Tres nombres aparecen en el tablero: en primer lugar, el kirchnerismo duro, que abiertamente no logra disciplinar la tropa partidaria, aferrado a una candidatura imposible de Cristina Fernández. Y decimos imposible, no por razones de justicia, algo que no esta en juego en la inhibición de la ex presidenta a presentarse, sino que por más razones jurídicas que se argumenten ahí está la merdijusticia comodoropista pronta a bloquear cualquier intención en ese sentido. Pero el camporismo lo sabe, y la jugada que tiene en la manga es poner en su lugar al hijo, ante la eventualidad que el camino para CFK quede bloqueado definitivamente. Una candidatura que claramente complicaría las posibilidades de que la oposición desplace a los libertarios el año que viene, porque más allá de consideraciones, merecimientos e intenciones, Máximo Kirchner definitivamente no mide electoralmente. Por otro lado, el candidato más sólido, Axel Kicilloff, el dos veces gobernador de la provincia de Buenos Aire que ofrece argumentos más que sólidos para respaldar su intención: el primero su foja de servicios impoluta, en la que, por más que lo han intentado, no han podido tocarla con ninguna de las operetas mediáticas que han intentado. Y en segundo lugar, el haber gestionado la provincia de Buenos Aires por dos períodos consecutivos a pesar que los libertarios le han robado del presupuesto más de veinte Billones de pesos. Pero el idilio que supo existir entre la expresidenta y su joven ministro de economía ha desaparecido. ¿Las razones? Chi lo sa, diría el tano, pero los hechos son los hechos y ahí están a disposición de los analistas políticos.
DETRÁS DE LAS NUBES, SERGIO SIEMPRE ESTÁ
En este contexto, el tercero en discordia es Sergio Massa, que mantiene su ambición intacta por la primera magistratura, aunque comienza a dar señales respecto a que se está cansando de esperar que el dedo elector de CFK, salde la discusión y lo señale como el dueño del equilibrio entre las facciones internas que se disputan este sitial para el 2027. Massa venía jugando a ser la ancha avenida del medio dentro del peronismo, respaldando su ambición, con una larga experiencia en la gestión pública y una billetera que se muestra gorda, muy gorda. Pero cada vez aparecería más claro que la ex presidenta tiene, en esta oportunidad, intenciones hereditarias.
Massa, protagonista de intentos anteriores fallidos, esta vez esta dispuesto a jugar todas las cartas, rupturistas incluidas, para sostener su apetito presidencial. Por un lado, sabe que el establishment está considerando seriamente el reemplazo del cada vez más descontrolado e imprevisible Javier Milei. Aunque el presidente, aparentemente, si las elecciones fueran aquí y ahora, tiene enormes posibilidades, a pesar de todo, de ganarlas en primera vuelta.
Su gesto, primero hacia Haddad y luego a Gebel, el otro aspirante a reemplazo, un outsider evangélico con llegada a los jóvenes del conurbano, pero desconocido a nivel nacional, a pesar que los operadores de la macropolítica mediática le vienen regalando generosos espacios como ‘animador televisivo’ (SIC), para tratar de hacer conocida localmente la figura de este pastor evangélico norteamericano, a pesar de haber nacido en nuestro país. En realidad, son movimientos que apuntan a La Embajada, la gran titiritera libertaria. La idea es ofrecerse como la pata peronista convocante (SIC) de una hipotética fórmula peronio/libertaria.
El que avisa no traiciona, parece decirle Massa a CFK, la gran electora dentro del espacio. Pero los tiempos se agotan y la interna peronista sigue jugando a las escondidas en un país que se desangra, pero que no logra unificar una oposición, por ahora, que amenace los planes de destrucción que las Fuerzas del Cielo están ejecutando a marcha forzada contra nuestra soberanía, economía y cohesión social.

