Mucho antes de que existieran los superhéroes omnipresentes de Marvel o las interminables sagas cinematográficas que dominan hoy la cartelera, el hombre más poderoso del universo ya blandía su espada frente al Castillo de Grayskull mientras miles de chicos repetían frente al televisor una frase que se volvió legendaria: “¡Yo tengo el poder!”.
Lo que muchos no recuerdan es que He-Man nació como una estrategia comercial. En 1982 la empresa Mattel lanzó una línea de muñecos musculosos inspirados en el auge de la fantasía heroica que por entonces dominaba el cine gracias a personajes como Conan el Bárbaro. El éxito de ventas fue tan grande que un año después apareció la serie animada que terminó transformando aquellos juguetes en un fenómeno cultural global.

El fracaso que nunca pudo olvidar
La relación entre He-Man y la pantalla grande, sin embargo, nunca fue sencilla.
En 1987 Hollywood intentó aprovechar el fenómeno con una película protagonizada por Dolph Lundgren (Iván Drago en Rocky IV). La producción quedó muy lejos de las expectativas. Los problemas presupuestarios obligaron a trasladar gran parte de la historia a la Tierra, reduciendo al mínimo el mundo fantástico que los fanáticos querían ver. El resultado fue una cinta que con los años adquirió cierto estatus de culto, pero que lejos estuvo de considerarse un éxito.

Desde entonces se anunciaron numerosos proyectos para recuperar la franquicia. Durante casi cuatro décadas hubo cambios de estudios, directores, actores y guiones. Algunos proyectos ni siquiera llegaron a comenzar el rodaje. Parecía que Eternia estaba condenada a permanecer en el recuerdo.
Las primeras críticas muestran opiniones divididas. Algunos destacan el despliegue visual, las secuencias de acción y una versión de Skeletor (Jared Leto) que parece robarse varias escenas. Otros cuestionan la duración excesiva de la película (141 minutos) y la sensación de que intenta agradar simultáneamente a los fanáticos históricos y a las nuevas generaciones sin decidirse ni terminar de conformar a ninguno de los dos públicos.

Sin embargo, para muchos espectadores la verdadera atracción no será evaluar si la película está a la altura de los estándares actuales de Hollywood, sino reencontrarse con un personaje que formó parte de una etapa inolvidable de la infancia.
Una etapa en la que no existían las redes sociales, las series no podían verse a demanda y los héroes llegaban en forma de muñecos de plástico articulados. Una época en la que la imaginación hacía gran parte del trabajo.


