudo transformar su realidad y ser el primer profesional de la familia. Para mí, el “mi hijo el doctor” no fue una frase hecha, sino la prueba de que el mérito, cuando hay un sistema público de calidad que te sostiene, funciona como el nivelador real de oportunidades.

Hoy, al desinvertir en la educación superior, se rompe esa escalera y se condena al país a una desindustrialización irreversible. Sin universidades funcionando, Argentina se aleja de ser una nación con industria de vanguardia. El conocimiento es el insumo básico de cualquier país moderno; sin científicos, ingenieros y técnicos formados en lo público, nos convertimos en simples exportadores de materias primas sin valor agregado. Estamos regalando nuestra soberanía intelectual y técnica.

Este golpe hiere también a las economías regionales. En muchas ciudades del interior, la universidad nacional es el corazón que da vida a la comunidad: genera consumo, atrae estudiantes y provee soluciones técnicas a cada provincia. Tal es el caso de nuestra querida Concordia: sin la vida universitaria que la caracteriza, la ciudad pierde su pulso joven, su movimiento comercial y el aporte de conocimiento que potencia sus industrias locales. Sin universidades, el interior se vacía de futuro y los jóvenes se quedan sin horizonte para progresar en su tierra.

Ver las puertas de las facultades a medio abrir por el paro de los trabajadores universitarios en este marzo de 2026 confirma que el ajuste no es solo fiscal, sino también un disciplinamiento cultural. Estamos hipotecando el futuro de los jóvenes en el altar de un déficit cero que no distingue entre gasto e investigación estratégica. El vaciamiento del sistema educativo superior no es un ahorro: es un certificado de defunción para el desarrollo nacional. Si el motor del progreso argentino se detiene hoy, el vacío de conocimiento que dejaremos mañana será una deuda que ninguna planilla de Excel podrá saldar jamás. Un país sin universidades nacionales funcionando es un país que renuncia a su futuro.

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1 comentario

  • Y que esperaban con un loco que utilizo una motosierra como propuesta de campaña , como dijo Moria , de un burro no podemos esperar más que una patada.

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