Papetti dijo que bordar era una forma de comunicación que utilizaba la civilización precolombina antes de que llegasen los conquistadores españoles. “Nosotros lo usamos como forma de honrar a nuestros 30.000 detenidos-desaparecidos. De honrar sus vidas, sus sueños, sus luchas, visibilizar, en un momento de gran negacionismo que estamos viviendo, a partir de lo que plantea el gobierno nacional, que no son 30.000”, mencionó.
La idea de bordar una bandera con los nombres de los detenidos-desaparecidos de la provincia surgió de un grupo de ex presos políticos de Paraná; es una asociación que se denomina “La Solapa”. “Ellos se inspiraron en la muestra de las Descamisadas. Yo soy una de las que participó y, de Concordia, fueron seis las que participamos. Eran camisas blancas bordadas con palabras de Eva Perón”, indicó.
Al ver la muestra, decidieron bordar los más de 300 nombres de detenidos desaparecidos, con letras y colores diferentes para expresar la diversidad de quienes fueron secuestrados. E invitaron a las restantes ciudades a que se sumen a la iniciativa. La primera en adherir fue Gualeguaychú, que bordará 37 nombres. Pero en Concordia decidieron incluir a los nombres de los 35 desaparecidos de la ciudad los de todas las víctimas de la costa del río Uruguay. Se trata de 114 en total. Además, invitaron a Agmer a que añada los nombres de los 17 docentes entrerrianos que sufrieron el mismo destino durante la dictadura.
Desde noviembre del año pasado, 79 personas (77 mujeres y dos varones) comenzaron a reunirse una vez por semana a bordar los nombres. A cada persona se le encomendaba una identidad y, además, debían investigar su historia, qué gustos tenían, qué era lo que querían. “Es una bandera muy colorida. Algunos son los simples nombres, otros están decorados con arabescos, con florcitas, con mariposas. Hay mucho amor en esas puntadas”, dijo Solaga. “Es una obra colectiva: por eso es hermosa como ellos, que eran muy buenas personas”.
“Se interesaron por conocer la historia de ese nombre que iban a bordar, que pertenecía a alguien que desconocían y que fue asesinado hace 50 años. Su familia desconoce su destino y no pudo hacer el duelo”, indicó Solaga. La mujer destacó que hubo mucho interés de parte de quienes bordaron (algunos no sabían realizar costura y aprendieron allí). “Se enteraron de sus estudios, de sus trabajos, si tenía familia, cómo estaba compuesta, si era soltero o estaba casado, sus proyectos”, manifestó. De esa forma, los desaparecidos “dejaron de ser simples nombres; ya no eran nombres, eran personas”, remarcó. “Lo que más les sorprendió era la edad: eran todos muy jóvenes”, enfatizó.
Además, un grupo aparte bordó los nombres de los 35 desaparecidos de Concordia para enviarlos al acto central que se realizará en Plaza de Mayo, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. “Ellos hicieron como tiras largas que van a ir entre la gente”, indicó Papetti.
Desaparecido en el Regimiento 6
Según el Registro Único de la Verdad, Jorge Emilio Papetti, nacido el 27 de abril de 1953 en Concordia, siempre formó parte de grupos de trabajo comunitario; así llegó hasta el Padre Andrés Servín, que a finales de los ’60 ya promovía la autoconstrucción de viviendas. El compromiso social y la sensibilidad lo caracterizaban: soñaba con una sociedad distinta, igualitaria, inclusiva.
Jorge estudiaba geología en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de La Plata (UNLP). Militaba en el Movimiento Iglesia y Cambio en la Argentina (MICAR); luego en la Federación Universitaria para la Revolución Nacional (FURN), y más tarde se formó la Juventud Universitaria Peronista (JUP), de la cual fue parte. Cursó su carrera hasta 1975, año en que regresó a Concordia para cumplir el servicio militar obligatorio, donde fue dragoneante; allí pasaba los días y por las noches volvía a su casa. Ya en su ciudad se sumó también a trabajar con el cura tercermundista Amadeo Ismael Dri, quien luego acompañó a la familia en la larga búsqueda de Jorge.
Posteriormente. fue detenido el 16 de marzo de 1977 en el Regimiento de Caballería de Tiradores Blindados 6 Blandengues, mientras cumplía una guardia, y desde ese momento permanece desaparecido. Sobrevivientes lo vieron en los Centros Clandestinos de Detención, Tortura y Exterminio (CCDTyE) del Regimiento Nº 6 de Concordia, en el Batallón de Comunicaciones de Paraná y en la Unidad Penal Nº 1 de Paraná.
En una conferencia de prensa en 1979, el dictador genocida Jorge Rafael Videla decía que una persona secuestrada-desaparecida no tenía entidad. “No está ni muerto ni vivo, está desaparecido… Frente a eso no podemos hacer nada”, concluyó.
Por el contrario, María Emma dijo que “están vivos” en la memoria popular. “Les cortaron, les troncharon la vida de la forma más terrible”. El 81,3 % eran jóvenes de entre 16 y 35 años. “Eran militantes, trabajadores sociales, trabajadores gremiales, integrantes de la UES, gurisitos de 14, 15 años que participaban en proyectos colectivos, donde el otro importa. Querían un país justo, libre, soberano, donde haya igualdad para todos. Que cada papá pueda llevar la comida a su casa y pueda llevar a sus hijos a la escuela, que los pueda vestir, que tengan una buena salud, una buena educación”, indicó.
Respecto del reciente hallazgo de los restos de 12 desaparecidos en los terrenos del Ejército en Córdoba, pertenecientes a víctimas que habían pasado por el Centro Clandestino de Detención (CCD) de La Perla, Papetti remarcó que fue algo extraordinario y que había que hacer un reconocimiento inmenso a las Madres, a las Abuelas que los siguieron buscando en la tierra hasta encontrarlos, al Equipo Argentino de Antropología Forense, que hizo un “trabajo extraordinario”. Papetti dijo que la demanda de las Madres de Plaza de Mayo es que los genocidas que aún viven digan dónde están enterrados sus seres queridos. “Muchos han muerto y se lo llevan a la tumba, pero hay otros que lo guardan, no lo dicen y ellos saben. Nos privan de algo tan humano como es el derecho al duelo”.
A su vez, dijo que la aparición de los restos en La Perla genera sentimientos encontrados. Dijo que no encuentran al familiar que están buscando. “Yo sigo pensando, como cada familiar sigue pensando, que quizás los encuentra”, indicó. “Es una posibilidad”, dijo con un hilo de voz.
“El mar devolvió 68 cuerpos. La tierra devolvió. Incluso, sacaron los cuerpos y los enterraron en otro lado. En aquellos años, lo que se decía era que los habían cargado en camiones y los habían llevado a una zona desértica de La Rioja”, dijo Solaga. La mujer mencionó que, de igual modo, los antropólogos encontraron “una falange, un diente, una medallita”, y eso permitió identificar a 12.

Solaga dijo que hay quienes quieren que el tema quede sepultado en el pasado. Pero, por el contrario, sostuvo que la continuación de los juicios por los crímenes de lesa humanidad es una consecuencia natural de haber juzgado a los titulares de las Juntas y luego seguir impartiendo justicia hacia sus subordinados. Pero cuando la Justicia fue a juzgar al mayor Ernesto Barreiro, uno de los torturadores de La Perla, se produjo el levantamiento de Semana Santa. “Aldo Rico tomó el mando, extorsionó a Alfonsín y vinieron las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Los juicios quedaron truncos”, explicó.
En 2003, llegó a la presidencia Néstor Kirchner, quien pidió impulsar la nulidad de las leyes de impunidad (Punto Final y Obediencia Debida), permitiendo la reapertura de los juicios contra militares por crímenes de lesa humanidad de la última dictadura. Solaga recordó que, de ahí en más, continuó lo que había quedado suspendido. La mujer cree que, si no hubiese ocurrido el levantamiento, “en el gobierno de Alfonsín hubiera terminado todo”.
El tiempo quedó detenido
La marcha partirá desde el mural que recuerda la desaparición de Julio Solaga. Su hermana, Estela, indicó ayer que simboliza a todas las personas que fueron secuestradas. Las tres o cuatro siluetas que rodean a su hermano expresan con crudeza la indefensión que padecieron las personas que fueron “chupadas”. “Nos juntamos allí y de allí vamos hacia el Reloj del Sol de la plaza Urquiza”, indicó.

El 22 de noviembre de 1976, Julio Solaga, de 25 años, estudiaba en la Facultad de Ciencias de la Alimentación de Concordia. Al volver de ayudar a una estudiante con su tesis, paró para charlar con un vecino frente a la casa de su madre, cerca de la esquina mencionada. Se cruza a conversar con George Wilson, vecino y amigo de la infancia. Estela indicó que Wilson le dijo que vio a tres personas “grandes y fornidas” dar la vuelta y caminar hacia ellos. Se le puso la piel de gallina cuando los vio y no pudo hablar. Julio, de espaldas, no los vio. Sin pérdida de tiempo, se le pusieron al lado, le preguntaron su nombre, lo agarraron de un brazo cada uno y se lo llevaron en un Renault 12 que estaba esperando con un chofer.
Todo sucedió en el lugar donde hoy se levanta el mural: el tiempo quedó detenido en ese instante trágico.
“Es absolutamente falso que había una guerra”
Papetti dijo que alberga esperanzas de que, este año, la marcha del 24 de marzo sea masiva. “Lo que se está dando es algo muy importante y convocamos a toda la comunidad. Que Nunca Más vuelva a pasar. Hoy no está pasando a ese nivel, pero el ataque contra Pablo Grillo es un ataque contra el periodismo, la represión a los jubilados, a los discapacitados, contra quien sale simplemente a protestar por sus derechos”, indicó.
Destacó que el sábado pasado, en “Pa’l Río”, el predio de los pescadores en la Costanera, donde se leyeron poemas y canciones por la Semana de la Memoria, tuvo una nutrida concurrencia. “Veníamos de ver la obra ‘El Pañuelo’ en La Cigarrera con mucha gente”, dijo.
Papetti fue tajante respecto de la teoría que equipara la violencia de las organizaciones guerrilleras (Montoneros/ERP) con el terrorismo de Estado aplicado por las Fuerzas Armadas entre 1976 y 1983. “Se retrocede años luz cuando se plantea que había una guerra. Es absolutamente falso que había una guerra. Sí había grupos armados, pero, si estaban fuera de la ley, les hubieran podido aplicar la ley. Que la Justicia los juzgue”, indicó. No obstante, remarcó que, para el 24 de marzo de 1976, la guerrilla estaba prácticamente desarticulada.
“Fijate los de Concordia. A ‘Tito’ Maschio lo sacan de su casa, que estaba durmiendo; a mi hermano, del Regimiento, a la vista de todos; a Raúl Caire lo secuestran en su casa delante de su familia; a Sixto Salazar lo sacan de la casa cuando se estaba por ir a trabajar; a Jorge Kofman lo bajan de un colectivo y a Julio Solaga lo secuestran cuando estaba hablando con un vecino. ¿De qué guerra hablan?”, enumeró.
La madre de Papetti le dijo a Naldo Dasso, el jefe del Regimiento de Concordia en 1976, que, si su hijo había hecho algo, que lo juzgasen. “Eso no se lo permitieron”, indicó. En cambio, Dasso sí fue juzgado y condenado en 2013 a prisión perpetua por delitos de lesa humanidad.
Por último, Papetti manifestó que será un 24 de Marzo “muy especial”. “Queremos mantener viva la memoria, pero no como una memoria del pasado, sino como una memoria activa. Ellos están presentes, hoy más que nunca, caminando junto a nosotros. Sus sueños, por lo que lucharon, eran por un país igual para todos, con justicia social, libre, soberano”.
Hoy, en un país que parece caminar en dirección contraria, mantenerlos presentes es un acto de resistencia: cada nombre bordado es un recordatorio a la población de que la justicia y la igualdad, en Argentina, siguen siendo una materia pendiente.


