POR : Atilio Boron
Pero hay más: en el 2000 Alberto Fujimori ganó la elección mediante una grosera manipulación de los votos y las actas. La maniobra fue tan descarada que hasta la OEA retiró su misión de observación para dejar sentada su protesta. Meses después Fujimori sería destituido de su cargo. Otro caso aún más escandaloso fue el de las elecciones presidenciales del 2017 en Honduras, que permitieron la re-elección de Juan Orlando Hernández gracias a un “apagón informático” similar al que había posibilitado el triunfo de Salinas de Gortari en México. No es un dato menor recordar que años después JOH sería apresado por las autoridades estadounidenses, juzgado en sus tribunales y, en 2024, condenado a 45 años de prisión al ser hallado culpable de haber introducido varios centenares de toneladas de cocaína a ese país siendo presidente de Honduras y jefazo del narco a la vez. Confirmando de nueva cuenta la “seriedad” de la lucha del gobierno de Estados Unidos contra el narcotráfico JOH fue beneficiado por un indulto decretado por Donald Trump en noviembre de 2025 y ahora disfruta de la más absoluta libertad para proseguir con sus actividades delictivas.
Un rápido retorno a la actualidad demuestra la renovada vigencia de esa costumbre de robar elecciones en nuestros países.
1. Ecuador, abril de 2025. El imperio y la derecha ecuatoriana erigen toda clase de obstáculos para impedir la elección a Luisa González, candidata de Revolución Ciudadana. Se instauró un clima de violencia y se desató una feroz campaña de prensa destinada a desprestigiar la figura de González, aparte de practicarse una impune manipulación del conteo de votos con la abierta complicidad del Consejo Nacional Electoral. De este modo resultó triunfante el multimillonario Daniel Noboa, ciudadano estadounidense nacido en Miami, de quien se dice es el mayor exportador de cocaína de este continente con su flota de barcos bananeros. Para la OEA todo bien.
2. Honduras, 2025. La candidata Rixi Moncada, del oficialista partido Libre, vio desbaratadas sus chances electorales cuando Washington dejó saber que se estaba considerando revisar la política de libre envío de remesas a Honduras en caso de que Moncada triunfase en las elecciones. Aquellas son un insumo vital para las familias hondureñas: ese país percibe unos 12.000 millones de dólares al año, un alivio fundamental para los más necesitados. La sola difusión de la noticia provocó una masiva fuga de votos que redujo la escena electoral a una batalla entre dos expresiones de la derecha: Salvador Nasralla del Partido Liberal y Nasry Asfura, candidato del Partido Nacional de Juan O. Hernández. Trump declaró en varias oportunidades que su candidato era Asfura, que terminó imponiéndose en la elección con poco más del 40 por ciento de los votos.
3. Perú, junio de 2026, segunda vuelta electoral. La elegida por el imperio fue Keiko Fujimori, de quien el mismísimo Mario Vargas Llosa no había ahorrado insultos por su probada inmoralidad y complicidad en numerosos actos de corrupción. Roberto Sánchez (Foto, con Iván Cepeda) representante de un amplio sector de la izquierda y el progresismo, fue derrotado por Fujimori en un impúdico conteo de votos en la segunda vuelta electoral. Fujimori ganó por una diferencia mínima de 49.641 votos sobre un total de poco más de 18 millones de votantes. Ante serias denuncias de anomalías en el curso de la votación y las actas correspondientes, la ley habilita la impugnación de mesas sospechosas. Claro que para hacerlo con las 1.751 que presentaban serias anomalías había que abonar 1.375 soles por cada una, lo que hacía un total de 715.000 dólares que había que depositar antes de las 72 horas de finalizado el comicio. Misión imposible, cero recuento y nuevo robo del imperio.
4. Colombia, 2026. La reciente elección colombiana proclamó como triunfador a un personaje nefasto como Abelardo De la Espriella. Para ello se apeló a un fraude informático clase master que introdujo una preocupante innovación en el terreno de los delitos electorales. El presidente Gustavo Petro denunció la existencia de un centro de datos clandestino, alojado en EE.UU., desde el cual se monitoreaba y alteraba el conteo de los votos. Se dice que dicho centro concentró su intervención en poco más de las 5.000 mesas receptoras de votos, incorporadas exclusivamente para el balotaje. En ellas, De la Espriella obtuvo un total de votos desproporcionalmente superior al de las demás. Esta llamativa atipicidad que sistemáticamente le otorgaban una abrumadora mayoría al candidato del imperio -también él, como su vecino Noboa, ciudadano estadounidense- le permitió que se impusiera en el recuento final con unos 250.000 votos de ventaja sobre Iván Cepeda, en un padrón de casi 25 millones de votantes. Pese a las denuncias del presidente Petro todo el aparato judicial colombiano, y no sólo la justicia electoral, dominado por el uribismo, desestimó por completo la acusación presidencial.
5. Brasil, 2026. Ahora, ahora van por Lula. Importantísimo ejercer la máxima vigilancia para impedir toda clase de fraudes, electrónicos o los más tradicionales. Téngase en cuenta que si se le arrebata la elección a Lula, Trump tendrá las manos libres para, usando una metáfora ajedrecista, pretender darle jaque mate a la reina, a Claudia Sheinbaum, acosada sin pausa por el energúmeno anaranjado. Y quien sigue en esta fila es la elección presidencial de Argentina en 2027.


