26 junio, 2026

Cargando clima...

Director Claudio Gastaldi

Cargando clima...

Ir al archivo
Portada / Opinión

El poder detrás del poder: los arquitectos de nuevo orden financiero (3.ª Parte)

En este tercer capítulo sobre quiénes y cómo manejan y determinan el nuevo orden financiero de gran parte del mundo, tenemos a la Torre de Basilea y al Grupo de los Treinta, que está por encima de las autoridades nacionales. 

Por: Ricardo Monetta

26 junio, 2026

6:54 pm

Le llaman «la abeja reina». Está el Banco de Pagos Internacionales de Basilea (BIS), que es quien coordina a los distintos bancos centrales desde su gran torre. Fue creado por los gobernadores de los bancos centrales de Inglaterra y Alemania en 1930, tres años antes de que Hitler llegara al poder, y está protegido por un tratado internacional, por el cual la propia institución, sus gestores y activos se encuentran legalmente fuera del alcance de cualquier gobierno o jurisdicción.

Desde sus inicios, el secretismo rodeó la actividad del BIS, institución dirigida, teóricamente, a facilitar los pagos de la reconstrucción de la Primera Guerra Mundial y cuya sede inicial era un hotel con una puerta trasera al lado de una chocolatería, en la que solo se podía vislumbrar un pequeño letrero que indicaba las siglas del banco y en la que, para penetrar, había que proporcionar una contraseña.

Hoy en día, el centro de operaciones es un enorme rascacielos y sus equipos tienen la potestad de comunicarse en clave, enviar y recibir correspondencia en valijas que gozan de la misma protección que las de las embajadas. Además, los enormes salarios de sus directivos están exentos de impuestos y todos los responsables tienen inmunidad ante la ley suiza. La policía no entra en sus dependencias porque cuentan con sistemas de seguridad privada, instalaciones médicas de emergencia y refugios a prueba de bombas.

Hasta parece un modelo copiado del Vaticano. El BIS es prácticamente un superestado, con la salvedad de que carece de control democrático y sus decisiones afectan a todo el planeta gracias a la alquimia financiera de su política monetaria. Las reservas nacionales de los bancos centrales son dinero público. Los banqueros centrales, cuya independencia está protegida constitucionalmente, controlan la política monetaria del mundo desarrollado.

Administran la oferta de dinero de las economías nacionales. Determinan si concentrarse en la austeridad o en el crecimiento. Sus decisiones determinan cómo serán nuestras vidas.

Al margen del Banco de Pagos Internacionales existen organismos como el discreto, pero no secreto, Grupo de los Treinta, cuyo nombre no tiene relación directa con las monedas de plata (30 dinares) que le prometieron a Judas para traicionar a Jesús.

Su origen está en el llamado Grupo de Bellagio, que creó David Rockefeller en la ciudad homónima, situada en la provincia de Lombardía, donde se ubicaba uno de los cuarteles de la familia Villa Serbelloni. También tuvieron un rol fundamental en la génesis de este organismo varios miembros de la familia Rothschild (cuando no). Ambos clanes colocaron como primer presidente al banquero Geoffrey Bell, un hombre de la London School of Economics, institución fundada por la Sociedad Fabiana y que ha impulsado recientemente a economistas de la escuela de George Soros, defensores a ultranza de la OTAN hacia el este de Europa y promotores de la emisión masiva de eurobonos.

Recordemos que la Sociedad Fabiana tenía como escudo un lobo con piel de cordero, con la promesa de la asistencia de Estados sometidos y amordazados a los «súbditos».

Los miembros del Grupo de los Treinta celebran reuniones periódicas y producen informes altamente influyentes, donde marcan el camino que luego deben seguir los gobiernos y las empresas financieras, con las cuales comparten mesa y mantel. Aunque parezca occidental, también China tiene representantes. También está presente Rusia. Es que el dinero tiene el mismo olor para todos.

Los integrantes de esta organización son gobernadores de bancos centrales, directores de instituciones supranacionales, como el FMI, el propio BIS o el Banco Mundial, secretarios del Tesoro, ministros de Finanzas y miembros de los bancos de inversión. O sea que es una especie de politburó de planificación y actúan como los instrumentos de una orquesta, en la cual alguien lleva la batuta y participa en el diseño de las partituras.

El presidente de esta organización mundial es Jacob Frenkel, cuya carrera se destacó como gobernador del Banco de Israel, alto directivo de J. P. Morgan y miembro de la Comisión Trilateral. Un señor al que se le ha concedido el título de Caballero de la Gran Cruz italiana y algunos afirman que sirve a los intereses de la nobleza negra veneciana, grupo de poder popularizado, entre otros, por el escritor y analista Daniel Estulin, quien afirma que utiliza al Vaticano como red de inteligencia. Oscuro contubernio en el que tienen gran importancia la Compañía de Jesús, la Orden de Malta y los Caballeros de Colón.

Por cierto, al analizar al presidente Frenkel, se descubre que fue vicepresidente de American International Group (AIG) de 2004 a 2009, la gran aseguradora que fue rescatada por Obama tras la quiebra de Lehman Brothers. También Frenkel había sido presidente de Merrill Lynch International, banco que fue comprado por Bank of America en 2008.

Fue el Grupo de los Treinta quien publicó un informe apenas apareció la pandemia, presentado por Mario Draghi, en el que emplazaba a los gobiernos a facilitar un proceso de «destrucción creativa» en la crisis del COVID. O sea que le pedían al grupo que les ayudara a elegir entre qué negocios debían sobrevivir y cuáles debían morir para asegurar la supervivencia y su transición hacia la «nueva normalidad» pospandemia.

En estos momentos, su prioridad número uno es conseguir el citado sistema de divisas digitales de banca central (CBDC) y crear las condiciones estructurales para que se mantenga y reafirme el sistema plutocrático oculto bajo el disfraz de la «colaboración público-privada».

En este sanedrín monetario no está Larry Fink, pero sí el club de las Tres Grandes (Big Three): BlackRock, Vanguard y State Street. Estos fondos de inversión son los mayores accionistas de casi el 90 por ciento de las empresas del S&P 500. A diferencia de los fondos activos, las Tres Grandes mantienen posiciones de propiedad permanente, lo que les confiere un poder casi ilimitado, aunque a menudo oculto, sobre las decisiones empresariales, principalmente a través de estrategias de votación coordinadas y capacidad para diseñar consejos de administración.

También se encargan de imponer criterios de ingeniería social en las multinacionales, como en el caso de la sostenibilidad, la ideología de género y las políticas de «diversidad». No porque crean en ello, sino para participar en el lavado de cerebro social que pretenda conseguir un beneficio adicional.

«El problema no es cuando los políticos mienten, sino cuando la sociedad ingenua les cree.»

Fuente: Historia Secreta de los Estados Unidos.

Temas relacionados

Deja el primer comentario

¡Ponete en contacto!

Escribe aquí abajo lo que desees buscar
luego presiona el botón "buscar"
O bien prueba
Buscar en el archivo