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Destino incierto de Venezuela: confrontación o negociación
Luego del impacto que generó la captura y secuestro de Nicolás Maduro, han quedado más dudas que certezas. Más allá del desprecio por parte de EE. UU. por el derecho internacional, ha quedado en evidencia que, en plena decadencia económica, estratégica y política, el “hegemón”, luego de varias amenazas de invadir a Venezuela, solo se animó a una confrontación directa simplemente porque el armamento tanto ruso como chino les iba a hacer mucha resistencia. Incluso con el hundimiento del portaviones Gerald Ford, que podía ser objetivo de misiles hipersónicos de Rusia, sobre todo el Poseidón, indetectable y con gran poder explosivo. EE. UU. sabe que con el poder misilístico de Rusia no se juega.

Las expectativas de EE. UU. eran que, después de haber secuestrado misteriosamente y sin resistencia a Maduro, se esperaba una reacción de la oposición venezolana para que, con ayuda de la CIA, provocara una revolución de “falsa bandera”, como pasó en Ucrania en 2014, desde donde emerge Zelensky. Pero en Venezuela no hay un político opositor creíble, y todavía más en Caracas, donde manda el chavismo, con Diosdado Cabello, que sí es un estratega superior a Maduro y comanda las Fuerzas Armadas.
Porque hay que tener en cuenta que EE. UU. no triunfó sobre Venezuela; no existe por ahora la posibilidad de “dirigir” la transición de gobierno por parte del xenófobo Marco Rubio, que se relame de venganza por su desprecio a América Latina. Todo eso está por verse, además de los sueños “húmedos” de los halcones de la Casa Blanca.
Hasta el mismo New York Times expresa la desilusión de Trump al constatar que el supuesto gran golpe de efecto en la sociedad venezolana iba a generar una rebelión popular en contra del Gobierno. Nada de eso ocurrió. Para colmo, las declaraciones de repudio ante el ataque infame contra una nación soberana que tiene el “pecado” de haber nacionalizado un producto que, según el mitómano de Trump, es “de ellos” y se lo tiene que devolver por las buenas o por las malas.
EE. UU. sabe que esta es una experiencia piloto que debe ser ejemplo para las demás naciones de América que no se subordinen a sus intereses. Por ahora, el panorama es que no pueden presentar la “cabeza” de Maduro como trofeo, porque no han ganado nada. Han fracasado.
La apuesta era a dos bandas, porque en el “paquete” de ataque de Trump está Nigeria, el país más poblado de África, con reservas de petróleo y uranio, recursos necesarios para EE. UU. Y ya le advirtió a sus gobernantes que van a ir por ellos. Eso con excusas banales de que están matando a opositores cristianos. Justo Trump, conmovido por los cristianos de Nigeria, cuando es socio cómplice, junto a Israel, del mayor genocidio del siglo XXI en Gaza.
Otro de los inconvenientes es qué posición va a tomar China en el caso de que Marco Rubio tome la dirección del gobierno y oriente hacia las compañías petroleras de EE. UU., dejando de lado a los orientales que le compran el crudo venezolano a cambio de los 60.000 millones de dólares que han invertido en infraestructura nueva para los pozos venezolanos, ferrocarriles, etc. “Casualmente”, los bombardeos fueron también a depósitos construidos por China. También Rusia tiene intereses en Venezuela y está dispuesta a ayudar a los caribeños si el conflicto llega a escalar.
Hubo un valiente primer ministro de la Unión Europea, Robert Fico, de Eslovaquia, que se expresó en forma contundente contra la agresión criminal de EE. UU. sobre un Estado soberano, lamentando el estado del sistema internacional que permite tales acciones. Criticó el lamentable funcionamiento de las Naciones Unidas, a las que tildó de estar de “rodillas” ante EE. UU., y al Consejo de Seguridad, sin reformas, que es una membresía de la OTAN.
Maduro comparecerá ante el juez (geronte) Alvin Hellerstein, un judío de 92 años nombrado por Bill Clinton. También el nieto de Fidel Castro, un “influencer” cubano, Sandro Castro, le pidió que muestre pruebas genuinas de que Maduro era un narcoterrorista. Entre las declaraciones patéticas de renombre mundial se cuenta la del vicepresidente J. D. Vance de EE. UU., que afirmó que todos deberían tomar nota de las acciones de EE. UU. y justificó la agresión militar por el hecho de que EE. UU. sea “una gran potencia” (?).
Estamos en un páramo de la Historia donde cualquiera puede hacer lo que quiera, porque el orden y el derecho internacional han desaparecido. El “orangután naranja”, desesperado por el declive en todos los órdenes de lo que fue el imperio en las últimas cinco décadas, se ve imposibilitado de enfrentar a las nuevas potencias emergentes y se refugia en América con la Doctrina Monroe para recuperar prestigio y recursos naturales. La pregunta que surge es la siguiente: ¿dejará el mundo que EE. UU. sea el que controle los flujos de petróleo a nivel mundial?

1 comentario
ciudadano conciente
Somos el país que más cerca está de la acción yanqui en Venezuela porque la entrega total de los recursos argentinos, en momento que establezcamos un gobierno democrático que pretenda rescatar los recursos nacionales y la Patria en su conjunto, seremos ocupados. Espero que ya Trump no exista y que el mundo sea otro.