Se llama Cristian Vidal, pero en la Escuela Secundaria “Rca. Oriental del Uruguay” es conocido como el Kika. Egresado de la primera promoción, uno de esos pibes que siempre quedaban al margen, lo que a muchos gusta llamar “marginal”, pero el Kika vio una oportunidad y ahí fue: hizo su escuela secundaria; participó del Senado Juvenil, integró el grupo que daba voz a la escuela en el programa radial de FM Lourdes, y como si fuera poco recibió el premio al mejor compañero.
Pero el Kika aún no había hecho “méritos” (aparentemente) en esta sociedad meritocrática, así que después de egresado sus oportunidades fueron pocas: trabajos precarios y mal pagos, cosechero, algún paso por una cooperativa (eso lo había aprendido en la escuela). El Kika seguía buscando oportunidades para comer, para vivir, para la diaria y, por qué no, para soñar. ¡Porque el Kika merece soñar! Nunca se alejó del lugar que le dio oportunidad, la escuela: trabajaba en la cooperadora cada vez que lo requerían.
Pasaron los años y el Kika seguía buscando una oportunidad, pero el desempleo era su única y reiterada realidad. Hace un par de años tuvo un incentivo, “Potenciar Trabajo”; eso le permitía un ingreso seguro y, con orgullo, el Kika cumplía sus horas de trabajo en la escuela que le dio la oportunidad, como ayudante de ordenanza. El Kika estaba en la cooperadora, estaba en la huerta escolar, enseñó a los estudiantes a hacer barriletes para regalar en el Día del Niño. El Kika estaba en la escuela muchas más horas que las que le imponía el programa laboral. Él potenciaba su trabajo, con entusiasmo, respeto y testimonio de vida.
Pero el Potenciar Trabajo se acabó; el Kika ya no tiene incentivo. Aun así, decidió seguir en la escuela y los docentes, que tampoco tienen ni incentivo ni oportunidades, se organizan para ayudarlo, porque el Kika hoy no tiene ni para comer, pero sigue en la escuela, tal vez… tal vez soñando, en el único lugar que le permitió soñar un futuro.
Dice Mariana Bodean, docente de la escuela: “Aunque no sea un vago, aunque no sea un ñoqui, aunque no sea un delincuente (…) los de abajo, el pueblo llano, sin contactos ni padrinos, siguen perdiendo las pocas oportunidades que quedan”.
El programa Potenciar Trabajo se lanzó en junio de 2020; se integraron los programas Salario Social Complementario (2016-2020) y Hacemos Futuro (2018-2020), conjuntamente a las demandas de las organizaciones sociales, y se incorporaron a los y las inscriptos en el Registro Nacional de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (ReNaTEP), en un contexto de crisis de empleabilidad, alta inflación, deuda externa exponencial, lo que había empeorado la calidad de vida de un gran porcentaje de la población.
Dice Mariana Bodean: “…aunque no sea un vago…”, y eso remite al concepto de vago, según el diccionario: adjetivo, holgazán, perezoso, haragán; o sustantivo, quien anda en la calle sin hacer nada.
La noción de “vago” se incorpora a la legislación y al vocabulario a mediados del siglo XIX (a ese tiempo al que quiere retornar el gobierno nacional), en el contexto en el que se establecía la preeminencia de la propiedad privada, la libertad de comercio, el alambrado en las estancias y, fundamentalmente, un nuevo concepto de “mercado de trabajo”. Es interesante desglosarlo un poco para comprender mejor.
El gaucho, quien pobló las tierras argentinas luego de la llegada del español entre 1600 y 1700, en algunos casos mestizándose con el nativo, se caracterizó por dominar el manejo del caballo y, fundamentalmente, tener una economía basada en el ganado vacuno. Las tierras se ocupaban demarcando con zanjas solo para evitar que el ganado pisara las huertas o plantaciones del rancho. No se conocen grandes disputas territoriales con los nativos, respetando cada uno el espacio necesario para su desarrollo de vida.
Con la llegada de la “organización nacional”, el auge de la propiedad privada viene aparejado de cambios en la economía; uno importante es la sustitución del ganado bovino por el ovino. Las primeras estancias se conformaron con tierras de aptitud ecológica; el primer parcelamiento se hizo asegurando que cada lote tuviera una fuente de agua para el ganado y monte para la leña y demás necesidades de habitabilidad. Sus dueños fueron mayoritariamente “inversores” británicos, españoles y norteamericanos, que se apropiaron de grandes extensiones de tierra, superando las estancias las 100.000 ha, aprovechando los beneficios de la legislación de la época.
En relación a la propiedad de la tierra, cabe señalar que no hubo ninguna legislación que otorgara el beneficio de la propiedad ni a los nativos ni a los gauchos, que ya habitaban las tierras, sino que la legislación solo era para extranjeros, porque eran tierras “desérticas”, supuestamente desocupadas. Tampoco se dio la oportunidad de incorporarlos a la nueva economía de explotación del ganado lanar, a los gauchos o a los nativos.
El alambrado fue dejando sin espacio para la vida al gaucho: no tenía acceso a las tierras para que pudiera pastar su ganado ni para construir su vivienda, y se le cortaban los accesos a las fuentes de agua naturales; eran corridos de los territorios y, aunque la legislación preveía que se debían dejar tranqueras para permitir el tránsito, esta parte nunca se cumplió y las tranqueras fueron cerrando todos los caminos al gauchaje.
Las grandes estancias empezaron a tener necesidad de mano de obra, pues el sistema económico de explotación lanar exigía mayor cantidad de trabajadores, y allí aparece el “vago”, es decir, el sujeto que, para el nuevo sistema económico, había que incorporar como mano de obra.
En la década de 1860 es, justamente, el Estado entrerriano, bajo la gobernación de J. J. de Urquiza, el que propone la primera legislación en este sentido. El proyecto de la Ley de Vagos propone perseguir y criminalizar la vagancia para constituir una fuerza de trabajo a bajo costo. ¿En qué contexto? Extranjeros en posesión de grandes extensiones de tierras, inicio del modelo agrario y cambio hacia la explotación del ganado lanar; esto genera una rápida y necesaria expansión de un mercado de trabajo a bajo costo. Entre Ríos llevaba adelante la primera experiencia de las colonias agrícolas inmigratorias, y de allí el apuro del gobernador Urquiza por la Ley de Vagos.
Un ejemplo de cómo afectó esto a la antigua población entrerriana lo señala Schmit (2008), diciendo que entre 1820 y 1870 bajó del 35% al 15% la población que trabajaba su propia tierra, y aumentó del 21% al 56% la de peones y jornaleros rurales, mientras que el trabajo esclavo descendió de 25% a 0%. ¿Qué demuestra Schmit con estos datos? Que la mitad de la población que trabajaba su tierra la perdió y debió ir a trabajar de peón o jornalero; y que, al haberse suprimido la esclavitud, era imprescindible crear un marco legal que garantice mano de obra al nuevo mercado capitalista extranjero.
El proyecto de ley se envió a la Legislatura de forma tan apresurada que su redacción tuvo críticas, entre ellas la del diputado de Diamante, Martín Ruíz Moreno, que la consideraba inconstitucional; mientras que el diputado de Concordia, Vicente Montero, cuestionó que no se distinguía entre “vagos simples” y “vagos con causas agravantes”. En su argumentación decía que los primeros solo eran ociosos, no delincuentes, y que, de ser detenidos nuevamente, sería reiteración no agravante. También señaló que la ley no preveía cómo sería la intervención policial en la detención. En estas intervenciones se puede interpretar claramente que el Ejecutivo y la Legislatura acuerdan en pretender tipificar como delito el estar ocioso o carecer de trabajo dependiente.
La construcción de este nuevo sujeto social tuvo el apoyo de los diarios de la época, con continuas y reiteradas notas sobre la Ley de Vagos en diarios como El Progreso, de Gualeguaychú; El Nacional Argentino, de Paraná; y El Uruguay, de Concepción del Uruguay. En las ciudades más importantes de Entre Ríos de la época se leía una y otra vez que ser “vago” es un crimen social que atenta contra la seguridad y la propiedad, tal como lo escribió Juan Seguí en El Nacional Argentino cuando expresó “que solamente en Entre Ríos la propiedad de la tierra, el vigor del trabajo y las buenas costumbres se hallaban más garantizados” con la aprobación de esta ley.
El 5 de octubre de 1860 se sanciona la Ley de Vagos, legislación clave para garantizar la mano de obra rural. No hay registro documentado de que algún extranjero haya sido sometido a la Ley de Vagos, como tampoco de que se hayan otorgado tierras y herramientas, como se hizo en el período de formación de colonias en el gobierno urquizista, a ningún gaucho o nativo.
El sujeto social “vago” fue una construcción del “sentido común” que se fortalece un siglo y medio después con la misma finalidad: construir sujetos sociales sin oportunidades que garanticen mano de obra a bajo costo.
No se puede dejar de relacionar la medida de dar de baja al programa Potenciar Trabajo con el desfinanciamiento universitario o con el intento de cierre de Escuelas Secundarias para Adultos (ESAs) en zonas claves de nuestra ciudad, como barrios de la zona noroeste, Magnasco o La Criolla, cuya población joven es la mano de obra de la ruralidad.
Desconocer que una escuela secundaria y una universidad pública son oportunidades para los que están al “margen” y que tan fácilmente se tilda de vagos o marginales, y negar que la formación es el camino para la reivindicación de derechos, es ignorar que los sujetos son producto de lo que la sociedad les proporciona para su realización.
Olvidar dónde y cuándo se construyó el concepto de vago y con qué fin es girar en la rueda del hámster: miles de Kikas pronto serán “vagos” y seguramente muchos volcados a la delincuencia, al consumo de sustancias, atentando contra su propia existencia; y los que se aferren a la vida con honestidad y resistencia, a ser la mano de obra barata que el sistema actual busca y propone.
Vago no se nace: lo hizo el Poder Ejecutivo del siglo XIX, lo tipificó el Poder Legislativo, lo sancionó la Justicia y lo construyeron, como sujeto social, los medios de comunicación. Luego, solo se trata de repetir y repetir.
Verónica López
Lic. en Cs. de la Educación.


1 comentario
Eduardo
Excelente analisis, historico-politico