El autor del libro explica que se trata de una obra que «reúne cuentos y relatos de distintas épocas, algunos premiados, otros editados en medios gráficos o digitales, también inéditos: la organicé como una especie de antología personal que celebra el acompañamiento de la narrativa en estos años”.
“Mi parte de guerra entonces es la expresión de un testimonio ficticio y de un anhelo de comunicación. Quizás no tenga una textura homogénea, no sé si hay un estilo, sino voces de un mismo tono e intentos de innovación. Algunos responden a consignas de distintos talleres literarios, en otros a auto-desafíos en el sentido de si podría escribir algo digno sobre determinados temas y en los más, las puras ganas o necesidad de sentarse a escribir motivadas por lecturas, noticias o situaciones de la vida”.
En la solapa, la escritora Cecilia Rossi, a través de sus palabras, invita a los lectores a adentrarse en un universo de relatos. “Encontraremos aquí algunas certezas: la madrugada es la hora de la verdad, las cosas no son lo que parecen, el humor es una forma de inteligencia, todavía nos sorprenden algunos finales, algunas lecturas, todavía nos sorprendemos”.
“Estos cuentos no responden a una temática ni a una cronología, ni a un subgénero dentro de ellos, están llenos de reflexiones sobre el tiempo y nos hacen pensar la vida como algo que se sucede día a día en lo impredecible, en el asombro. Y en la muerte como algo que existe, que acompaña, que rodea”.
“Encierran también una ternura sutil, un sentido del humor delicado y desopilante o un giro de tuerca hacia lo inesperado. Se dejan leer rápidamente, una noche de verano, pero sin embargo, permanecen, llenándonos de preguntas. Y permanecer en alguien que te lea es la mayor satisfacción que puede darnos la literatura, si es que andamos, un poco, en eso”.


