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¿Fútbol y política? ¡Fútbol y política!

A pocas horas de jugar la final del campeonato mundial de fútbol, la geopolítica y la política misma se metieron de lleno en el campeonato. La semifinal, jugada contra Inglaterra, despertó una fibra espiritual que el Gobierno no esperaba: el concepto de colonialismo. De pronto se pasó de hablar de las jugadas de Messi a la bandera de Malvinas, prohibida. El pueblo, que no está dormido, aunque se lo quiera así, se embanderó, una vez más, con la causa Malvinas. “Es solo fútbol, no mezclen la política”, se intentó decir, y los jugadores levantaron un trapo artesanal con la leyenda: “Las Malvinas son argentinas”. Se ganó y se sintió justo: por los chicos caídos en Malvinas, por los veteranos olvidados, por la justicia que casi siempre es injusta, porque en la cancha no nos rendimos y, además, se veía… tenían miedo. Ahora la final es con España y apareció la memoria colonial: recordamos que estas tierras fueron “conquistadas”. El inconsciente es misterioso, porque hasta al entrenador se le escapó la palabra “indio”, aunque quedó (racionalmente) entrampado entre la reivindicación y la discriminación… todos entendimos.

Por: Veronica Lopez

19 julio, 2026

9:14 am

El fútbol argentino nació siendo expresión política. Así lo cuenta el historiador Hernán Camarero: “Las primeras organizaciones creadas para regular los campeonatos de fútbol reflejaban la presencia de la comunidad británica (…), el peso de selectos clubes forjados por ciertas empresas o familias acaudaladas y la influencia del amateurismo aristocrático”.

La primera asociación de fútbol se llamó Argentine Association Football League, en 1893; hacia 1907 ya la integraban unos 300 clubes. Rápidamente se había expandido el interés por el fútbol por los barrios porteños. Entre 1912 y 1926 hubo encuentros y desencuentros, con divisiones y unificaciones, hasta que en 1926, a instancias del presidente Marcelo T. de Alvear, se constituye la Asociación Amateur Argentina de Football.

Camarero describe: “Los dirigentes de todas estas asociaciones provenían de la clase dominante; eran terratenientes, empresarios, políticos o periodistas como Florencio Martínez de Hoz, Ricardo Alfaro, Aldo Cantoni, Virgilio Tedín Uriburu, Natalio Botana, Adrián Beccar Varela, entre otros”.

En esos años se produce el paso del amateurismo al profesionalismo, pues los clubes ya rentaban (de forma oculta) a algunos jugadores; este sistema llevó a consolidar a los llamados “cinco grandes” —River, Boca, Independiente, Racing y San Lorenzo— que, hacia 1930, tenían más de 50.000 socios.

En 1931 se vio la necesidad de legitimar este estado de situación y se funda la Liga Argentina de Football, presidida por Beccar Varela. El profesionalismo abrió paso al mercado: los clubes eran dirigidos por la élite aristocrática, en muy buenas relaciones con el poder político y económico, bajo la idea de “democratizar” el fútbol, brindando posibilidades a los jugadores para que pudieran dedicarse de lleno al deporte. Comienza así el negocio del fútbol.

En 1934, finalmente, se funda la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). Los clubes crecen, el fútbol es cada vez más popular y la revista El Gráfico es el complemento perfecto.

Paralelo y en simultáneo a este proceso, el Partido Comunista (fundado en 1918) promovió la creación de clubes obreros, de barrio. Hacia 1926, solo en Buenos Aires, había más de cincuenta clubes y otros veinte en Córdoba, Santa Fe y Tucumán.

Como es de suponer, estos clubes carecían de recursos económicos. Las canchas siempre fueron precarias, en terrenos urbanos sin edificar (que por esos años se utilizaban como espacios verdes de uso comunitario), lo que es más conocido como “potrero”. La existencia de estos clubes fue efímera (entre cinco y siete años), aunque dejaron una profunda huella en el fútbol argentino.

Es interesante conocer los nombres de aquellos clubes que buscaban diferenciarse de los aristocráticos. Camarero realiza un listado de algunos de ellos: toman sus nombres de la liturgia anticapitalista, como “Rosa de Luxemburgo” y “Lenin”; otros, de la iconografía, como “Hoz y Martillo”, “1.º de Mayo” y “Sol y Mayo”; también tomaban valores universales: “Justicia”, “Salud y Fuerza”, “Unión y Trabajo”, “Unión y Libertad”, “Valor y Verdad”; muchos llevaban en su denominación la palabra Rojo: “Estrella Roja”, “Deportivo Rojo”, “Aurora Roja”, “Boquense Rojo”; otros referían a su origen: “Unión Obrera”, “Juventud Obrera de Adrogué”, “Hijos del Pueblo”, “Deportivo Metalúrgico”, “Obreros Gorreros”. Del listado recuperado por Camarero, destaco un nombre: “Compañerito”, dal barrio de La Paternal.

Estos clubes obreros, impulsados por el PC, se agruparon en la Federación Deportiva Obrera (FDO), dado que no solo promovían el fútbol, sino también el atletismo, el básquet y el ajedrez. Muchos de ellos, además, ofrecían una profusa biblioteca para asociados y familiares.

La FDO tenía como objetivo “Constituir un organismo que permita la práctica libre del deporte a la juventud obrera, que oprimida en los talleres es explotada por el capitalismo en todos los órdenes de la actividad humana, inclusive en el deportivo. Organismo encargado, por otra parte, de aportar a las masas juveniles del deporte burgués…”. La FDO tuvo delegaciones en Córdoba, Santa Fe y Tucumán.

Muchos de los integrantes dirigenciales de los clubes de la FDO no se reconocían comunistas, pero sí declaraban ser “propulsores del verdadero deporte: el deporte colectivo, de las masas”, levantando la consigna: “¡Contra los clubes empresas! ¡Por un deporte popular y obrero!”.

Especial énfasis pusieron en 1925, cuando Boca Juniors, el primer equipo argentino en realizar una gira por Europa, disputa unos veinte partidos (donde nace el mítico emblema del “jugador N.º 12”); expresaron: “Bajo la careta del amateurismo viven profesionales y se cultiva el más asqueroso de los chauvinismos”.

La experiencia de los clubes deportivos comunistas no prosperó por diversas razones: por propias divisiones internas y la falta de recursos económicos, lo que hizo entrar en crisis a la FDO en 1927, pero, fundamentalmente, fue a partir del golpe de Estado de 1930 cuando el Gobierno militar prohibió cualquier práctica deportiva de estos clubes.

Los escasos años de su existencia habían promovido la vinculación con otros clubes (de la otra federación), por lo que muchos de sus dirigentes y jugadores, imposibilitados de continuar en sus clubes, se integraron a aquellos, llevando la semilla y el espíritu del “potrero”.

La historia misma de los orígenes del fútbol en Argentina, el mandato fundacional, nos habla de la mixtura entre intereses aristocráticos y posicionamientos políticos. Todos, en función de ellos, desplegaron banderas; es de muy ignorante querer impedir que las banderas se expongan.

Doscientos años después continúan las mismas dicotomías: fútbol negocio para pocos, fútbol popular y colectivo.

La historia se está escribiendo. ¡Vamos, Argentina!

Verónica López
Lic. en Cs. de la Educación.

Fuente: Camarero, Hernán. Los clubes comunistas. Una desconocida expresión de la cultura obrera. Revista Todo es Historia, N.º 448.

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