Iris Camors es docente. Tiene un emprendimiento, “Creaciones Iris”, y consiste en realizar “costuras creativas”. Cose mochilas, necesers (un pequeño bolso, estuche o cartera donde se guardan artículos de higiene personal, cosméticos o elementos de uso cotidiano), estuches de todo tipo, ajuares para bebés. “Sin querer comencé en la pandemia cosiendo barbijos para mi familia y me desvié para lo que son los estuches y las cartucheras”, señaló.
La tela con la que confecciona sus productos la compra en Concordia. En una mercería del barrio de La Bianca. “También es un emprendimiento familiar. Ellas traen todos mis insumos”, dijo. Iris trabaja con batista, gabardinas, lienzo, lona, ‘silver’.
Los precios dependen del material que se utilice, del tiempo que insume cada confección. “Tenés cartucheras chiquitas de $4.000 y tenés una grande que vale $30.000 pero tiene elásticos, cierres, muchos bolsillos”, precisó.
Más adelante, la joven menciona que trabaja en la escuela primaria N° 69 “Malvinas Argentinas”, ubicada en La Bianca. Pero desde el 2021 comenzó a exponer sus productos en las ferias. “Siempre he vendido bien. Hay ferias donde he vendido muy bien y hubo otras donde no me fue como hubiera querido. Pero he recuperado el gasto que implica estar acá también”, relató.
“En esta última etapa estamos todos iguales; está todo quedado, quieto. Cuesta, pero siempre sale algún que otro pedido y ahí voy, peleándola”, admitió.
La mujer sostuvo que tiene a su cargo dos hijos menores de edad que están sanos: “gracias a Dios no necesitan ninguna medicación ni ningún tratamiento”, mencionó. Pero con el ingreso que le reportan sus confecciones, puede equiparar los gastos en el hogar. “Puedo amortiguar las necesidades que tiene la familia que van desde un calzado hasta la comida”, destacó.

Entre la jubilacion y la feria
Sirley es la artífice de su propia línea de dulces “Productos Doña Sirley”. Hace 27 años que ofrece frutas en almíbar, miel, licores, vinagres gourmet o mermeladas en las ferias. Los precios van desde los $4.000 a los $8.000, dependiendo del producto o la fruta que se utilice.
“Hay que hacer todos los días para tener siempre mercadería”, contó. La mujer dijo que lleva trabajo pero lo hace con facilidad dado la experiencia adquirida a lo largo de los años.
“Hoy por ser el primer día, está tranquilo”, dijo la mujer. Era sábado al mediodía y se veía poca gente caminando por las veredas de la plaza. “Esperemos que el domingo y el lunes se mueva más y que salga el sol”, sostuvo ese día.
“Cuando sale el sol ayuda: la gente sale más”, mencionó. No obstante, acotó que el frío no la asusta. “Ya estamos muy curtidas”, aseguró riéndose. “El fin de semana estuvo marcado por el frío, con temperaturas cercanas a 0°C entre la noche del domingo y la mañana del lunes. Y además, la sucesión de partidos del Mundial de Fútbol tampoco colabora. “La gente está muy encerrada por los partidos”, acotó.
Para Sirley, su emprendimiento es su “modo de vida”. “Con esto costee muchas cosas: una parte del estudio de mi hijo”, remarcó. La mujer es jubilada y recibe la mínima: $470.000 por mes. Obviamente, no le alcanza. Por eso, decide instalarse en las ferias.
Sirley admitió que antes se vendía mucho más que ahora: “las ventas bajaron mucho”. “La gente ahora prioriza las cosas que son más necesarias”.

Entre maderas y lonjas
“Está medio tranqui la cosa y el día no acompaña mucho. Cuando hace frío, la gente no sale mucho”, recalcó el sábado Roque Alfredo Gómez. Hace 25 años que concurre a la plaza 25 de Mayo para ofrecer ‘canastos leñeros’ hechos con lonjas de madera. La gente se detiene a mirar cómo preparan los recipientes. El artesano corta y desarma con sus propias manos varas de maderas flexibles como sauce. Luego se la cepilla con una cuchilla. Se la deja secar, ya que está verde aún, para que se achique. Luego se la moja en un tacho un día entero.
“No se puede armar un canasto con madera verde porque después se achica la madera y se afloja todo el canasto”, explicó.
Los canastos vienen en tres medidas y los precios varían: $40.000, $50.000 y $60.000. “Cuesta mucho tiempo hacer el material. Un canasto grande lleva seis horas preparar la madera y dos horas más para armarlo. Es un día de trabajo”, dijo.
“En estos 25 años que venimos, nadie vino nunca con esta técnica. Somos los únicos”, acotó. “Tengo dos técnicas. Tengo una que es con enredaderas que es con estructura de hierro entre medio”, indicó. El metal evita que las lonjas de madera se deformen. Gómez, además, es herrero y sostuvo que las hamacas que vende están probadas con pesos de hasta 180 kg.
El artesano admite que hace 25 años que vive de su producción. El mes que viene irá a la Feria del Poncho en Catamarca. Es el evento cultural y artesanal más importante del invierno argentino, ya que reúne a más de 700 artesanos, gastronomía regional y destacados artistas en escena. “Con este hace 10 años que vamos yendo”, contó.

De una manera u otra, la precariedad o la economía informal termina cubriendo los vacíos que deja la economía formal. Ya sea como un complemento o como la actividad principal, muchas familias terminan acudiendo a las ferias para encontrar el sustento cotidiano en un contexto en el que los ingresos casi nunca alcanzan.

