“Mario Nivoli fue identificado como una de las víctimas de La Perla. Sin embargo, años antes de ir a Córdoba, vivió junto a su familia en Concordia. Era trabajador en el obrador de Salto Grande, donde muchos obreros fueron perseguidos debido a sus reclamos por el franco compensatorio”, escribió Minatta.
Según relató la fiscal, a Nivoli —a quien apodaban “Tito”— solían confundirlo por su parecido físico con Víctor Carlos Ingold, oriundo de Gualeguaychú, que en 1975 trabajaba como operario en la Represa de Salto Grande. También se desempeñaba como delegado gremial y militaba en la Juventud Peronista. Fue detenido el 20 de noviembre de ese año un día después de haber viajado a Buenos Aires por un conflicto gremial que tenía la empresa con los trabajadores. Fue testigo en la Causa Harguindeguy.
Identificaciones que reconstruyen la historia
La confirmación de la identidad de Nivoli forma parte de un proceso más amplio informado por el Juzgado Federal N.º 3 de Córdoba, a cargo del juez Miguel Hugo Vaca Narvaja. Allí se comunicó la identificación de 12 personas detenidas-desaparecidas cuyos restos fueron recuperados en la guarnición militar de La Calera, donde funcionó el centro clandestino de detención de La Perla.
Los trabajos de identificación fueron realizados por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), que analizó restos óseos recuperados durante excavaciones arqueológicas realizadas en 2025 en la zona conocida como “Loma del Torito”. Los restos estaban mezclados y dispersos en dos áreas del terreno, una evidencia más del intento sistemático por borrar rastros del terrorismo de Estado.
Las autoridades judiciales informaron que las familias están siendo notificadas de los resultados y que, una vez finalizado ese proceso, se brindarán más detalles sobre las identidades confirmadas con el consentimiento de los familiares.
La sombra de la represión sobre Salto Grande
La fiscal federal Josefina Minatta viene investigando desde hace años la represión vinculada al Plan Cóndor en la provincia de Entre Ríos desde meses antes del golpe militar, reconstruyendo cómo La Triple A, el Ejército, Prefectura y los aparatos de inteligencia se activaron para “limpiar” el terreno de militantes, sindicalistas y voces disidentes, entre ellos a los trabajadores de la construcción de la represa de Salto Grande.
Diversos testimonios y documentos reconstruyen cómo delegados sindicales, técnicos y obreros fueron vigilados, perseguidos y expulsados entre mediados de los años setenta y los primeros años de la dictadura, en un contexto de creciente conflictividad laboral y reclamos por mejores condiciones de trabajo.
Las investigaciones judiciales indican que ese dispositivo represivo no se limitó a un solo país. La represión contra trabajadores vinculados a la obra binacional se articuló en el marco del Plan Cóndor, con intercambio de información, operativos conjuntos y detenciones a ambos lados del río Uruguay.
“Nunca más”

En su publicación, Minatta celebró la identificación de Nivoli como un paso en la reconstrucción de la verdad y dejó planteada una reflexión inquietante:
“Me alegro que Tito haya sido identificado gracias al EAAF. Me pregunto, a la vez, qué hubiera pasado con él si la historia de Salto Grande hubiera sido otra”, escribió.
La frase funciona como una pregunta abierta sobre aquellos años en los que la represa más importante de la región se levantaba mientras, en paralelo, se desplegaba una maquinaria clandestina de persecución y expulsión contra quienes reclamaban derechos laborales.

