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Milei recibió en la Casa Rosada a Peter Thiel: tecnología, poder global y una reunión marcada por el hermetismo

En un clima de fuerte reserva y sin acceso para la prensa acreditada, el presidente Javier Milei mantuvo este jueves una reunión en la Casa Rosada con el magnate tecnológico Peter Thiel, fundador de Palantir Technologies y una de las figuras más influyentes del ecosistema político-tecnológico global. El encuentro, del que sólo se difundió una breve comunicación oficial, vuelve a poner en foco la creciente articulación entre el gobierno argentino y sectores de la élite digital vinculada a la seguridad, la inteligencia artificial y el manejo masivo de datos.

23 abril, 2026

6:39 pm

El empresario ya había mantenido reuniones previas con el asesor presidencial Santiago Caputo, quien en ese marco planteó la necesidad de un “salto cuántico” en materia de seguridad nacional. En paralelo, el vínculo entre el magnate y el oficialismo tiene antecedentes desde 2024, cuando visitó el país acompañado por el actual embajador en Estados Unidos, Alec Oxenford.

En el centro de la escena aparece Palantir, una compañía que ofrece servicios de inteligencia artificial, análisis de datos y vigilancia para agencias estatales. La firma mantiene contratos con organismos como la CIA, el FBI y la NSA, además de colaborar con fuerzas militares en distintos escenarios internacionales, incluido Oriente Medio.

El alcance de estas tecnologías —capaces de procesar grandes volúmenes de información para identificar objetivos, anticipar conductas o asistir en operaciones militares— ubica a la empresa en el corazón de los debates contemporáneos sobre seguridad, soberanía y control social.

En el Gobierno argentino, la presencia de Thiel es leída como una señal de respaldo internacional y como una oportunidad para posicionar al país dentro de las redes globales de innovación tecnológica. Sin embargo, esa aproximación también abre interrogantes sobre el tipo de inserción que se busca: no sólo económica, sino también política y estratégica, especialmente en áreas sensibles como inteligencia y manejo de datos.

Más allá de su rol empresarial, Thiel es considerado uno de los principales referentes intelectuales de la nueva derecha global. Su pensamiento combina una fuerte crítica al estancamiento económico con una visión disruptiva del orden político y social. Para el magnate, el principal riesgo para Occidente no es el colapso, sino la falta de progreso.

Formado bajo la influencia del filósofo René Girard, Thiel desarrolló una mirada que pone el acento en la competencia, el conflicto y la necesidad de estructuras de poder capaces de operar por fuera de los límites de la democracia liberal tradicional. En esa línea, ha defendido la idea de una élite tecnológica con capacidad de decisión estratégica, incluso al margen de los mecanismos de control democrático.

Su trayectoria también está atravesada por su cercanía al expresidente estadounidense Donald Trump, a cuyo entorno aportó financiamiento y cuadros políticos, como el actual vicepresidente J. D. Vance.

El manifiesto de Palantir y el nuevo paradigma

La visita a la Argentina coincide con la reciente difusión de un documento ideológico de Palantir titulado “The Technological Republic”, impulsado por su CEO Alex Karp. El texto, que fue replicado por Caputo, plantea que las grandes empresas tecnológicas deben asumir un rol activo en la defensa de los intereses nacionales y que el poder del siglo XXI estará definido por el desarrollo de software y sistemas de inteligencia artificial.

Entre sus postulados más controvertidos, el documento sugiere que el desarrollo de tecnologías de guerra basadas en inteligencia artificial es inevitable, y que la disputa central pasa por quién las controla y con qué objetivos. En la práctica, esto implica un desplazamiento del rol tradicional de los Estados hacia corporaciones privadas en áreas históricamente vinculadas a la soberanía.

¿Hacia una nueva relación entre Estado y corporaciones?

Distintos analistas advierten que este proceso forma parte de una transformación más amplia del capitalismo contemporáneo, en la que grandes empresas tecnológicas tienden a fusionarse con las estructuras estatales. En ese esquema, la gestión de la seguridad, la defensa e incluso ciertos aspectos de la vida civil podrían quedar en manos de actores privados con enorme capacidad de influencia.

Las críticas apuntan a que este modelo no sólo redefine el equilibrio entre mercado y Estado, sino que también tensiona los fundamentos de la democracia. El uso de sistemas automatizados para vigilancia, identificación de personas o toma de decisiones estratégicas abre un escenario donde la participación ciudadana podría verse limitada frente a estructuras cada vez más opacas y concentradas.

En ese contexto, la reunión entre Milei y Thiel adquiere una dimensión que excede lo protocolar. Se inscribe en una trama global donde tecnología, poder político y negocios se entrelazan de manera cada vez más estrecha.

Mientras el Gobierno busca posicionarse como un aliado de las nuevas corrientes tecnológicas y atraer inversiones, el desembarco de figuras como Thiel plantea preguntas como qué tipo de desarrollo se promueve, bajo qué condiciones y con qué impacto sobre la soberanía, la privacidad y las instituciones democráticas.

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