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El discurso del rey desnudo de soberanĂ­a

En el aniversario de la Gesta de Malvinas, los actos oficiales estuvieron marcados por discursos que, lejos de reivindicar la soberanĂ­a argentina, profundizaron la entrega y el vaciamiento simbĂ³lico. Entre el servilismo explĂ­cito de Javier Milei y el panamericanismo fantasioso de Victoria Villarruel, se desdibujĂ³ la causa Malvinas, se marginĂ³ a los excombatientes y se volviĂ³ a poner en juego la memoria histĂ³rica de un reclamo que trasciende gobiernos.

Ricardo Monetta

6 abril, 2025

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10:04 am

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Los aniversarios solemnes con respecto a las fechas patrias tienen ese «no sĂ© qué» de rutina melancĂ³lica, sin llegar a ser una conmemoraciĂ³n eufĂ³rica. Porque las nieves del tiempo han logrado diluir ese sentimiento patrio de otras Ă©pocas. Pero este aniversario de la Gesta de Malvinas tenĂ­a una connotaciĂ³n especial por la representatividad de quienes presidieron los actos, que eran esperados con ansiedad.

Luego de haberse hecho efectivos los mismos, tanto en la Plaza San MartĂ­n en la Capital como el realizado en Tierra del Fuego, es difĂ­cil ocultar la indignaciĂ³n de propios y extraños cuando ese personaje antropolĂ³gicamente retrĂ³grado y pusilĂ¡nime que ostenta el cargo de Presidente de la NaciĂ³n desconociĂ³ lisa y llanamente el reclamo histĂ³rico de la soberanĂ­a argentina sobre las islas, reconocido por las Naciones Unidas desde 1965. A la vez que se les negĂ³ la participaciĂ³n a los excombatientes, hĂ©roes de la gesta.

Tanto Milei como la vicepresidenta Villarruel pronunciaron dos discursos en apariencia antagĂ³nicos, pero en el fondo, idĂ©nticos en lo que se refiere a escamotear el significado emancipatorio de la recuperaciĂ³n de Malvinas en 1982.

Mientras que el «bufĂ³n» de Trump batĂ­a todos los rĂ©cords de servilismo, sosteniendo la tesis segĂºn la cual las Malvinas son inglesas porque asĂ­ lo determinan los usurpadores que allĂ­ moran, desde el lejano sur la indoblegable «malvinera» Villarruel jugaba todas sus fichas en su cruzada por la recuperaciĂ³n de las islas, apostando al panamericanismo, o sea, a EE. UU. Lo de Milei representa un nuevo escalafĂ³n hacia la cumbre de desmalvinizaciĂ³n y el entreguismo. MĂ¡s «lacayo» no se consigue. Tuvo en la platea a funcionarios de gobierno y un puñado de ancianos, la mayorĂ­a exoficiales de las FFAA, que escuchaban impertĂ©rritos una alocuciĂ³n con furcios, donde exaltaba a los kelpers y denostaba a los polĂ­ticos argentinos. Mientras tanto, la «recua» que estaba a su lado —P. Bullrich, Petri, Espert, Menem, Francos, J. Macri y cĂ­a.— fingĂ­an demencia ante tanto estropicio histĂ³rico.

Lo de Villarruel fue mĂ¡s emotivo. ViajĂ³ a Ushuaia para pedir un reconocimiento a los veteranos y caracterizĂ³ a la causa Malvinas como un reclamo continental, y poder expulsar a la potencia colonialista. Pero se venĂ­a venir el mismo cipayismo de Milei cuando expresĂ³, como parte de esa estrategia, los contactos con la que fue jefa del Comando Sur de EE. UU., la generala Laura Richardson, con miras a instalar una base militar en Ushuaia. Las crĂ­ticas a ambos discursos, por ser contradictorios a la ConstituciĂ³n, les merecieron el mote de «traidores a la patria». El bufĂ³n de Trump propone que un paĂ­s solo puede ser soberano cuando se es prĂ³spero y cuando la Argentina sea potencia.

Mientras tanto, entreguemos el paĂ­s en consignaciĂ³n, como se estĂ¡ haciendo no solo con Malvinas, sino con los miles de hectĂ¡reas que rodean a los parques nacionales Nahuel Huapi y volcĂ¡n LanĂ­n. Es que tanto Milei como Villarruel apuestan a Trump. El primero para mendigarle su influencia en el FMI para la extensiĂ³n del prĂ©stamo ante el problema de no sucumbir ante la crisis que Ă©l mismo provocĂ³. Y Villarruel le hace guiños a Trump para que EE. UU. le quite apoyo a Gran Bretaña en Malvinas, al igual que Galtieri y su camarilla de oficiales lo intentaron en 1982 con Ronald Reagan. Naturalmente, el panamericanismo que intenta Villarruel es una fantasĂ­a. Hace rato que el imperialismo occidental es un sistema de dominaciĂ³n global, que tiene su vĂ©rtice superior en EE. UU. y su lugarteniente es el Reino Unido, que por otra parte no podrĂ­a sostener la base de la OTAN en las islas sin el apoyo yanqui.

No nos olvidemos del efecto causa y consecuencia, porque el intento de recuperar las Malvinas, con correlaciĂ³n de fuerzas totalmente adversas, contribuyĂ³ al triunfo militar del Reino Unido. Que a su vez tirĂ³ por la borda trabajos de CancillerĂ­a hechos con notables progresos. Fue una torpeza polĂ­tica de una casta de militares originados por la dictadura militar y una afrenta de quienes, de la noche a la mañana, se vieron involucrados en una aventura delirante y trĂ¡gica.

Este gobierno, totalitario y autocrĂ¡tico, solo cree en la soberanĂ­a de sus hechos polĂ­ticos, que no hacen mĂ¡s que indignar todos los dĂ­as por la pĂ©rdida de todas las soberanĂ­as imaginables. OjalĂ¡ que conservemos la soberanĂ­a sobre la memoria histĂ³rica de quienes se atrevieron a fundar esta NaciĂ³n, y que supimos degradar, cada uno a su turno.

¡Al que le quepa el sayo, que se lo ponga!
¡Viva la Patria!

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