Ayer, sábado 30 de agosto, fue un día especial, no fue un día cualquiera: partimos de Concordia con un grupo de referentes de organizaciones de derechos humanos, de organizaciones sociales, sindicales, educativas, políticas, entrañables e históricos compañeros de lucha, a la ciudad de Gualeguaychú, sede del Encuentro Provincial de Derechos Humanos organizado por la Red de Organismos de Derechos Humanos de Entre Ríos. Un importante acontecimiento, una cita necesaria para la época que induce y propone el individualismo, la fragmentación y el sálvese quien pueda.
El clima de alegría, pasión spinoziana imprescindible, afecto fundamental para aumentar la potencia vital del actuar y del transformar, en contra de las pasiones tristes de la resignación y la angustia, replicó en el encontrarse con otros, con personas y organizaciones de toda la provincia, en la calidez y la amabilidad, la atmósfera imperante en el viaje. Esa alegría es fundante de la resistencia y los cambios, e imperiosa en momentos como el actual, para poder resistir el arrasamiento de los derechos, de una violencia inusitada contra el pueblo argentino, de una devastación de los logros conquistados por generaciones, de los derechos, del derecho a la felicidad, que nos ha dejado en los primeros tiempos de este gobierno autoritario y feroz, como un boxeador que ha recibido un nocaut, una andanada de golpes que nos ha depositado, muchas veces, en la desorientación y la parálisis.
Pero es la fuerza de las Madres de Plaza de Mayo y los principios innegociables de la Memoria, la Verdad y la Justicia la que impulsa a recrear la vida, a reconstruir, una y otra vez, la esperanza pese a todas las adversidades, la que estuvo presente en el espíritu de todos los que iban y venían organizadamente para concretar esta fructífera reunión. Fueron la alegría como emoción y el pensamiento, el intercambio de ideas, la construcción colectiva de un mañana, la imaginación de un horizonte promisorio que no es sin compromiso, que no es sin lucha por reconquistar el sentido ético y político de recuperación y radicalización de la democracia como sistema de justicia e igualdad, los valores que presidieron el encuentro, pleno de afecto y profundidad.
La cantidad de asistentes al Instituto Sedes Sapientiae sorprendió a los organizadores porque desbordó ampliamente a los 250 inscriptos, y así más de 300 personas se repartieron en comisiones que debatieron sobre las condiciones de trabajo, jubilados, discapacidad, salud, salud mental, cultura, ambiente, educación, géneros, feminismos y diversidades, violencia institucional, justicia y sociedad, Memoria, Verdad y Justicia y derecho a la identidad. En cada caso la consigna fue la elaboración de un diagnóstico y propuestas sobre cada temática en los que se destacaran los principios éticos y políticos innegociables en cada área.
Los debates se enmarcaron en las propuestas profundas y fértiles de Ana María Careaga, referente de derechos humanos, doctora en Psicología con una amplia trayectoria en la lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia en torno a los crímenes de lesa humanidad de la última dictadura cívico-militar-eclesiástica en Argentina, y de Rosario Badano, sobreviviente de la dictadura y referente en educación y derechos humanos.
En el plenario hubo una amplia coincidencia en el diagnóstico de la situación actual de políticas que apuntan a la destrucción del pueblo a través del despojo de los derechos humanos, sociales y laborales, largamente conquistados a través de la lucha de los trabajadores y la sociedad. Un despojo perpetrado por la ausencia del Estado social y la híper-presencia del Estado policial, realizados además con una inusitada violencia represiva y un plus de crueldad que la conecta con la ejercida por los genocidas que el actual gobierno reivindica. En la instancia de las propuestas surgieron originales y creativas producciones que dibujaron estrategias para la creación de un horizonte de recuperación de los derechos y de superación de las ignominias, cimentado en la igualdad, la solidaridad y la justicia social.
Ayer fue un día singular, sin dudas único, porque además se conmemoró el Día Internacional de las Víctimas de las Desapariciones Forzadas, declarado por la ONU para recordar a todas las personas que han sido detenidas, secuestradas y desaparecidas, en coincidencia con la entrada en vigor de la Convención Internacional para la Protección contra las Desapariciones. Fue un día especial para recordar a las víctimas de la dictadura, acompañar a sus familias y continuar, ahora y siempre, exigiendo Memoria, Verdad y Justicia, y reencontrarnos en Paraná, próximo escenario de la convocatoria, nosotros y los 30.000 compañeros detenidos-desaparecidos que soñaron un mundo mejor, compañeros hoy más que nunca presentes, ¡ahora y siempre!