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Nota escrita por: Ricardo Monetta
29 agosto, 2025
Venezuela: El nuevo botín del imperialismo americano (Parte I)
Por: Ricardo Monetta
Venezuela vuelve a estar en la mira de Estados Unidos, bajo acusaciones de narcoterrorismo y en el marco de una política imperialista que ya tuvo antecedentes en Irak y otros países. El texto repasa el rol de Chávez en la nacionalización del petróleo, los intereses en juego y la amenaza de desestabilización que podría extenderse a toda la región.
4 min de lectura
Una pancarta anunciando recompensas de EE. UU. por información para el arresto del presidente venezolano, Nicolás Maduro, y del ministro del Interior, Diosdado Cabello
Por: Ricardo Monetta

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En el desordenado juego geopolítico del Nuevo Orden Mundial que está naciendo, y que llega con unas naciones al borde del colapso económico, como los anglosionistas de la Vieja Europa, y el ya decadente imperio de EE. UU., es que, cuando cada uno trata por todos los medios de quedar mejor posicionado, apela a cuanta guerra se presente, debido a la ausencia de un Derecho Internacional inexistente y a unas Naciones Unidas subordinadas al poder imperial.

Donald Trump y su círculo de halcones, con el senador Marco Rubio, de padre cubano, conocido por su visceral anticomunismo, y la fiscal Pam Bondi, encargada de encabezar las falsas acusaciones judiciales contra el gobierno venezolano, han señalado al presidente Nicolás Maduro, al ministro del Interior Diosdado Cabello y al ministro de Defensa Vladimir Padrino López de ser “narcoterroristas” y supuestos cabecillas del llamado cartel de los Soles.

Esta actitud no constituye novedad, porque estas acusaciones fueron formuladas en 2020, cuando el Departamento de Justicia ofreció recompensas millonarias (como las que ofrecieron al cabecilla de Al Qaeda, Al Golani, y luego lo apoyaron en un golpe de Estado en Siria, donde gobierna un verdadero terrorista creado por EE. UU.). En realidad, el Center for Economic Research ha cuestionado las acusaciones, subrayando que son actos políticos. Es de manual: la demonización de los jefes de Estado a los cuales piensan atacar es una constante que se repite en la historia del siglo XX y lo que va del XXI.

Recuerden en 2003, cuando George W. Bush y Tony Blair lanzaron la agresión ilegal a Irak alegando que Saddam Hussein poseía “armas de destrucción masiva”. La propia ONU, a través de su inspector de armas, Scott Ritter (ahora devenido en analista político en YouTube), desmintió esa versión. No obstante, la codicia por el petróleo determinó la invasión de Irak, provocando miles de víctimas inocentes, más el asesinato de su presidente Hussein, millones de desplazados de su país y el asesinato de más de 600.000 personas.

Para Venezuela esto no es nuevo. A partir de que el comandante Hugo Chávez se hizo cargo del país, la pobreza estructural pasó del 73 % al 41 % en pocos años. ¿Qué pasó? Simplemente que el producto de la nacionalización del petróleo, que estaba en manos de saqueadores americanos como ExxonMobil y Standard Oil, con Carlos Andrés Pérez como presidente entreguista, les escamotearon nada menos que US$ 300.000 millones de dólares que se fugaron del país. Por eso lo denostaron tanto al comandante Chávez, a través de una narrativa de todos los medios de comunicación, como nos tiene acostumbrados el Pentágono, la CIA y la USAID, a los que se sumaron los periodistas infames de los distintos países en Latinoamérica.

La amenaza de invasión, por lo tanto, no solo compromete a Venezuela. Porque toda la región en su conjunto quedaría bajo el riesgo de una nueva ola de guerra, caos y desestabilización. En particular, Colombia, que comparte más de 2.000 km de fronteras con Venezuela, sería arrastrada inevitablemente al conflicto. El propio presidente colombiano Gustavo Petro ha rechazado públicamente cualquier intervención armada y ha recordado que el verdadero problema de la droga se encuentra en el frente interno de EE. UU., en el consumo interno que hay que abastecer a todas las élites y clases sociales, a los bancos que se encargan de “lavar” aproximadamente US$ 500.000 millones al año, y en sus puertos y aeropuertos de entrada de la “mercancía”.

Nadie puede ignorar la existencia de “carteles” de droga, pero no todos están bajo el control de la DEA.

Venezuela ha sido casi siempre un país rico en recursos naturales, y con un pueblo pobre (sic). No nos asombremos, a nosotros nos pasa lo mismo.

“El problema ha sido siempre igual: qué mano es la que mece la cuna…”

Continuará

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