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Del Plan Austral a la motosierra de Milei

“No voy a resignar el equilibrio fiscal, voy a seguir manteniendo la dureza fiscal. La motosierra sigue encendida”. Javier Milei, 8 de abril de 2026.

Por: Veronica Lopez

12 abril, 2026

11:04 am

En estos días se descubre que el Banco Nación otorgó créditos millonarios, para hipotecas, al funcionariado del gobierno, mientras la noticia política gubernamental es que se pone fin a los créditos PROCREAR, destinados a trabajadores y trabajadoras para la compra, construcción o refacción de viviendas. Por otra parte, la Legislatura vota reformar la Ley de Glaciares, lo que pone en riesgo la soberanía alimentaria de las futuras generaciones del oeste y centro de nuestro país.

Se podría pensar que hay un mundo paralelo, uno en el que viven los gobernantes, incluidos los tres poderes del Estado, dado que la justicia solo funciona para castigar a la oposición y salvar y proteger al oficialismo. Y otro mundo en el que vive el resto de la sociedad argentina, donde la realidad se vuelve casi incomprensible: según datos de la última encuesta de la UCA, el 83% de las personas empleadas tienen algún grado de vulnerabilidad en el acceso a la comida.

La realidad es que no son dos mundos paralelos, es un único mundo donde se ejecuta un plan sistemático de empobrecimiento social y transferencia de ingresos hacia la clase acomodada. Hoy, según publica la consultora Moiguer, para que una familia tipo sea clase media se necesita un ingreso de $3.122.836, mientras que para ser clase media baja $1.564.000; en este grupo se encuentra el 44% de la población. Pero el dato más relevante es que la mitad de la población vive con sueldos que están por debajo de esta línea, es decir, son clase baja, y solo el 6% tiene ingresos entre 9.105.000 y 20.500.000, considerados clase media alta y alta. En tan solo estos datos se verifica la transferencia de ingresos, especialmente de la clase media hacia la clase alta.

La foto de funcionarios sacando créditos millonarios en el Banco Nación para comprar casas en barrios privados, y la eliminación de los créditos PROCREAR, no son foto, son la película de un plan pensado y diagramado para ello.

procrear no, créditos millonarios sí

¿Es novedoso este plan? NO, la verdad es que no. Se ejecutó en varias ocasiones en la historia argentina.

Un ejemplo claro fue el Plan Austral.

Alfonsín había proclamado que la “batalla era contra la inflación, con Fondo o sin Fondo”, lo que recuerda a la campaña del especialista en “crecimiento con o sin dinero”.

El padre del plan fue el ministro Sourrouille, cuando redactó los “Lineamientos de una estrategia económica 1985-1989”, negando que sean la receta impuesta por el Fondo Monetario Internacional.

El Plan Austral, lanzado el 14 de junio de 1985, tuvo como ejes centrales:

  • Disminución del déficit fiscal
  • Ajuste monetario como base de acomodamiento de la balanza de pagos
  • Promoción de las exportaciones para la obtención de dividendos reales
  • Deterioro del salario real
  • Disminución del consumo interno
  • Achicamiento del aparato productivo vinculado al mercado interno
  • Reducción del gasto público
  • Proceso de privatización de empresas del Estado

El proceso privatizador fue muy exitoso en las empresas de comunicación pública: por ejemplo, Canal 9 se privatizó en 1984; Canal 13 en 1989; Canal 11 en 1990; Radio Belgrano en 1983; a fines de ese año también Radio Mitre. Son estos medios los que construyeron el ecosistema comunicacional que aún hoy marca la agenda informativa nacional y que construyeron un “sentido común” en relación a las políticas públicas y el rol del Estado. El ecosistema fue creciendo, pero son las raíces de donde nace el bosque que construye un pensamiento social unívoco: “todo lo que es estatal está infectado”. Con este éxito privatizador se da por cumplido el primer paso del plan.

Entre 1976 y 1983 la principal área de inversión extranjera fue la del petróleo y el gas; los que se suman a la explotación agropecuaria del siglo XIX (latifundistas inmigrantes beneficiados por el Estado nacional). Entre 1983 y 1990 se avanza en el campo comunicacional. En los 90 se privatizan las siderúrgicas y las petroquímicas; como se puede ver en esta línea histórica, nada está librado al azar: es un plan que se viene y se sigue aplicando desde el siglo XIX. Según el INDEC, las áreas que dieron ganancias este último año fueron: minería, energía y sector agropecuario. ¿Casualidad? ¡NO, es un plan!

El “Plan Austral” coincidió fielmente con el pregonar del FMI: el primer punto es que el problema inflacionario es monetario; punto dos, el salario es un costo. Estos dos puntos quedan bien expresados en el memorándum que se envía al FMI en julio de 1985, donde se expresa: “La reducción de la inflación requerirá una disminución en el ritmo de crecimiento de los costos, incluyendo los salarios nominales” (punto 7); en las empresas estatales, la política salarial “será implementada a través de una revisión cuidadosa” (punto 18).

Estos dos puntos muestran cómo se parte de la idea de que el problema de la inflación es que los asalariados “cobran mucho”, es decir, que tienen dinero; por eso es monetario, y eso presiona sobre los precios. Además, se considera que el salario es un costo; por lo tanto, es un costo “caro”.

El plan también plantea reducir “drásticamente el déficit del sector público”, es decir, reducir los “gastos” en infraestructura, vivienda, salud y educación. Por otra parte (punto 20), se compromete a reducir la coparticipación federal, es decir, enviar menos dinero a las provincias, lo que redunda en el deterioro de las economías regionales. A esta altura de la lectura, el lector no sabrá si se habla del Plan Austral o del Plan Caputo. Para no confundir, esto es el Plan Austral implementado en 1985 por el ministro de Economía de la Nación Argentina. Por si fuera poco, en el punto 37 se adelanta y propone que en octubre de 1985 el FMI revisará los avances del plan y se realizarán los ajustes que consideren necesarios (ellos, por supuesto).

¿El Plan Austral fue exitoso? Según el cristal con el que se mire: Ronald Reagan, presidente de EE.UU., afirmó que Argentina “había ingresado a la modernidad por el camino de la democracia”. Interesante afirmación: es como decir que los argentinos decidieron solitos el ajuste sin tener que usar la fuerza (como durante la dictadura). Esta afirmación del presidente del norte alentó el sueño del canciller argentino Dante Caputo de que Argentina se transforme en la favorita de Estados Unidos. Ahora, hay otro cristal para mirar: en el primer trimestre de 1985, según el INDEC, se habían perdido 500 mil puestos de trabajo, y el poder adquisitivo del salario cayó el 17,2%. Como si esto no fuera suficiente, en el segundo trimestre se decidió que el salario mensual “solo” se ajustaría un 90% en relación a la inflación, es decir que mensualmente se le reduce el 10% al poder adquisitivo; así se llega al “Australazo”, cuando se congelan los salarios (continuidad de la ley 21.307/76). La línea histórica nos lleva al hoy, donde el Ministerio de Trabajo “solo” homologa un aumento del 1% mensual, cuando la inflación actual ronda el 3%, según el INDEC (cuestionado y desacreditado).

La historia nos enseña que no es “el ataque” de un desquiciado, ni la “amoralidad” de una banda de facinerosos (entiéndase: delincuentes habituales, personas malvadas o de perversa condición), ni la mentalidad odiadora del medio pelo argento; es un plan donde el primero es voz cantante, los segundos son ejecutores y los terceros son instrumentos. El director de orquesta tiene una partitura que hace tiempo se escribió.

¿La solución? Leer otra partitura: “El salario es la palanca de la reactivación. La proyección de nuestra producción es el seguro de nuestra prosperidad. La regulación del crédito y del valor de la moneda por nosotros mismos y no por los mecanismos financieros de los prestamistas es el motor del desarrollo que procuramos. La confianza en nuestras fuerzas y nuestra capacidad, y no la sumisa obediencia al extranjero, es la fuerza que, aliada con el patriotismo, salvará a la Argentina. La soberanía y la independencia económica son las únicas políticas que nos pueden llevar a la victoria y el pleno imperio de la justicia. Y como siempre esas banderas están en nuestras manos”. – CGT, 1985.

La historia nos da la posibilidad de utilizar la memoria para pensar en caminos alternativos; deshistoriar nos lleva inevitablemente a repetirla, pero no a manera de eterno retorno, sino atornillando con cada vuelta, más profundamente nuestra realidad al deseo de los poderosos extranjeros. Somos instrumentos de nuestro destino y del de futuras generaciones. ¿Qué partituras elegiremos ejecutar?

Verónica R. López
Lic. en Cs. de la Educ.

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