Lula, de 80 años, busca un cuarto mandato presidencial no consecutivo. Del otro lado está Flávio Bolsonaro, senador de 45 años e hijo mayor de Jair Bolsonaro, quien quedó fuera de la carrera electoral después de ser condenado por su participación en el intento de revertir el resultado de las elecciones de 2022.
Casi 159 millones de brasileños están habilitados para votar. Además de presidente, elegirán gobernadores, diputados federales, senadores y legisladores estatales. Si ningún candidato obtiene más de la mitad de los votos válidos, habrá segunda vuelta el 25 de octubre.
Y todo indica que la elección no se resolverá este domingo. Las últimas mediciones difundidas antes de la apertura de las urnas muestran a Lula y Flávio Bolsonaro en una disputa cerrada, con una segunda vuelta como escenario central. Una encuesta citada por Reuters ubicó al presidente ligeramente por delante en la primera vuelta, mientras que otros sondeos mostraron un empate estadístico entre ambos en una eventual definición.
La candidatura de Flávio no puede separarse de la situación judicial de su padre.
Jair Bolsonaro permanece bajo arresto domiciliario después de haber sido condenado por su participación en el intento de golpe de Estado destinado a desconocer el resultado electoral de 2022. Desde esa situación, convirtió a su hijo en el principal representante electoral del bolsonarismo.
Flávio asumió buena parte de la campaña con una consigna concreta: preservar políticamente al espacio construido por su padre y avanzar, si llega al gobierno, hacia una amnistía para Bolsonaro.
La elección, por lo tanto, no sólo pone en discusión quién ocupará el Palacio del Planalto. También funciona como una medición del peso que conserva el bolsonarismo después de la condena de su principal dirigente. Reuters y EL PAÍS coinciden en señalar que el apellido Bolsonaro continúa teniendo capacidad para movilizar a una parte importante del electorado.
Seguridad: un tema que atraviesa la campaña
Si hay una cuestión que consiguió desplazar buena parte de la discusión económica es la seguridad.
La violencia y el avance de las organizaciones criminales aparecen entre las principales preocupaciones de los brasileños. La discusión se endureció especialmente después de una operación policial realizada en Río de Janeiro en 2025 que dejó 117 civiles y cinco policías muertos.
EL PAÍS señala que la política de “mano dura” se convirtió en uno de los principales ejes de la campaña y que Flávio Bolsonaro explotó electoralmente esa demanda con propuestas de mayor endurecimiento contra el crimen organizado. Lula, en cambio, plantea una combinación de políticas de seguridad, prevención y reformas estructurales.
El problema es que la violencia no desapareció con las operaciones policiales. Ese es uno de los puntos que aparecen detrás del debate: Brasil puede aumentar la presencia policial y realizar grandes operativos, pero las organizaciones criminales continúan teniendo capacidad económica y territorial.
La seguridad terminó así convertida en una de las principales zonas de disputa electoral y también en uno de los espacios donde el bolsonarismo intenta recuperar iniciativa.
Lula llega con algunos números a favor y otros que pesan
El presidente enfrenta la elección desde una posición contradictoria.
Su gobierno puede mostrar mejoras en indicadores sociales, reducción de la desigualdad y del desempleo. Pero al mismo tiempo persisten preocupaciones sobre inflación, endeudamiento de los hogares, costo de vida y situación fiscal.
Reuters señala que esos problemas económicos forman parte de las principales dificultades electorales de Lula.
Otro de los territorios donde se juega la elección es el voto religioso.
El crecimiento político de las iglesias evangélicas convirtió a ese electorado en un sector buscado por ambos espacios. La campaña incorporó cuestiones relacionadas con valores, religión, seguridad y cuestiones culturales que en algunos casos terminaron desplazando las discusiones estrictamente económicas.
EL PAÍS describe una campaña marcada por una fuerte disputa cultural y por la utilización de contenidos religiosos, incluso con información falsa difundida durante los últimos días.
El dato político es que la polarización ya no se expresa solamente en términos de izquierda y derecha. También atraviesa cuestiones religiosas, culturales, de seguridad y de identidad política.
La elección brasileña también se desarrolla bajo la mirada de Washington
Flávio Bolsonaro mantiene una relación política cercana con Donald Trump y plantea una política exterior más alineada con Estados Unidos. Lula, en cambio, reivindica el multilateralismo y cuestiona cualquier intento de intervención estadounidense en la política brasileña.
Trump evitó hasta ahora expresar formalmente su apoyo a Lula o a Flávio, algo que EL PAÍS marca como una excepción respecto de su comportamiento reciente en otras elecciones de América Latina. Sin embargo, la relación con Estados Unidos atravesó buena parte de la campaña.
Lula incluso llevó la discusión a Naciones Unidas. En su discurso ante la Asamblea General defendió la soberanía brasileña y cuestionó las presiones externas sobre su país.
No es un dato menor. Brasil es la principal economía de América del Sur y una pieza central del Mercosur. Cualquier cambio de orientación en Brasil repercute sobre el equilibrio regional.
Para Argentina, la elección brasileña tiene una importancia que va bastante más allá de quién ocupe el Palacio del Planalto.
Brasil es el principal socio económico de la Argentina y el actor central del Mercosur. Las diferencias políticas entre Lula y Javier Milei ya generaron tensiones durante los últimos años y la relación bilateral atravesó momentos de fuerte deterioro.
Al mismo tiempo, existen cuestiones comerciales concretas que obligan a ambos países a mantener canales de negociación, independientemente de las diferencias ideológicas entre sus gobiernos.
La discusión sobre el futuro del Mercosur es particularmente relevante. Brasil viene defendiendo el funcionamiento del bloque y cuestionando acuerdos que puedan modificar unilateralmente sus reglas, mientras Argentina ha impulsado una política comercial más abierta y una mayor autonomía para negociar acuerdos con terceros países. Reuters informó incluso que Brasil analizó las implicancias del acuerdo comercial alcanzado entre Argentina y Estados Unidos por sus posibles efectos sobre las reglas del Mercosur.
Por eso, el resultado brasileño tendrá consecuencias también para Buenos Aires.
No se trata solamente de una diferencia entre Lula y Bolsonaro. Es una discusión sobre el papel que tendrá Brasil en la región, sobre la relación con Estados Unidos, sobre el futuro del Mercosur y sobre el equilibrio entre las distintas derechas y fuerzas progresistas que disputan el poder en América del Sur.

