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Y llegó un día que la Patria dijo: ¡Basta!

Siempre, en el curso de la historia, los pueblos se rebelan contra el poder oligárquico y las dictaduras "blandas" que, por tener la legitimación del voto, confunden apropiación con administración por mandato. Estamos soportando un posliberalismo cruel, misógino, falaz, absolutamente inhumano, entregador, viciado de corrupción, que camina por el mundo como si fuera suyo. Con él, la entrega cipaya del patrimonio natural e innegociable del suelo, que es la esencia del "cuerpo" de la República, tratando de fundar "su" patria colonial sobre nuestra patria virginal desde 1810 hasta nuestros tiempos, entregando desde el himno, su bandera, su cultura, para fundar una nueva patria chica extranjera que se ha clavado en nuestros corazones como una cruz en un sepulcro.

Por: Ricardo Monetta

6 agosto, 2026

7:57 pm

Y, de pronto, todo se inició con un simple «trapo», elevado a «manto sagrado» en el Mundial de fútbol, cuando los jugadores Lisandro Martínez, Lo Celso, el excombatiente De Felipe y algunos más exhibieron los jirones de una sábana con la inscripción: «Las Malvinas son argentinas». Ese fue el disparador de un sentimiento de nacionalismo verdadero, como si fuese un recurso renovable en esta patria que nunca duerme. Siempre es difícil inscribir el momento transparente en un clima emocional, acorde con una sociedad adormecida y desesperanzada. Sabemos que cuando nuestra sociedad despierta, derrama emociones y se convierte en un fenómeno atmosférico que hace temblar el calendario social, político, institucional y, fundamentalmente, nacional.

En estos momentos en que estoy escribiendo estas líneas, ya hay una multitud con «olor a pueblo sublevado», pero sin membresía de revolución, para decirle de frente a esta caricatura de gobierno: «Basta, hasta aquí llegamos».

Si en el Congreso «tarifado», incluidos los gobernadores, fueron capaces de diseñar una fina arquitectura de desguace de la Patria, con dos bandoleros con experiencias similares en gobiernos anteriores, Caputo y Sturzenegger, a sueldo de un «bufón con pañales», lamebotas del «imperio», más todos los secuaces que integran la «corte» de serviles, son los responsables de que durante dos años y medio nos sustrajeron la vida que soñamos y nos obligaron a vivir esa misma vida como mendigos de los derechos naturales que habíamos sabido conseguir, tanto en salud, educación, economía, y, lo que es peor, la humillación sometida a los «abuelos» y a la niñez más humilde, como que tuvieran la culpa de nacer bajo el cielo de una patria hermosa, con una Bandera, también hermosa, pero con una clase de dirigentes absolutamente venales, arrogantes, para que rime, también ignorantes, avalado en gra por un periodismo servil que moldea las mentes virginales de una juventud aturdida y desorientada, sin encontrar el camino para hallar la verdad oculta ante tanto enmascaramiento de la realidad.

En un país donde viven muchos mendigos, que luego van a dormir esa noche a la sombra de un cajero rebosante de dinero, nos obliga este gobierno a beberse la vida en cuotas, abrigado en su propia paradoja. Con su brújula de la vida a la que le han robado el norte. La pobreza creada y aumentada por este gobierno, cuando protesta, solo está reclamando su pedazo de brisa, de sol, de cobijo, su lugar en el mundo, en la patria que lo «parió». Cada vez más uno observa esos seres que ya se «han ido de la vida», se han retirado de sí mismos. Es como si la esperanza se hubiera convertido en un «fentanilo social». Se han retirado al interior de sí mismos, huyendo con la humanidad dañada en sus bolsillos y en sus almas. La huida no deja de ser un acto muy audaz cuando se huye detrás de un sueño, pero es miserable cuando el sueño trata de encontrar un lugar para comprar o pedir un mendrugo de pan para él y sus hijos.

¿Y cuál es el panorama? Donde vuelvas la mirada hay una armonía destemplada, un sosiego tenso. Un tiempo vacío, subyugado de urgencias desapacibles. Y ahora, para colmo, hay una desazón en muchos hogares ahogados por el demonio de ese fenómeno tan capitalista que es la usura. Lamentablemente, para sobrevivir, por causa de la política económica, familias enteras han caído en manos de la usura. Una deuda que te muerde y no te suelta. Obligados por la mentira descarada del plan económico del «zorro gris» dentro del gallinero, como lo es el falaz, que actúa como un encantador de serpientes, y cuando te despiertas te encuentras que la inflación te muerde cada vez más los deseos incumplidos. Pero no te preocupes. Hace no tanto tiempo nos despertamos y las reservas en oro del Banco Central fueron llevadas a Londres, uno de los mayores saqueadores de la historia. Desde la máscara de oro de Tutankamón hasta los frisos de mármol del Partenón.

Más allá de las analogías, que refrendan la opinión, es por eso que vuelvo a insistir: las memorias de los pueblos no fenecen, solo hacen responso. Pero cuando el hastío se hace insoportable, las «viñas de ira» serán las que produzcan el elixir de la justicia de los pueblos.

«Al fin y al cabo, somos lo que hacemos, para cambiar lo que somos.» (El gran Eduardo Galeano).

Fuente: Opinión.

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